6 de abril 2011 - 00:00

Una trinidad ultra-K para patrocinar candidatos propios

Alicia Kirchner
Alicia Kirchner
Tienen orígenes autónomos y composiciones diferenciadas, pero operan, por mandato superior, alineados tras una misma jefatura, como un bloque que en la previa de la disputa electoral será el paraguas político para, pretenden, cobijar a los candidatos de ADN K.

La Cámpora, tribu juvenil que apaña Máximo Kirchner, Kolina, núcleo -y partido político en trámite judicial- de Alicia Kirchner y La Güemes, con base operativa en el PAMI de Luciano Di Césare, se perfilan como la trinidad para postular referentes K.

A menos de 90 días del cierre de listas, sin otra generalidad más que «las candidaturas las definirá Cristina», los armados kirchneristas, y muchos silvestres, tratan de ordenar una hoja de ruta para encarar el diseño de las boletas de agosto-octubre.

La Cámpora, al margen de los matices que sacuden su cúpula, todavía no logra reponerse del malón de adherentes posmuerte de Néstor Kirchner. Ahora, aunque la demanda es puntual, tiene un desafío mayor: contener y defender a sus referentes en la pulseada preelectoral.

Kolina, en un proceso similar, eligió un camino práctico: Carlos Castagnetto, conocedor de los recovecos políticos y jurídicos, avanzó con el armado de un partido para, llegado el caso, poner sobre la mesa -como vía real o amenaza- la alternativa de una colectora.

Como los neocamporistas, La Güemes apuesta a la pertenencia ultra-K para, combinada con armados locales, estar en el radar K cuando se ponga en marcha la lapicera. Desistieron, como los protegidos de Máximo, agotarse en la conformación legal de un partido.

Esa trinidad mantiene, hace tiempo, una coordinación ad hoc para unificar personería en los armados o, como mínimo, no entrar en disputas entre sí en los territorios. De ese modo, donde un sector cuenta con un candidato destacado, el otro -en teoría- se repliega y apoya.

El esquema apunta a que, en el momento decisivo, la disputa entre los referentes K será con el peronismo clásico, que maneja los territorios, y el sindicalismo de Hugo Moyano. Otro jugador es la Corriente Nacional de la Militancia (CNM) que avanza, a su vez, con armado propio.

Es más: hay indicios, que este diario contó 10 días atrás, sobre un principio de acuerdo táctico entre el PJ y el camionero para negociar las listas distritales y seccionales, cerrar un paquete de unidad y forzar, llegado el caso, a que la Casa Rosada deba desanudar, con el costo consecuente, esos armados.

Expansiva, con referencias múltiples, La Cámpora no estructuró una orgánica -tampoco, quizá, trató de hacerlo- y se montó sobre conducciones radiales cuya terminal cambia: a veces Andrés «Cuervo» Larroque, otras Eduardo «Wado» De Pedro, o Juan Cabandié; menos Iván Heyn; con mapa bonaerense José Ottavis.

Pero como Kolina, que colecta armados locales cada semana, La Cámpora tiene asumido -salvo Ottavis que tiene, por su presencia en el PJ bonaerense, empatías adicionales- su rol de, en principio, vigencia superestructural: quizá no logre inundar de candidatos las listas, pero consiga que sus referentes figuren en las tiras mayores.

Larroque rankea como diputado por Capital o provincia. Cabandié en boleta porteña -podría ser vicejefe-. «Wado» parece el más enfocado en un avance territorial: promueve a su hermano Juan Ustarroz en Mercedes y, entre otros, a Francisco «Pato» Durañona en Areco.

La Güemes, que coordinan Di Césare y Federico Susbielles, empezó como un espacio para congregar técnicos y profesionales, pero evolucionó a un armado global con rama juvenil y de género, un rubro que, a pesar de la femineidad cristinista, no es muy explorado por los K. Puede ser por la misoginia peronista.

Ese bloque que tiene su usina en el PAMI se anota en varias disputas, algunas de alcance local, otras de impacto zonal: Santiago Laurent por Pilar, Adriana Capuano en Olavarría y el propio Susbielles, con base en Bahía Blanca, pero que suena para la boleta regional. La trinidad K que conforman La Cámpora, La Güemes y Kolina tendrá, en la lotería de las listas, el primer desafío efectivo.

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