14 de febrero de 2013. Son las 3 de la mañana del "día de los enamorados". Una serie de disparos sacude una casa de Silver Woods Este, un elegante country en un barrio residencial del este de Pretoria, la capital administrativa de Sudáfrica. Oscar Pistorius, bautizado "Blade Runner", un cyborg, un hombre del futuro con una parte humana y otra tecnológica, se ha convertido en un asesino. Tiene 27 años, es un atleta mundialmente famoso, el primer amputado en competir contra corredores sin discapacidad alguna en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, un ícono mundial de resistencia y determinación.
El mayor héroe sudafricano después de Mandela, pasaba a ocupar las tapas de diarios y revistas de un modo inesperado, como homicida. Su víctima: la bellisima modelo Reeva Steenkamp, su novia, su pareja, agonizaba cubierta de sangre, encerrada en un pequeño baño cuya puerta había sido perforada por la balas. El hecho es un reguero de pólvora en los medios de comunicación del mundo. Era algo más espectacular que el asesinato de su ex esposa por el que había sido juzgado en 1994 la superestrella del fútbol americano O. J. Simpson.
Pistorius sostiene que escuchó ruidos, que entró en pánico, que pensó que había un ladrón, que tomó un revolver, que dejando de lado sus prótesis y caminó sobre los muñones en busca del delincuente. Creyó que se había escondido en el baño. Le disparó. Fue un accidente, llorará en el juicio. El fiscal afirmará que Reeva quería alejarse de él, que habían discutido, que ella estaba en el baño con su celular clamando ayuda. Así comienza este extraordinario documento de John Carlin, periodista británico, que inició su carrera profesional en el diario "The Buenos Aires Herald", que alcanzó fama internacionalcon su libro "El factor humano", llevado al cine por Clint Eastwood como "Invictus" con Matt Damon y Morgan Freeman en los papeles protagónicos.
De forma cinematográfica, que enriquece su ejercicio de "nuevo periodismo", Carlin va de la presentación del crimen a un constante ir y venir de los datos biográficos al juicio que condenó a Pistorius de forma discutida, controversial, por homicidio culpable, a 5 años de prisión más otros 3 en suspenso por posesión de armas de fuego. Carlin muestra a Oscar Pistorius como un oximorón vital, doctor Jekill y señor Hyde.
Es el ser físicamente impedido que cómo corredor establece el record mundial de los 200 metros en los Juego Paralímpico de Atenas. Es el hombre atractivo, metro sexual, de 1,82 de altura cuando aparece en un evento social, y el que en la intimidad, sin sus prótesis de fibra de carbono, con sus menos de 1,50 vuelve a saber que los 11 meses de haber nacido le amputaron ambas piernas por una mala formación. Recuerda acaso como se sobrepuso al alejamiento de su padre. Algo que no logró su madre que se volvió alcohólica, que andaba siempre con una revolver entre sus ropas o bajo la almohada (adicción que heredó su hijo) y que le repetía que "los auténticos perdedores son los que temen competir". En Pistorius hay empecinamiento y temor, disciplina y exabruptos, paranoia y sensatez, egoísmo y generosidad, barbarie y civilidad. Es el libertino que durante un tiempo se dedicó a coleccionar mujeres, el amante consante de los autos a alta velocidad y de las armas. Hay muchas personas en Pistorius, sostiene Carlin
Esta investigación periodística es, a la vez, una novela policial, una novela judicial (con un guiño a John Grisham), y una intención alegórica: para Carlin el caso Pistorius es una metáfora de Sudáfrica tras el apartheid, tras la muerte de Mandela, la arrogancia y el progreso junto a la marginalidad y la violencia. El hecho de que, según "The Guardian", 7 mujeres sean asesinadas cada día durante 2011, y una mujer sea violada cada17 segundos, acaso haga comprender el leve castigo penal a un hombre que pasó de héroe nacional a delincuente "comprensiblemente disculpado".
| M.S. |



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