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Vélez se quedó con todo
Fabián Cubero besa la Copa, junto al arquero suplente Barovero
Huracán, en ese primer tiempo, también tuvo dos situaciones claras: un cabezazo de Eduardo Domínguez que devolvió el travesaño y en el rebote desperdició Nieto, y una apilada de Defederico que terminó con un remate cruzado que rozó un poste.
En el segundo tiempo, Vélez salió a ganar el partido, porque el empate decretaba el título para Huracán y, por eso ingresó, Larrivey por Gastón Díaz y jugaron con tres delanteros.
Lo acorraló a Huracán en su campo (que pareció enamorarse del empate) y aunque buscó muchas veces, tuvo sólo dos situaciones claras: una apilada de Juan Manuel Martínez que Arano salvó en la línea y un clarísimo penal de Arano a Cubero que Brazenas obvió, dos minutos antes de cobrar el gol (en otro de sus errores claves). Por eso el triunfo de Vélez hasta podría catalogarse de justo si no hubiera llegado por una jugada viciada de nulidad, porque fue el que más intentó y el que más generó.
En un país donde algunos tontos nos quieren hacer creer «que el segundo es el primero de los perdedores», la historia recordará más al Huracán de Cappa que al Vélez de Gareca, como recuerda más al Holanda del 74 que al campeón Alemania, porque fue (y hablo en pasado porque seguramente se irán sus principales figuras) un equipo brillante, que jugó un fútbol lujoso y efectivo y aunque no levantó un título, emocionó a propios y extraños.
Vélez, en cambio, fue un buen equipo armado desde la firmeza defensiva, con mucho coraje y con méritos para ser campeón, pero sin el brillo de su vencido. Fue un justo campeón, pero no un campeón extraordinario.

