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Unasur: mandan a Kirchner a abril y tiene rival (Lagos)
Cristina de Kirchner llegó tarde a la foto. Igual tuvo tiempo para una particular con el venezolano Hugo Chávez y el cubano Raúl Castro.
El mutismo fue la continuidad del operativo que, en Costa do Sauípe, encaró la comitiva uruguaya para despejar el riesgo de pegar el portazo en la UNASUR, postura que durante el fin de semana hizo circular Montevideo en las horas previas a la cita en Brasil.
Así y todo, Vázquez ganó una round: ayer, los presidentes de los 12 países -sólo faltaron Alan García (Perú) y Álvaro Uribe (Colombia), dos hipotéticos quejosos- resolvieron patear para el 30 de abril la discusión sobre las autoridades y el método de toma de decisiones.
Con eso, Kirchner -que no baja su postulación- deberá esperar cuatro meses más. En una segunda lectura tras la bronca por el fracaso, la demora fue interpretada por la diplomacia argentina y en Casa Rosada como una oportunidad para quebrar la resistencia de Montevideo.
Esa mirada esconde una buena dosis de deseo. Se basa, por un lado, en el «deterioro» que registra la figura de Vázquez, que viene de sufrir un golpe terrible con la proclamación abrumadora de José «Pepe» Mujica como candidato del Frente Amplio.
Apuesta, por otro, a que la embestida que encaró el entrerriano Sergio Urribarri contra los cortes de Gualeguaychú tendrá en algún tiempo más un resultado positivo. Se sabe que la persistencia de esos bloqueos es el argumento central de la negativa de Uruguay (ver nota en Ámbito Nacional).
Se trata de una expectativa excesiva. Los movimientos, aun con sus fluctuaciones y cambios de tiempo, de Vázquez no permiten imaginar una concesión. Lo demuestra su disposición a romper la cooperación jurídica por una causa por daño ambiental que se cursa en Entre Ríos.
La determinación de Tabaré llevó de fría a glacial la relación bilateral entre la Argentina y Uruguay, a pesar de lo cual Cristina de Kirchner consideró ayer que las cumbres fueron «estupendas» porque fue una «demostración de lo que hacen los gobiernos latinoamericanos organizados».
Fuera del universo oriental
-por intraducible parece Lejano Oriente-, la gestión Kirchner, que opera a través del canciller Jorge Taiana, debe contentarse con el malestar que lo que consideran «aprietes» de Vázquez genera en el resto de los países de la región.
El expediente Kirchner sirvió, al menos, para zambullir a los miembros de la UNASUR en una discusión sobre la operatividad de la comunidad. Los reglamentos hablan de «consenso» pero, y ayer quedó claro en Costa do Sauípe, hay traducciones diferentes sobre el concepto.
Unos lo interpretan como «unanimidad», otros como «mayoría». La segunda interpretación es música celestial para Kirchner, que en su retiro activo de Olivos alardea que quiere que haya una votación. Está claro que no sería un buen indicio en el debut del bloque.
¿Y si no hay resultado con los cortes o si, aun sin bloqueos, Tabaré no cede? Por ahora, el patagónico es el único candidato -así lo reafirmó ayer Michelle Bachelet-, pero de aquí a abril, si no se destraba ese entuerto, es altamente probable que se alumbre otra postulación.
Ya suena, para felicidad de Tabaré, un nombre: Ricardo Lagos. Unos pocos días atrás, el chileno renunció a competir por la presidencia en 2009. De ese modo, desaparece el principal factor que lo eliminó de una lista inicial de jefes de la UNASUR. Hoy Lagos tiene un alto cargo en la ONU que depende de la Secretaría General.
El asunto, con o sin Lagos, pasó a una agenda supuesta para tratar el 30 de abril.


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