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Valioso “Réquiem” nacional
El compositor Oscar Strasnoy y su libretista y director de escena, Matthew Jocelyn, toman como punto de partida la novela “Réquiem para una monja”, de William Faulkner.
Strasnoy y su libretista -y aquí también director de escena- Matthew Jocelyn toman como punto de partida la novela "Requiem for a nun" (traducida al español como "Réquiem para una monja", "Réquiem para una mujer" o "Réquiem para una reclusa") de William Faulkner. Dos dramas se entrecruzan: por un lado el de Temple Drake, que ocho años después de haber sido raptada y obligada a trabajar en un prostíbulo se encuentra casada con su pareja de entonces (que al haberla abandonado propició esta tragedia); por el otro, el de Nancy Mannigoe, la criada del matrimonio, quien para evitar que Temple huya con su amante asesina a uno de los hijos de la pareja y es sentenciada a muerte.
Los autores han evitado la enunciación de un argumento en el sentido tradicional, y no se trata de una omisión mezquina: la dramaturgia de "Réquiem" no es lineal ni debe ser
entendida así; más que de trama debería hablarse de un "montaje" en el sentido que el cine ha dado al vocablo. La acción se despliega, se sintetiza, vuelve sobre sí misma y se diluye en un final que golpea no por su contundencia explícita
sino justamente por la ausencia de ella. Y la música de Strasnoy responde perfectamente a esta calidad fluctuante, deteniendo, acelerando, comentando y amplificando las palabras, las miradas, los gestos y los silencios. La maestría técnica del compositor le permite ir sintonizando el paisaje sonoro con cada escena, a través de una orquestación finísima (que suma armónica, acordeón, saxo soprano, guitarra eléctrica, órgano y piano al orgánico habitual).
El elenco de cantantes-actores es sencillamente perfecto, desde la mezzo Jennifer Holloway y la soprano Siphiwe McKenzie, en interpretaciones llenas de entrega y verdad, hasta James Johnson, Brett Polegato, Cristian De Marco, Santiago Bürgi, Damián Ramírez y Mario De Salvo. En la labor actoral de todos ellos se nota la mano de Jocelyn, artífice además de una puesta en escena dinámica, coherente y a la vez poética, bien complementada por la escenografía de Anick La Bissonière y Eric Oliver Lacroix, el vestuario de Aníbal Lápiz y la iluminación de Enrique Bordolini. El muy joven director Christian Baldini (marplatense radicado en los Estados Unidos) es un guía segurísimo para cantantes, coro y la Orquesta Estable, de la que logra un rendimiento extraordinario.
Uno de los hallazgos de la partitura es la inclusión del texto del oficio de difuntos en latín, a cargo del coro, y el tratamiento que Strasnoy y Jocelyn le dan, asimilándolo a las diferentes escenas y en un paralelo perfecto. La escritura coral es compleja, y en este sentido cabe remarcar la labor del Coro Estable dirigido por Miguel Martínez. Dentro del conjunto se destacaron breves pero excelentes solos a cargo de Montserrat Maldonado, Rocío González, Eduardo Bosio, Constanza Castillo, Carina Höxter, Vanesa Mautner, Ana Larreategui, Reinaldo Samaniego, Ariel Casalis, Mariano Crosio y Leonardo Fontana.
"Réquiem" triunfa tanto por lo que es como por lo que elude ser: no es un alegato que apela al golpe bajo, no es una partitura pintoresquista, no es un panegírico ni una diatriba. Es una reflexión teatral y musical sobre la fragilidad humana, una reflexión sabia y madura que indudablemente merece ser vista y oída.
"Réquiem", ópera en dos actos. Música: O. Strasnoy. Libreto: M. Jocelyn, basado en "Requiem for a nun" de W. Faulkner. Puesta en escena: M. Jocelyn. Coro y Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección musical: C. Baldini (Teatro Colón, 10 de junio).


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