17 de julio 2013 - 00:00

Viaje al pasado con bromas y lamentos

"Bromas y lamentos: otras canciones de amor". Con O. Favaro, C. Pastawski, P. Travaglino, S. Bürgi y M. Fernández Bustinza. Ensamble dirigido por J. Lavista. Idea y dirección escénica: M. Lombardero. Producción ejecutiva: M. Galperín (Teatro Musical Contemporáneo, Bar-Teatro Hasta Trilce).

El espectáculo que con la firma de Marcelo Lombardero presenta la compañía Teatro Musical Contemporáneo parece tener como objetivo, o en todo caso como efecto, derribar barreras: temporales, espaciales, de género, de estilo, de realidad/ficción, de intérpretes/público. El planteo es tan simple y lógico como riesgoso, e implica insertar en la época actual una antología de obras vocales del "Seicento" italiano. Y el milagro que consigue es el de otorgar, sin alterar textos ni música, una frescura y una cercanía casi inauditas a un repertorio muchas veces "sacralizado" y por ende tergiversado en su espíritu.

El título de la propuesta ideada y dirigida escénicamente por Lombardero no debe ser entendido como el de una mezcla de gags con dramones: es más que nada su significado en italiano, es decir "scherzi e lamenti", lo que conviene tomar en un sentido literal, ya que piezas con esta denominación componen la excelente selección realizada en conjunto con Jorge Lavista, el director musical. Tal selección sirve no sólo para tener un bello panorama de aquella(s) estética(s) sino para mostrar una paleta de "afectos" y situaciones que no han perdido su vigencia porque son inherentes a la vida humana.

Elenco

Cinco cantantes circulan en los distintos espacios del bar desgranando músicas de Claudio Monteverdi, Francesco Cavalli, Biagio Marini y Tarquinio Merula (las pequeñas formas vocales cultivadas por entonces y algunas páginas de óperas de los dos primeros, incluyendo el celebérrimo dúo "Pur ti miro" de "L'incoronazione di Poppea", de atribución dudosa).

Interactúan entre ellos, con el público, con los instrumentistas, incluso con celulares y notebooks, produciendo un efecto por momentos desopilante que se potencia a través de las imágenes proyectadas en una pantalla.

La frontera estilística se desdibuja en el tratamiento que se da a las líneas vocales (por ejemplo el rubato casi tanguero de Mariano Fernández Bustinza en "Novello cupido") o en el momento en que Santiago Bürgi sube con su guitarra al pequeño escenario del bar como un moderno baladista y entona "Voglio di vita uscir". El quinteto de cantantes es inmejorable en su desempeño vocal y actoral: Oriana Favaro, Cecilia Pastawski, Pablo Travaglino (abordando los registros de contratenor y tenor) y los ya mencionados Bürgi y Fernández Bustinza, todos técnicamente sobrados, otorgan a sus líneas la imprescindible expresividad y a su actuación la naturalidad que Lombardero busca. Joëlle Perdaens en violín, Eugenia Montalto en flautas, Pablo Angilletta en viola da gamba, Miguel de Olaso en archilaúd y guitarra barroca y el mismo Lavista en espineta y órgano positivo constituyen un sostén instrumental perfecto.

Si aquellos que frecuentan el repertorio de este período podrán verlo aquí a una luz nueva, los que por primera vez se acerquen a él tendrán la mejor bienvenida posible: la de un engranaje perfecto y conmovedor de texto, música y acción que no ahoga su belleza y su fuerza sino que logra que éstas lleguen a nosotros sin intermediarios.

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