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Un rebote, pero sin garantías
La pregunta del millón -¿estamos ante una mera corrección de la Bolsa o el comienzo de un mercado "bear" (bajista)?- no cotizó esta semana por falta de interesados. El avance de un frente tan compacto (¿de aire caliente?) obligó a cubrirse. Sea un rebote efímero o no, tiene sentido apartarse de su paso. Cuando no hay convicciones firmes, son los precios los que las mueven como a una veleta. Si el mercado repunta, y lo hace con tamaña fuerza, puede pensarse que no será nada grave, la corrección de manual que se adeudaba hace tiempo. Pero los mercados bajistas son engañosos, y despachan sus propios bear rallies para arruinar a los incautos cuando se truncan y dejan al descubierto la tendencia de fondo. Debe quedar claro que el repunte es auspicioso, y para los mercados más castigados llega en el momento óptimo para prevenir accidentes. Sin embargo, la suba carece de garantías. Un mal informe de empleo, desde ya, no es un gran salvoconducto. Las condiciones laborales deberán reflotarse si se pretende trasvasar fronteras. Las minutas de la Fed -de la reunión del 16/17 de septiembre, conocidas el jueves- acentuaron el optimismo. Aunque también por las malas razones: el enfriamiento global y las visicitudes financieras recientes preocupan a los miembros del comité que fija las tasas en mayor medida que lo que se sabía antes de leerlas. Si no se despejan los nubarrones no apretarán el gatillo. Sin embargo, el negocio de la Bolsa no es el de medrar con tasas cero sino con una actividad económica robusta. Y, a su vez, este rebote pujante, si continúa, representará una mejoría sensible de las condiciones financieras como para que la Fed repiense su decisión en diciembre.
Si el banco central aprieta pero no ahorca, y si no hay señales de recesión en la costa (mirando con el largavista de los indicadores líderes), es difícil refutar la tesis de una corrección en curso. El rebote encaja con esa convicción, pero no es determinante para sostenerla. Y su precariedad es evidente, no sólo por la tibieza que se desprende de la lectura reciente de los fundamentos. Los precios de las materias primas vuelan en los futuros de Chicago, pero no en los mercados spot (contado). El gran impulsor del alza, pues, es la necesidad de cubrir posiciones financieras vendidas. Así, el rebote tiene "techo" no muy lejano. Y el S&P 500 dista sólo el 5,6% de los máximos absolutos. Con inversores ciclotímicos al comando cuesta creer que vayan por la cima sin antes munirse de mejores credenciales (y ninguna mejor que la suba de tasas de la Fed que certifique que la bonanza económica es genuina y sólida). ¿Qué nos espera en el corto plazo? Un mercado lateral, presumiblemente. Un rango de precios que tiene techo nítido pero no un piso definido, que, en el arranque de la temporada de balances, todavía es vulnerable a la data que fluya y a sus sorpresas adversas.

