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Una lección de falta de contundencia
Maximiliano Moralez lucha con Jonathan Bottinelli. El mediocampista de Vélez fue de lo mejor de la cancha, donde sobraron ganas, pero faltó inteligencia.
San Lorenzo salió de entrada a encerrar a Vélez en su campo; los desbordes de Pablo Pintos por derecha y el Kili González por izquierda fueron problemas sin solución para la defensa de Liniers, pero a la hora de concretar el dominio, ni Bordagaray, ni el uruguayo Alfaro estuvieron afilados, por lo que fue desperdiciando situaciones de gol.
Vélez, en ese primer tiempo, jugó de contraataque y tuvo en Maximiliano Moralez a su eje ofensivo, haciendo lucir en dos oportunidades a Migliore.
En el segundo, los dos buscaron variantes ofensivas para romper el cero y terminaron jugando con tres delanteros y enganche, pero en una rara ecuación matemática fue «a mayor cantidad de delanteros, menor cantidad de jugadas de gol», por lo que el partido se fue diluyendo en los bordes de cada área y el empate sin goles terminó siendo el resultado lógico, de dos que quisieron ganar, pero que no supieron ni pudieron hacerlo.

