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Una “fiera” teatral tan poética como irreverente
Iride Mockert, para llevar adelante sus venganzas, debe transformarse en una especie de yaguareté.
Una mujer de pueblo, analfabeta y salvaje, sale por las noches a matar hombres que han cometido femicidio o alguna clase de crimen sexual y aún siguen libres y sin condena. Pero, antes de iniciar su aventura justiciera debió transformarse en yaguareté, y así poder destrozar a sus infames víctimas con la impiedad de ese gran felino al que la cultura guaraní le otorgó poderes mitológicos.
La mujer-tigre (así es como se autodenomina) vivió en carne propia diversas situaciones de abuso: primero, cuando su padre asesinó a su madre y, más tarde, cuando su hermanita menor fue raptada por un proxeneta.
Sus métodos son discutibles, pero resulta imposible juzgarla en un contexto en el que la justicia brilla por su ausencia. La gravedad de estos temas, asociados a la violencia de género, no impide que su protagonista haga reír al público con su candidez y amoralidad, su brutal desenfado y sus simpáticos dichos que recrean el habla de distintas provincias del norte y del litoral.
Ella misma describe sus andanzas con trazos de historieta, mientras arranca vísceras por doquier o es cubierta por oleadas de sangre, cual película de Tarantino. Dichas escenas han sido resueltas con recursos coreográficos muy precisos y deben su intensidad a la entrega, vocal y física, de su magnífica intérprete: Iride Mockert (a la que algunos ya habrán visto haciendo de mucama en la tira "Viudas e hijos").
La actriz, cantante y bailarina explora al máximo la complejidad de su personaje: ruge, pelea, canta, ríe y libera su animalidad mientras deja entrever un corazón destrozado. Sin detenerse, evoca anécdotas e imágenes sensoriales que transportan al espectador a un mundo de ensueño que dispara la imaginación; tal como ocurría con las grandes piezas del radioteatro (una de ellas inspiró a Leonardo Favio su "Nazareno Cruz y el lobo").
Entre las peripecias que se narran, hay dos que se destacan especialmente: el encuentro con una viejita chamana y un ulterior operativo de rescate en un prostíbulo, donde la protagonista termina cantando muy ligera de ropas.
El autor y director Mariano Tenconi Blanco creó un espectáculo poético e irreverente, en el que confluyen las referencias cinéfilas, los mitos indígenas y diversos temas musicales, compuestos y ejecutados en vivo por Ian Shifres y Sonia Álvarez, y con Mockert como vocalista. "La fiera" pone sobre el tapete una realidad que cala hondo, aun cuando los hechos narrados rocen lo fantástico.


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