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Una orden de pago que se frenó antes de votarse
A diferencia de la Cámara baja, que aprobó el pago sin investigar a quién estaba destinado, los senadores radicales Gerardo Morales y Ernesto Sanz se negaron a aprobar la orden del Ejecutivo hasta saber a quién se iba a pagar con esos bonos. Dentro de la orden de pago ordenada por el entonces presidente Néstor Kirchner y tramitada por Felisa Miceli, en ese momento a cargo de Economía, $ 600 millones estaban destinados al grupo empresarial mendocino, en litigio con el Estado nacional desde la década del 80.
El conflicto entre los Greco y el Estado comenzó a principios de esa década, cuando el Gobierno militar intervino las casi 40 empresas y bancos del grupo mendocino, lo que generó un litigio judicial que se prolongó durante todos los años 80 y 90. Durante este período, el Estado siempre había sostenido la postura de negarse a pagar la suma que reclamaban los Greco -más de $ 300 millones- y exigir, por su parte, deudas impagas por parte de la empresa.
A partir de 1991 el caso dejó de ser manejado por la Procuración del Tesoro y su seguimiento comenzó a realizarse en el Ministerio de Economía. Años después, y sin mediar nuevos elementos para cambiar de posición, los abogados del área de Entes Liquidados y de Asuntos Jurídicos de la cartera comenzaron a evaluar el caso exactamente al revés de como se había planteado en un principio: recomendaron el pago a los Greco. La suma a pagar además se duplicó, al incluir los intereses del pago en bonos: el grupo recibiría unos $ 600 millones.
Todo este entramado se destapó en el Congreso, al detectarse que la orden de pago destinada al rubro «deuda con proveedores» correspondía en su mayoría a los Greco. El propio kirchnerismo ordenó suspender todo trámite de pago y se reunieron los votos con el radicalismo en la Comisión Mixta Revisora de Cuentas para ordenar a la Auditoría General de la Nación que interviniera en el caso.


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