12 de junio 2014 - 00:00

Valioso “Réquiem” nacional

El compositor Oscar Strasnoy y su libretista y  director de escena, Matthew Jocelyn, toman como punto de partida la novela “Réquiem para una monja”,  de William Faulkner.
El compositor Oscar Strasnoy y su libretista y director de escena, Matthew Jocelyn, toman como punto de partida la novela “Réquiem para una monja”, de William Faulkner.
Un crimen doméstico, un crimen legitimado, la culpa, la expiación, la mentira, el silencio. Tal es la materia prima de "Réquiem", la ópera con música de Oscar Strasnoy que el Teatro Colón comisionó y que el martes presentó en calidad de estreno mundial, en una gran producción.

Strasnoy y su libretista -y aquí también director de escena- Matthew Jocelyn toman como punto de partida la novela "Requiem for a nun" (traducida al español como "Réquiem para una monja", "Réquiem para una mujer" o "Réquiem para una reclusa") de William Faulkner. Dos dramas se entrecruzan: por un lado el de Temple Drake, que ocho años después de haber sido raptada y obligada a trabajar en un prostíbulo se encuentra casada con su pareja de entonces (que al haberla abandonado propició esta tragedia); por el otro, el de Nancy Mannigoe, la criada del matrimonio, quien para evitar que Temple huya con su amante asesina a uno de los hijos de la pareja y es sentenciada a muerte.

Los autores han evitado la enunciación de un argumento en el sentido tradicional, y no se trata de una omisión mezquina: la dramaturgia de "Réquiem" no es lineal ni debe ser

entendida así; más que de trama debería hablarse de un "montaje" en el sentido que el cine ha dado al vocablo. La acción se despliega, se sintetiza, vuelve sobre sí misma y se diluye en un final que golpea no por su contundencia explícita

sino justamente por la ausencia de ella. Y la música de Strasnoy responde perfectamente a esta calidad fluctuante, deteniendo, acelerando, comentando y amplificando las palabras, las miradas, los gestos y los silencios. La maestría técnica del compositor le permite ir sintonizando el paisaje sonoro con cada escena, a través de una orquestación finísima (que suma armónica, acordeón, saxo soprano, guitarra eléctrica, órgano y piano al orgánico habitual).

El elenco de cantantes-actores es sencillamente perfecto, desde la mezzo Jennifer Holloway y la soprano Siphiwe McKenzie, en interpretaciones llenas de entrega y verdad, hasta James Johnson, Brett Polegato, Cristian De Marco, Santiago Bürgi, Damián Ramírez y Mario De Salvo. En la labor actoral de todos ellos se nota la mano de Jocelyn, artífice además de una puesta en escena dinámica, coherente y a la vez poética, bien complementada por la escenografía de Anick La Bissonière y Eric Oliver Lacroix, el vestuario de Aníbal Lápiz y la iluminación de Enrique Bordolini. El muy joven director Christian Baldini (marplatense radicado en los Estados Unidos) es un guía segurísimo para cantantes, coro y la Orquesta Estable, de la que logra un rendimiento extraordinario.

Uno de los hallazgos de la partitura es la inclusión del texto del oficio de difuntos en latín, a cargo del coro, y el tratamiento que Strasnoy y Jocelyn le dan, asimilándolo a las diferentes escenas y en un paralelo perfecto. La escritura coral es compleja, y en este sentido cabe remarcar la labor del Coro Estable dirigido por Miguel Martínez. Dentro del conjunto se destacaron breves pero excelentes solos a cargo de Montserrat Maldonado, Rocío González, Eduardo Bosio, Constanza Castillo, Carina Höxter, Vanesa Mautner, Ana Larreategui, Reinaldo Samaniego, Ariel Casalis, Mariano Crosio y Leonardo Fontana.

"Réquiem" triunfa tanto por lo que es como por lo que elude ser: no es un alegato que apela al golpe bajo, no es una partitura pintoresquista, no es un panegírico ni una diatriba. Es una reflexión teatral y musical sobre la fragilidad humana, una reflexión sabia y madura que indudablemente merece ser vista y oída. 



"Réquiem", ópera en dos actos. Música: O. Strasnoy. Libreto: M. Jocelyn, basado en "Requiem for a nun" de W. Faulkner. Puesta en escena: M. Jocelyn. Coro y Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección musical: C. Baldini (Teatro Colón, 10 de junio).

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