“Un policial sin algo político es inviable”

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 El argentino Héctor Salgado, que arribó a Barcelona a los 19 años, se metió en la policía y llegó a Inspector y ahora, a los 44 años, se dedica con resolver crímenes y otros delitos en Cataluña de una manera inesperada, inspirada y rigurosa. Con ese personaje taciturno y profundamente humano, el escritor catalán Toni Hill -de quien acaba de aparecer en la Argentina "Los buenos suicidas", segunda etapa de la trilogía del Inspector Salgado, publicada por Grijalbo- ha revitalizado la novela negra mediterránea, la de Manuel Vázquez Montalbán, Petros Márkaris y Andrea Camillieri. Tono Hill es licenciado en psicología, y se especializó en selección de personal y marketing. Hace más de 10 años que se dedica a la traducción literaria y a informes editoriales. Las novelas del Inspector Salgado han sido publicadas con éxito de venta y de crítica en más de veinte países. Dialogamos con él telefónicamente.

Periodista: ¿Se puso a propósito un seudónimo que suena a anglosajón para tener éxito con sus novelas policiales?

Toni Hill: Toni Hill es mi nombre [Se ríe]. Sé que suena raro, pero qué le voy a hacer. Parece creado a propósito. En España también pasaba, y era un lío. Yo antes de escribir me dedicaba a la traducción literaria de libros del inglés al español y siempre firmé con mi nombre. Cuando llegó el momento de publicar mi primera novela, "El verano de los juguetes muertos", no vi un motivo para cambiarme el nombre, ni siquiera se me ocurrió que a la gente le podía sonar a seudónimo porque es mi nombre.

P.: En la argentina hay una tradición de escritores que son, a la vez, traductores de Borges a Aira. ¿Cómo hacen para escapar a la influencia de las novelas que traducen?

T.H.: Para mí traducir y escribir son dos cosas diferentes, de hecho llevo muchos más años como traductor que como narrador. Y si bien he traducido muchas cosas, pocos fueron policiales. Creo que eso en parte me ayuda. Yo hacía traducción literaria de textos bastante complicados, de novelistas estadounidenses jóvenes que desestructuran la lengua. Creo que he traducido un par de thrillers en 15 años. Cuando se traduce se pone lo que uno sabe al servicio de un texto que ya está escrito. Cuando uno va a hacer una novela, antes de escribirla ya está en tu mente, y entonces la comienzas a desplegar con tus propias palabras. Las novelas que traduces te pueden influir, pero tanto como la lecturas que hayas hecho. Lo real es que la práctica que me dio traducir me ha permitido escribir y publicar una novela por año.

P.: ¿Por qué ha crecido tanto, en los últimos tiempos, la narrativa policial, en sus diversos subgéneros?

T.H.: Creo que a todo el mundo le puede apetecer que le planteen un misterio y se lo resuelvan. Reequilibra, da una cierta paz al mundo. Hay un enigma y el enigma se resuelve, y eso de algún modo tranquiliza. En España, el boom vino después de la aparición de las novelas del sueco Stieg Larson, y a partir de ahí creció un montón. Pero creo que últimamente ha iniciado un proceso de estancamiento. Lectores hay los que hay, y no todo el mundo sirve para hacer un policial. Creo que lo que sucede es que se trata de una narrativa más entretenida que la de otros géneros. Puede ser tan profunda como otras, pero todo queda como mejor vehiculado con un misterio que mantiene el interés del lector. Pero ahora lo que se lleva en España es la literatura erótica, y los policiales están ahí y nadie les hace, espero que momentáneamente, mucho caso. Momentáneamente, porque es un género que viene desde el siglo XIX, desde Poe, y lleva suficientes años. Es un género para siempre, que tendrá en algún momento un poco más de auge, en otro va a decaer, luego va a volver a subir, es lo que suele pasar con los géneros que se ponen de moda. La novela negra ha dejado de ser una moda, es un género narrativo de atracción permanente.

P.: Uno de los rasgos de Vázquez Montalbán que hizo escuela internacionalmente fue mezclar a la intriga policial los temas políticos y los comentarios gourmet.

T.H.: Siempre hay algo político en un policial, si no es inviable. Lo que pasa es que puede ser más explícito, el eje de la trama, o un fondo. Es mis novelas hasta ahora había sido un fondo, en la más reciente lo político es central, acaso porque el país en este momento lo reclama. Hace unos años lo político era apenas un comentario de sobremesa, o de ciertos grupos. Ahora tenemos los indignados, el aborto, la corrupción, el terrorismo, está Podemos. Pero no se puede escribir a algo tan pegado al momento. Se necesita de cierta reflexión porque si no se termina cayendo en un tópico tan coyuntural que a los seis meses a nadie le interesa. Quien lee un policial quiere ver lo que lo rodea, pero no como si se tratara de un periódico. Busca la evasión a través un caso bien planteado. Por otra parte está el gusto personal. A mí un asesino serial de mujeres pelirrojas a las que les tatúa una mariposa en la espalda, no me interesa. Y puede ser un best seller que atraiga a mucha gente.

P.: Sus novelas han logrado lectores sin caer en eso.

T.H.: Mis novelas tratan de cómo el crimen afecta a la gente normal. Y cómo gente que jamás se hubiera planteado verse envuelta en un crimen, de pronto se encuentra como víctima, como sospechoso, como culpable o como testigo. Me interesa eso más que las redes de narcotráfico o los asesinos que buscan matar a cuanta más gente mejor, o las investigaciones de especialistas en temas de laboratorio que en Estados Unidos existen y en España no, todo eso sonaría a falso.

P.: ¿Cómo surge el inspector Héctor Salgado, protagonista de sus novelas?

T.H.: Quería escribir un policial ambientado en Barcelona ahora. Lo más fácil era tomar un mozo de cuadra, alguien de la policía autonómica catalana. Pero eso ya le daba todo un tono a la novela. Entonces se me ocurrió poner a un tipo que viajó de Buenos Aires a España con 19 años, y ahora tiene 44, que ha tenido tiempo para adaptarse y para todo, pero que sigue viendo la ciudad y la sociedad españolas un poco desde afuera. Y que estudió, entró a la policía, se enamoró, se casó, lo abandonó su mujer por una mujer. Y eso me vino bien, porque yo lo necesitaba solo. Y no quería la típica historia de que él trabaja demasiado. Vamos, si los policías no trabajan demasiado. Cumplen un horario y se van a su casa. Y no puede ser alcohólico porque lo echan del trabajo.

P.: ¿La relación con su ex esposa marca al inspector policial?

T.H.: Se enamoró muy joven de Ruth, una chica de muy buena familia, tuvieron un hijo, pasaron muchos años juntos, y cuando ella se enamora de una mujer y se va con ella, cómo encaja él en esto daba una idea muy concreta del personaje. Lo encaja en un cierta rabia, pero si a la vez mantenía con su ex esposa una muy buena relación, eso le daba una calidad al personaje que a mí me gustaba. Él también ha tenido sus historias con otras mujeres, no es un santo varón. Pero la partida de su mujer lo descalabra. Es un hombre tranquilo con una rabia contenida, que le viene de lejos, y que a veces estalla con violencia. Por ejemplo en "El verano de los juguetes muertos", Salgado le pega una paliza a un traficante de mujeres y lo deja medio muerto. Ahí tiene que investigar la extraña muerte, considerada accidental, de un muchacho de la alta burguesía catalana. Entra en un mundo de privilegios donde hay abusos de poder y hasta abusos infantiles. Si esa novela trata de una familia, en la siguiente, "Los buenos suicidas", tiene que investigar una empresa de cosméticos donde los empleados, por alguna extraña razón, comienzan a suicidarse, o caer en supuestos suicidios. El universo de la familia y el mundo de una empresa hace que Salgado entre en un mundo de gente perfectamente normal donde lo anormal es lo que permiten y lo que les sucede.

P.: ¿Ahora qué está escribiendo?

T.H.: Con "Los amantes de Hiroshima" he dado fin a la trilogía del Inspector Salgado, porque las trilogías se llevan en la novela policial. Hay un caso policial que comienza en la primera novela, aparece en la segunda, y se cierra en "Los amantes de Hiroshima", donde se mezclan el movimiento de los Indignados, el escándalos de los niños robados, un crimen y una búsqueda compulsiva, y a la vez trato de la pareja del Inspector Salgado y del círculo de amigos. Así he tratado la familia, el trabajo y el ocio del investigador argentino. Ahora, lo dejaré descansar y empezaré otra historia, otro tipo de novela negra. Eso no quiere decir que no haya algo más del Inspector Salgado, pero quienes lean la última de la serie entenderán por qué lo dejo descansar.

Entrevista de Máximo Soto

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