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Una nueva batalla entre empresas de calzado
Delfo Cabrera cruzando victorioso la línea de llegada en Londres, 1948. Una revolución en el diseño de las zapatillas y la guerra entre empresas comenzaban al poco tiempo.
Ahora Vibram, que se quedó sin representante en el país, está lanzando en el mercado de la zapatillas para «running» un concepto impensable hasta hace poco: correr casi descalzo.
La empresa italiana creó el llamado Five Fingers, que es poco más que un guante que cubre el pie como una segunda piel y tiene marcados los dedos. El modelo no está aún en la Argentina.
El Five Fingers se basa en uno de los numerosos estudios que realizan universidades estadounidenses que, tal como suele suceder, ponen en duda lo que otras casas de altos estudios (o las mismas) dieron como verdad revelada años antes.
En esta ocasión, alguno de esos descubrimientos afirma que a pesar de sus suelas sofisticadísimas, sus acolchados laterales y en la capellada, y su fabricación de altísima tecnología, los modelos diseñados especialmente para correr no son mucho más efectivos para mejorar la performance de los atletas (aficionados o profesionales) ni para cuidar su salud.
Interrogante
La evidencia de los tiempos que se emplean para correr las maratones parecería desmentirlos, pero también habrá que preguntarse si los nuevos récords deben ser atribuidos a un mejor calzado o a los avances en la preparación de los atletas.
La imagen de Delfo Cabrera cruzando la línea de llegada, victorioso en la maratón de la Olímpiada de Londres de 1948, parecería apoyar a los «descalcistas»: el corredor que representaba a San Lorenzo de Almagro corrió calzado con unas zapatillas que parecían más un zapato de ballet que un par pensado para agilizar su paso.
Según un artículo de The New York Times, en Estados Unidos ya se instaló la polémica entre los corredores «high tech» y los «descalcistas»; por ahora, la mayoría de los deportólogos sigue apoyando el uso de las zapatillas diseñadas especialmente para la actividad. La duda ha abierto un flanco por el que se colaron no sólo Vibram, sino empresas como Feelmax y Terra Plana, cuya filosofía respecto de qué hay que usar para correr surge de su propia razón social.
Cabe recordar que el mercado mundial de calzado deportivo ronda los u$s 18.000 millones anuales, y que está dominado por los dos «gigantes» del sector: Nike y Adidas.
Las grandes marcas apuntan que se redujo el número de lesiones desde que se introdujeron las zapatillas de alta tecnología en los 70, pero muchos deportólogos aseguran que algunos males, como los que involucran a las rodillas y al tendón de Aquiles, se incrementaron desde entonces.
The New York Times reproduce declaraciones de Daniel Liberman, profesor de Biología Evolutiva de la Universidad de Harvard, quien asegura que «no existe evidencia suficiente de que las zapatillas para correr hayan mejorado la vida de la gente».
Objetos de consumo
Quizás la verdad esté en el medio: las zapatillas con chips incorporados, acolchados en su interior y suelas diseñadas por computadora se han convertido en objetos de consumo. Esto no implica, seguramente, negar su efecto benéfico a largo plazo sobre la salud de los corredores. Lo cierto es que mientras haya quien esté dispuesto a pagar u$s 500 (que es lo que costará el nuevo modelo Adidas Porsche Rebound cuando se lance este año), estos bellos objetos de moda seguirán vendiéndose.
Cabe apuntar, además, que Nike ya lanzó una zapatilla flexible que reproduce -según la empresa- la sensación de correr descalzo. La razón: varias de las estrellas del atletismo que patrocinaban se entrenan sin zapatos.


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