19 de noviembre 2009 - 00:00

Un romance enfriado por los recursos narrativos

«500 días con ella» evita tanto los clichés que termina convirtiéndose en un relato sofisticado que distrae de su historia.

«500 días con ella» evita tanto los clichés que termina convirtiéndose en un relato sofisticado que distrae de su historia.

«500 días con ella» («500 days with Summer»). Dir.: M. Webb. Int.: J. Gordon-Levitt, Z. Deschanel, C. Moretz, M. Gray Gubler. EE.UU., habl. en inglés.  

«500 días ella» no representa, para el cine independiente norteamericano, lo mismo que «Juno» (nominada a un Oscar) o «Entre copas» (que lo ganó). El nuevo film recuerda a «Simplemente no te quiere» o «Sex and the city» pero desde un punto de vista masculino, con una historia muy simple que su slogan publicitario anticipa: «chico conoce a chica, él se enamora, ella no». Lo mejor de «500 días con ella» es la frescura de la pareja protagónica, Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel, y también la de sus amigos. Todos son casi desconocidos y no han perdido expresividad, a diferencia de otra gran camada de jóvenes «famosos» de Hollywood, operados y botoxeados, cuya gestualidad corre riesgo de desaparecer.

Gordon Levitt y Deschanel construyen una pareja creíble, que primero se gusta y más adelante avanza en una relación que él busca definir, pues se ha enamorado, pero que ella no rotula porque dice no creer en el amor. Pero el film abruma con el abuso de recursos narrativos en boga, que dejan al espectador más pendiente de tales artificios que de la historia en sí misma. Si bien funcionan aquellos mecanismos en los que se describen fantasías (cuando él se siente exultante por el amor de ella y arma un baile callejero con transeúntes y elementos de animación incluidos), la extremada reiteración le juega en contra.

Conforme avanza la trama, el espectador no se distancia sólo por esos artilugios sino a consecuencia de un montaje que va y viene en el tiempo: cada escena está precedida por carteles que indican el día en el que se encuentra la historia (va de 1 a 500). Pero aquí los saltos temporales no añaden datos importantes o intriga, sino que indican, sin más, si se está en la primera etapa de idilio o en la última etapa de dolor. Resultado: se intuye que no hay demasiado por descubrir y más tarde se corrobora que no hay climax.

Los diálogos, algunos más ocurrentes que otros, se pierden en devaneos sobre TV, música o arquitectura, algo que muchos pueden ponderar como un punto a favor, pero que para resultar interesante es preciso tener empatía con esos asuntos.

Así y todo, «500 días con ella» es una comedia romántica que no cae en clichés y aporta algunas sorpresas divertidas. A destacar, la música, con dulces versiones y temas de «Spektor», Simon and Garfunkel, Carla Bruni y «The Smiths», banda que adora la pareja protagónica, lo que él atribuye a una señal divina que indica que su destino está junto a ella, mientras a ella sólo le hace gracia. Como cuando lo deja y le grita «Pero igual podemos ser amigos». He ahí el espíritu del film, que oscila entre las expectativas o fantasías de este joven enamorado (¿de ella o del amor?) y la cruda realidad a la que lo enfrenta alguien que sólo quiere divertirse.

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