- ámbito
- Edición Impresa
Una plaga dura de exterminar
Para evitar que la garrapata afecte al ganado se recomiendan tratamientos en el período entre septiembre y abril.
La presencia de este parásito genera pérdidas cuantificadas en la fuga de peso corporal y pérdidas económicas adicionales como la mayor susceptibilidad de los animales, la menor fertilidad observada en rodeos afectados y, finalmente, el mayor tiempo que se necesita para la terminación de un animal para faena. «Este déficit se produce debido al intenso parasitismo sobre el animal, el cual genera irritación, molestias, pérdidas de peso, afecciones sobre la piel (que perjudican al futuro cuero) y, también, la transmisión de enfermedades (piroplasma y anaplasma)», explicó a Ambito del Campo, el médico veterinario Pablo Garciarena.
Las principales regiones del norte argentino tienen en su totalidad unos 21,3 millones de cabezas de ganado vacuno, según datos oficiales, pero de ese total hay zonas en que la presencia de este parásito se encuentra controlada o erradicada gracias al trabajo que vienen realizando el Senasa y los productores. Los períodos más intensos de control se inician en septiembre y terminan en abril. La pérdida de peso de un bovino parasitado por garrapatas Boophilus spp. se estima en 0,26 kg/garrapata/año, y por la variedad Amblyomma spp. hasta 1,09 kg/garrapata/ año. Según los especialistas, se estima que el 20% del ganado es afectado por la garrapata y se pierden entre 40 y 50 kilos por animal. En el NOA, NEA y el litoral argentino llegan a generarse pérdidas de hasta u$s 120.500.000 sobre el potencial productivo de las regiones. Entre los daños que pueden provocarse a causa de este mal se encuentran: la transmisión de agentes patógenos que pueden conducir a enfermedades agudas, crónicas e incluso provocar la muerte; lesiones por la acción de sus piezas bucales en la piel; efectos tóxicos por las enzimas y neurotoxinas que contiene la saliva, inhibidoras de funciones de inmunidad y del apetito del animal; debilitamiento y anemias al consumir grandes cantidades de sangre; deterioro de las pieles a causa de las perforaciones producidas por los piquetes. La presencia de este parásito favorece además el acceso de bacterias, micosis dermales y larvas de moscas (miasis). También transmite enfermedades producidas por protozoos, bacterias y virus, que penetran por las perforaciones producidas en la piel.
Los síntomas que pueden detectarse y que deben ser un alerta para los productores son, además de la visualización de las garrapatas (agente causal o etiológico) sobre el animal hospedador: disminución en la producción de carne o leche, deterioro de pieles, debilitamiento de los animales, muertes por enfermedades. Como consecuencia, ocurre retardo en el crecimiento en los jóvenes, baja la conversión de alimentos en carne o leche y se dificulta la aclimatación de razas especializadas.
En las zonas tropicales, con lluvias regulares, alta humedad y clima cálido, se dan las condiciones óptimas para el desarrollo de varias generaciones de garrapatas por año, de modo que la plaga se hace sentir constantemente. En regiones subtropicales, caracterizadas por temporadas de lluvias y sequías, la intensidad de la plaga es fluctuante. Un auge de infestaciones se presenta cada vez que, después de un período de condiciones climáticas adversas, sobreviene una temporada calurosa y húmeda. Es en ese momento que se produce una explosión con invasión masiva de larvas y ninfas de garrapatas.
Según el doctor Mario Muñoz Cobeñas actualmente no es posible erradicarla y «hay que mentalizarse en que este parásito continará imponiendo sus condiciones biológicas en muchas áreas, debiendo establecer estrategia de control para una equilibrada convivencia».
Para lograr combatir este parásito se recomienda la realización de los tratamientos en los períodos más críticos de la enfermedad, es decir, entre los meses de septiembre y abril de cada año. Muñoz Cobeñas sostuvo que «los tratamientos deben ser siempre preventivos y su periodicidad está relacionada con la acción farmacológica referida a su efecto residual dependiendo del comportamiento de cada formulado establecido en ensayos oficiales a través del Senasa».
Tratamientos
El especialista comentó también que «cuando hablamos con los productores que nos consultan, solemos hacer hincapié en los errores más comunes cometidos durante los tratamientos. Es por ello que recomendamos no hacer éstos en forma parcial, no dar dosis por debajo de lo indicado en el producto que se emplea (subdosificación), utilizar la vía de aplicación correcta (subcutánea, intramuscular, etc.), no aplicar varios productos simultáneamente y usar todo el instrumental (jeringas, agujas) adecuado». «Los ahorros económicos generados en la mala administración de los tratamientos, terminan ocasionando pérdidas mayores», agregó.
Para el tratamiento contra las garrapatas del bovino se aplican drogas cuyo espectro abarca a otros parásitos externos. Lo más común es el uso de productos químicos, aunque su utilización se ha encontrado con grandes desventajas como la aparición de poblaciones de garrapatas resistentes, así como los efectos perjudiciales para los animales (serios problemas de contaminación de la leche y de la carne), los seres humanos y el medio ambiente. Además de estos medicamentos que son ya ampliamente conocidos por la gente de campo, existen las vacunas recombinantes contra garrapata que están ganando cada vez más terreno en el mundo.
Actualmente las avermectinas son las protagonistas en muchos países del mercado de ectoparasiticidas (endectocidas), aunque todavía se siguen usando los baños de inmersión, de aspersión y las fumigaciones.

