Pelos de punta. “Nunca digas su nombre” se inspira en títulos clásicos como “Candyman”.
Desde su el electrizante prólogo en 1969, con un tipo vestido del modo más conservador que toma una escopeta y liquidar a un montón de gente, y hasta la última escena, esta película de terror de bajo presupuesto no se detiene nunca. El asesino del comienzo no deja de repetir en voz alta, pero como para sí mismo, una extraña frase que es la clave de esta tenebrosa trama sobrenatural: "No lo pienses, no lo digas", que vuelve a aparecer décadas más tarde cuando el mismo fenómeno siniestro invade la vida de tres estudiantes que se mudan a una de las casas de los antiguos crímenes.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Basado en un relato de Damon Jason Schenck, la historia empieza como si fuera de casa embrujada, pero pronto queda claro que el argumento va más allá, intercalando los sucesos de época que curiosamente siempre transcurren a plena luz del día- con los del tiempo presente, que remiten a los del clásico "Candyman" escrito por Clive Barker, donde tampoco se podía repetir el nombre del personaje del título, un ser oscuro que aparecerá al ser conjurado para diseminar el mal entre quienes lo mencionan. "Nunca digas su nombre" es un plato fuerte con escenas que asustan no sólo por imágenes gráficas, sino por detalles sutiles como el ruido de una moneda caída desde la nada o las luces de algún tren imaginario. Tal vez el elenco juvenil es el punto más débil de este buen film, pero como para equilibrar hay una gran escena con Faye Dunaway que pone los pelos de punta.
"Nunca digas su nombre" ("The Bye Bye Man", EE.UU., 2017). Dir.: S. Title. Int.: D. Smith, L. Laviscount, C. Bonas, F. Dunaway.
Dejá tu comentario