24 de marzo 2014 - 00:24

Una práctica muy aburrida

Juan Román Riquelme lucha contra Braña y Leandro Benítez. Román tuvo mucho la pelota, pero le faltó imaginación para generar situaciones de gol.
Juan Román Riquelme lucha contra Braña y Leandro Benítez. Román tuvo mucho la pelota, pero le faltó imaginación para generar situaciones de gol.
La falta de calor popular por jugarse a puertas cerradas hizo que el partido entre Quilmes y Boca se pareciera más a un entrenamiento que a un partido de fútbol profesional.
Boca tuvo más la pelota, pero siempre chocó con una defensa muy nutrida, y Quilmes esperó pacientemente un error para marcar un gol.
En el primer tiempo, si hubieran sacado los arcos, nadie se habría dado cuenta, porque los dos estuvieron muy lejos de crear una situaciones de gol.
Quilmes armó un esquema 4-4-1-1 con la intención de destruir el juego en la mitad de la cancha y cortar los contactos de los volantes de Boca en la mitad de la cancha; por eso, Leandro Benítez estuvo muy cerca de Riquelme y Braña de Gago para que Boca no tuviera volumen de juego.
Arriba, solo, el gigante Boghossian para aprovechar un largo pelotazo o un error defensivo. Del otro lado, Boca apostó a la potencia de Emmanuel Gigliotti y a la velocidad de Luciano Acosta, pero ninguna de las dos opciones funcionó.
En consecuencia, en esos 45 minutos ni Agustín Orión ni Silvio Dulcich tuvieron trabajo.
En el segundo, nada cambió. Boca monopolizó la pelota y jugó al ritmo de Riquelme cansado. Toquecitos intrascendentes, mucha lentitud y poca profundidad.
Quilmes, por lo menos, intentó, con algún pelotazo largo o un centro a la olla, romper la monotonía del partido.
Así transcurrieron las cosas en una monotonía que solo se trastocó con un remate de Riquelme, de afuera del área, que hizo lucir a Dulcich, en lo que fue la más seria situación de gol.
Se repartieron un punto cada uno y durmieron a los televidentes, que esta vez podían trasnochar porque hoy es feriado.

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