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Una velada con Mahler y Paganini
En coproducción con el Teatro Colón, Festivales Musicales presentó a la Filarmónica de Buenos Aires dirigida por su titular, el mexicano Enrique Diemecke. La obertura de «La clemenza di Tito» es un gran pórtico que Mozart edificó (en el último año de su vida) a manera de entrada a una ópera escrita para celebrar la coronación de Leopoldo II como Rey de Bohemia; en estas páginas se alternan sabiamente lo marcial y lo íntimo (enfatizado en las maderas), como dos polos opuestos del poder.
En la lectura de Diemecke pareció preponderar el primer aspecto sobre el segundo, dando como resultado una interpretación sensible y lograda aunque de moderado contraste. Llegó luego el momento del virtuosismo a cargo del prodigioso Xavier Inchausti y el «Concierto en Re mayor» número 1 de Paganini. Parece superfluo a esta altura hablar de la extraordinaria habilidad técnica de Inchausti, ideal para plasmar todos los trucos que asombraban a los oyentes de Paganini y de cuyos seis conciertos hizo la sustancia principal. La pirotecnia no estuvo acompañada, sin embargo, por un trabajo profundo de fraseo en esas melodías y el discurso se tornó por momentos precipitado -hubo incluso desfasajes con la orquesta. Como bis, Inchausti volvió a fascinar a sus fans (que ovacionaron incluso después del primer movimiento) con otra endiablada -y extensa- composición de Paganini: las variaciones sobre «Nel cor più non mi sento», vertidas con igual facilidad.
La segunda parte estuvo constituida por la sublime «Sinfonía en Sol mayor» número 4 de Gustav Mahler, una obra perfecta que encontró en la Filarmónica y su director (conocedor como pocos en estas latitudes del repertorio mahleriano) el instrumento adecuado para reflejar su riqueza tímbrica. Sobresalió la labor realizada sobre la dinámica, la tersura de la cuerda y el impecable desempeño de maderas y metales, excepto por una leve rugosidad en los cornos. En su intervención en el movimiento final, la joven soprano Carla Filipcic-Holm se erigió como la figura ideal para dar vida a las palabras extraídas de «Das Knaben Wunderhorn» de Arnim y Brentano: belleza de timbre y dicción perfecta.


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