La protesta más grande tuvo lugar en la mayor ciudad del país, San Pablo, que convocó a un millón de personas, según la Policía, vestidas en su mayoría con la camiseta amarilla y verde de la selección brasileña.
Las manifestaciones congregaron a otro medio millón de personas en unas 83 ciudades, en protestas que igualaron el tamaño de las celebradas en junio de 2013, cuando los brasileños salieron espontáneamente a las calles para pedir el fin de la corrupción y más gastos en transporte, salud y educación, en vez de en la Copa del Mundo.
Gran parte de los manifestantes reclamaron ayer el "impeachment" (juicio político) de la Presidenta, que comenzó su segundo mandato hace menos de tres meses tras ser reelecta en octubre por un margen de apenas puntos porcentuales. Y algunos pidieron incluso una intervención militar que ponga fin a más de doce años de Gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (ver nota aparte).
Era prácticamente imposible caminar entre la multitud que llenaba los 4 km de la Avenida Paulista de San Pablo, la capital económica del país, con 20 millones de habitantes en su área metropolitana.
"Hoy somos miles y miles de personas que pedimos el 'impeachment' de Dilma Rousseff. El Gobierno está en una situación lamentable", dijo Rubens Nunes, de 26 años, asesor jurídico del Movimiento Brasil Libre, uno de los grupos que organizó la protesta en las redes sociales, desde lo alto de uno de los grandes camiones con equipos de sonido que lideraron la imponente manifestación, una de las mayores que se recuerden en la ciudad.
Las protestas fueron mucho mayores que las convocadas el viernes en apoyo de Rousseff y Petrobras por sindicatos y movimientos sociales afines al PT, que reunieron a 175.000 personas según organizadores y 33.000 según la Policía.
Ayer, entre 45.000 y 50.000 personas marcharon hacia el Congreso en Brasilia, según cálculos de la Policía. Entre ellos se encontraba el empresario de la construcción Alessandro Braga, de 37 años, acompañado de su esposa y de su hijo en un carrito. "Apoyo la salida de Dilma. Los mayores escándalos de corrupción ocurrieron durante su Gobierno y no dijo nada", sostuvo.
La avenida que recorre la famosa playa de Copacabana en Río de Janeiro fue colmada durante varias cuadras en día soleado por unas 15.000 personas -según la policía- que coreaban "¡Fuera Dilma, fuera PT!" y juntaban firmas para pedir la remoción de la mandataria.
Rita Souza, una productora televisiva de 50 años, llevaba una pancarta que decía "Intervención militar ya". "No estoy pidiendo un golpe, sino una intervención constitucional para llamar a nuevas elecciones limpias, sin urna electrónica, sin la manipulación del PT. ¡Que se vayan todos para Cuba!", dijo.
La prensa brasileña reportó algunos incidentes protagonizados por manifestantes, que agredieron a personas que se identificaron como simpatizantes del Gobierno. En tanto, el PT denunció que su sede en la ciudad paulista de Jundiaí fue atacada por desconocidos con bombas molotov.
Una veintena de skinheads fueron detenidos, en tanto, en San Pablo por llevar en sus mochilas ese tipo de dispositivos incendiarios y objetos contundentes.
La disconformidad con el ajuste impuesto por el Gobierno para frenar una inflación que se ha empinado hasta el 7,7% y, sobre todo, el inmenso esquema de corrupción develado en la estatal Petrobras, el mayor en la historia de Brasil, fueron los principales motores de la protesta. Decenas de políticos -incluidos 22 diputados, 13 senadores y dos gobernadores en funciones- son investigados por su supuesto involucramiento en la trama. La mayoría pertenece al PT o a partidos que integran la coalición de Gobierno.
"El Gobierno debe bajar del pedestal, llamar a la sociedad civil, a sus aliados, convocar al país para intentar una suerte de pacto porque podría estar en juego su propia sobrevivencia", dijo el analista político de Brasilia, André César, quien destacó la fuerza de las protestas.
| Agencias AFP, EFE, Reuters, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero |


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