Un staff técnico, modelo Scioli para evitar tensión

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-Me parece bien que siga. Trabaja y pone la cara.

-Además, vamos a rediseñar la Policía, habrá un esquema por regiones...

-Está bien, está bien. Eso conversarlo con Nilda.

Del listado de ministros que Daniel Scioli le iba a comunicar -y le comunicó- a Cristina de Kirchner, el nombre de Ricardo Casal era el que más alertas generaba. Sin embargo, el gobernador abandonó Olivos cargando, casi eufórico, aquel guiño presidencial.

No fue la única derivación. Aunque no existió ningún veto, Cristina de Kirchner le planteó a Scioli que le anticipe a su cuñada, la ministra Alicia Kirchner, la intención de designar a Eduardo Aparicio en Desarrollo Social, en lugar de Baldomero «Cacho» Álvarez, que pasa al Senado provincial.

Aquella tercerización adquirió, en estas horas, relevancia cuando trascendió un supuesto veto de la ministra nacional al funcionario que, en La Plata, redujeron a un pedido de la hermana Alicia sobre los pergaminos y la experiencia de Aparicio.

Así y todo, el revoleo bastó para que el casillero ingrese otra vez en zona de promesas, a pesar de que Aparicio comenzó hace semanas a preparar la transición con el equipo que secundó a Álvarez. Con o sin veto, ese trámite está ralentizado.

Hay un dato que va más allá de la política o las simpatías: el Presupuesto nacional en programas sociales para la provincia es de 5.000 millones años. Es inimaginable, por eso, pensar que Scioli pueda ubicar en esa cartera a un funcionario que no esté bien visto por Alicia K.

Profundidad

La matriz general va más lejos: además de evitar designaciones que no convencen al ultrakirchnerismo, Scioli dispuso un criterio de mayor profundidad al barrer de su gabinete a figuras políticas con presencia territorial y referencia política propia.

Por eso, salvo la Jefatura de Gabinete que retiene Alberto Pérez, el resto del staff entra dentro de la categoría de técnicos. Es la manera, cree Scioli, de reducir el riesgo de que ministros de su equipo construyan de forma autónoma y generar recelos en Olivos.

El parámetro es «Cacho» Álvarez que llegó para darle volumen político al Gobierno y en su proceso de construcción fue acusado por el kirchnerismo de «armar» contra la Casa Rosada. Por ser ministro de Scioli, los costos recaen también sobre el gobernador.

Ahora sin caciques en el staff, Scioli prácticamente elimina ese riesgo.

La posibilidad cierta, ayer prácticamente confirmada, de que Ariel Franetovich -que se vio con Pérez- decida no continuar como ministro de Asuntos Agrarios para jurar como diputado refuerza aquella premisa: Franetovich es lugarteniente de Florencio Randazzo.

Incluso Cristian Breitenstein, que abandona la intendencia de Bahía Blanca para asumir como ministro de la Producción, y podía constituirse en una referencia provincial, sale golpeado de ese enroque en su ciudad. De hecho, amenazan con no otorgarle licencia como intendente, por lo que en dos años debería volver a postularse como jefe comunal.

El resto del elenco sciolista presenta una visible orfandad de jerarcas políticos. Casal, Oscar Cuartango (Trabajo), Alejandro Arlía (Infraestructura), Silvina Batackis (Economía), Silvina Gvirz (Educación), Alejandro Collia (Salud) y Cristina Álvarez Rodríguez (Gobierno).

La señal es precisa: Scioli, con Pérez como único ordenador, centraliza el manejo de la estructuración política. Hay un elemento lateral: salvo Collia, que tributa a Hugo Curto, y la cercanía de Álvarez Rodríguez al boudouismo, el resto de los funcionarios de primera línea pueden considerarse sciolistas pero, además, técnicos. Es más: la creación del Ministerio de Comunicación, adonde aterrizará el sciolista Juan Courel, potencia la tendencia de hiperconcentrar el «relato» oficial de la provincia.

Un modelo para enviar mensajes de tranquilidad a la Casa Rosada.

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