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Una visita a la “Lucia” de Cremona
La magnífica soprano rusa Ekaterina Bakanova, de 28 años, fue la Lucia en el Teatro Ponchielli.
La propuesta escénica de Henning Brockhaus se destaca por su austeridad: apenas una tela trabajada, una escalinata que ocupa prácticamente todo el escenario y como complemento imágenes de agua y fuego, y un vestuario «belle époque» (todo obra de Josef Svoboda). Si las partes son visualmente agradables, el todo parece haber sido regido más por una preocupación estética que dramática, y es sobre todo el clima y la emoción lo que brilla por su ausencia en esta puesta en escena, los personajes no parecen tener una evolución certera y las acciones superfluas están a la orden del día.
Es sobre todo en la presencia vocal y física de la magnífica soprano rusa Ekaterina Bakanova, de 28 años, que reposa la fuerza de esta producción. Su instrumento flexible, de gran belleza tímbrica, cuerpo y «squillo», se desplegó en todo su esplendor desde «Regnava nel silenzio» y culminó con gloria en la celebérrima escena de la locura, cuya «cadenza» (no original de Donizetti) fue ejecutada aquí con arpa.
Un escalón más abajo se ubicó el elenco masculino: Francisco Corujo, un Edgardo opaco pero correcto, Serban Vasile como Enrico Ashton (en una performance loable que fue creciendo en seguridad), Alessandro Scotto di Luzio, deslucido Arturo, y Giovanni Battista Parodi aportando autoridad como Raimondo. Una muy buena actuación del Coro del Circuito Lirico Lombardo dirigido por Antonio Greco y la mano segurísima y vital del muy joven Matteo Beltrami al frente de la Orchestra I Pomeriggi Musicali completaron con eficacia.
* Enviada Especial


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