Venezuela: Sigal, firme en el cargo; no manda más cables

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El subsecretario de Integración Latinoamericana y Mercosur, Eduardo Sigal, seguirá por un tiempo en el cargo, por lo menos mientras el conflicto generado por las denuncias de la existencia de una «embajada paralela» continúen. Lo que no se descarta en Olivos es que sea el propio Sigal el que decida unilateralmente, y fruto quizá de ciertas presiones indirectas, dejar voluntariamente el puesto.

Hacerlo renunciar -según el Gobierno- sería darles la razón a los que atacan con la existencia de los negociados con Venezuela y debilitaría el ya polémico esquema de relaciones comerciales con el Gobierno de Hugo Chávez. Sobre esto, desde ayer comenzó una contraofensiva oficial, para mejorar la imagen que domina el panorama argentino-venezolano, a días de un nuevo encuentro, en la Argentina, entre Cristina de Kirchner y Chávez.

La presidente argentina y el bolivariano se reunirán en menos de un mes, cuando en San Juan se organice la próxima cumbre del Mercosur. Para ese momento, el Gobierno quiere que el conflicto -para el oficialismo sólo mediático- desaparezca y se pueda mostrar una cumbre plagada de encuentros amistosos y nuevos acuerdos de comercio bilateral incuestionables. Para esto, desde la Cancillería comenzó una especie de contraofensiva.

El primer paso en este sentido lo dará en las próximas horas Héctor Timerman. El canciller tiene en su poder dos cartas de agradecimiento firmadas por las empresas que supuestamente se quejaban ante Sigal por haber sido dejadas de lado ante la posibilidad de negocios con Venezuela. Se trata de Hidro-Grubert y EMA, quienes, según dos cables internos de la Cancillería firmados por Sigal el viernes 25 de junio, habían sido rechazadas por el ex secretario del ministro de Planificación Julio De Vido, José María Olazagasti, jefe de Ceremonial de Planificación. Según Sigal, él personalmente había recibido a los dos empresarios, les había transmitido el problema a Timerman y al secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía, su inmediato superior, y la situación se habría resuelto. Luego, ambas empresas habrían agradecido las gestiones en los últimos días, y el canciller tendría estas cartas en su poder.

Ayer Timerman minimizó la advertencia emitida por Sigal e insistió en que «no existe una embajada paralela» en Caracas. «No hubo ningún viaje de un funcionario que no haya sido autorizado con anterioridad. No existe ninguna embajada paralela». Según el ministro, las reuniones comerciales realizadas en Caracas entre empresas argentinas y funcionarios venezolanos y argentinos contaban con el conocimiento de la embajada en esa capital.

Tanto Timerman como Chiaradía y Sigal aseguraban además ayer que por los acuerdos comerciales cuestionados entre ambos países, al tratarse de protocolos de contratos sobre empresas argentinas decididos directamente por el Gobierno de Chávez, pueden ser rubricados por la contraparte argentina equivalente a las áreas donde se realice la operación. Esto implicaría que como los contratos fueron cerrados en áreas energéticas, compras gubernamentales y proveedores de compañías semipúblicas venezolanas, la contrapartida argentina podría ser el ministerio de De Vido o el de Producción de Débora Giorgi; sin la intervención de la Cancillería. Este último ministerio sólo tendría eventualmente la tarea de rubricar los movimientos burocráticos de exportaciones e importaciones. Con esto se quiere explicar desde el oficialismo que la denuncia original de Eduardo Sadous, el primer diplomático de carrera en denunciar la existencia de una «embajada paralela», sería inconsistente, ya que el Ministerio de Planificación y el de Producción tenían libertad para negociar y firmar operaciones de empresas argentinas y compradores venezolanos.

Más allá de esta explicación, el malhumor sigue en Olivos, sobre el fondo y la forma en que la carta de Sigal fue enviada a los medios con una interpretación, según la mirada del Gobierno, algo destituyente. Se considera desde el kirchnerismo que funcionarios de la Cancillería con acceso al cable interno firmado por Sigal lo reenviaron a varios medios con el objetivo de dañar la imagen oficial. Para Olivos, será un tema que deberá atender Timerman en los próximos días. El ministro asegura que no tiene dificultades con los diplomáticos de carrera de su ministerio, ya que desde su asunción se les dio responsabilidades directas e importantes a los hombres de «La Casa». «Salvo el de ministro, los cinco cargos más importantes de la Cancillería lo ocupan hoy hombres de la diplomacia de carrera», aseguraban ayer en el ministerio.

En realidad, las sospechas dentro de «La Casa» se relacionarían con el malestar que existe en el cuerpo diplomático oficial argentino, ante el ataque contra Sadous (un hombre considerado propio), y aquella definición de De Vido que definió la tarea del ex embajador en Caracas como una recorrida «de copetín en copetín».

Sobre el cable firmado por Sigal, ayer Timerman aseguró que se trata de un documento «reservado, lo que quiere decir que más de cien personas tienen acceso libre, y más de 500, con sentarse en una computadora de la Cancillería; o sea que no tiene nada de reservado ese cable».

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