21 de diciembre 2015 - 00:13

Vidal pivotea entre la variedad PJ en busca de "mega" deuda

• PIDIÓ 110 MIL MILLONES.
• EL DIÁLOGO CON MASSA Y LA TERCERIZACIÓN DEL VÍNCULO CON LOS PERONISMOS.

Federico Salvai, Jorge Sarghini, José Ottavis, Martín Insaurralde y Juan José Mussi
Federico Salvai, Jorge Sarghini, José Ottavis, Martín Insaurralde y Juan José Mussi
María Eugenia Vidal necesita de los peronismos -de algunas tribus PJ- para conseguir el cheque en blanco financiero más extraordinario que tuvo, jamás, un gobernador bonaerense: el OK de un presupuesto de más de 350 mil millones y un endeudamiento de 110 mil millones de pesos; el 30% del gasto pautado para todo el 2016.

En 2014, cuando Daniel Scioli envió la pauta de gastos y recursos para el año de su derrota, a duras penas logró que los bloques FpV le concedan una deuda de 20 mil millones, la quinta parte de lo que, en voz baja, las diversas versiones del peronismo -los K, los territoriales y el Frente Renovador massista- prometieron concederle a Vidal.

Lejos del biotipo "Heidi", que le estampó Felipe Solá, entre sacudones y tiroteos en Cambiemos -el veto a Jorge Macri, la tensión con Daniel Angelici, el recelo de la UCR- Vidal aprovecha la triple fractura (o cuádruple) del PJ para lograr el presupuesto y el endeudamiento que pide. No lo tendrá esta semana: quizá lo logre el 29 de diciembre o, a lo sumo, tenga que estirarse hasta la primera semana de enero.

Como Mauricio Macri, Vidal se ampara en la vía institucional para proyectar acuerdos con los alcaldes del PJ y, al mismo tiempo, con los bloques legislativo. Juega entre esas dos atmósferas diferentes, con habitantes distintos y objetivos antagónicos. En los últimos días y a lo largo de esta semana, el PJ pulsará por definir quien es el interlocutor frente a Vidal. Simple: quienes son los que le garantizan lo que ella quiere.

Pero la interlocución de Vidal es, en persona, con Sergio Massa. Con el, por un derrame de acuerdos nacionales, pactó una gobernabilidad en la que el tigrense busca que se dinamite el PJ/FpV y que, a la vez, implosione la figura de Scioli. Es la variable para que, sin jefe ni candidatos, una porción del peronismo, sobre todo el territorial, derive en un acuerdo con Massa que, pronto, empezará su tercera campaña consecutiva: en 2013 tuvo la de diputado por Buenos Aires, en 2014/15 la presidencial y en semanas arrancará la de senador nacional por la provincia.

Vidal negocia con Massa, quien puede ser en 2017 el principal rival de Cambiemos pero el FR, a través de Jorge Sarghini como jefe de los Diputados, es el árbitro que puede ayudar o obstruir el arranque de Vidal. El massismo que, en 2014, se negó a autorizar 35 mil millones de deuda para Scioli, ahora casi no objeta que Vidal tenga un cheque voluptuoso de 110 mil millones, con brumas como el articulado que pide 28.500 millones para compensar desequilibrios o las emergencias en Seguridad e Infraestructura que permiten excepciones de compras y contrataciones en esas dos áreas.

Peron-itsmo

Vidal no habla con ningún jefe del PJ/FpV. Hacerlo equivaldría a elegir un "interlocutor" de esa diversidad y, en el mismo acto, poner a la defensiva a los demás. De ese modo, el peronismo que fue oficialismo hasta el 10 de diciembre apenas discute los números que Hernán Lacunza puso en el Presupuesto 2016 porque se mueve centrifugado por dos fuerzas opuestas: el malestar y la tendencia a la fractura entre La Cámpora y los territorios; y la urgencia por no producir, todavía, una fractura expuesta -como se anticipó en el Senado bonaerense- porque no aparece claro, en esta instancia, el beneficio de la ruptura.

José Ottavis, el neocamporista que se quedó con la jefatura del bloque de Diputados, donde hay 36 diputados aunque 12 lo hacen en "rebeldía", es el interlocutor formal vía Sarghini y el vidalista Manuel Mosca, bajo la mirada de Federico Salvai, el ministro de Gobierno de Vidal. Salvai autoriza, en paralelo, negociaciones con el grupo de los 12 como plan B ante un endurecimiento de Ottavis.

En el subbloque de los 12 confluyen diputados de Florencio Randazzo, de Julián Domínguez, el sciolista "Manino" Iriart y, entre otros, Eva Ramírez, de Quilmes. Expresan, por empatía, o por enemistad compartida, la postura de los intendentes que pretenden una vía propia de diálogo con Vidal, grupo donde se alinean Martín Insaurralde (Lomas), Fernando Gray (Echeverría), Mariano Cascallares (Brown), Gustavo Menéndez (Merlo) y Juan Zabaleta (Hurlingham), entre otros. Este club, con poder territorial, carece de poder legislativo.

Enfrente, más cerca de La Cámpora, juegan Jorge Ferraresi (Avellaneda), que ya pidió a Cristina para 2019, y Juan Patricio Mussi, de Berazategui, cuyo padre Juan José es diputado. El tercer actor son el esquema de Julio Pereyra y Alberto Descalzo, con epicentro en la FAM, y la posición de Fernando Espinoza, que dejó el municipio a Verónica Magario, y quiere tener centralidad en el PJ para negociar desde ese lugar en nombre de los territorios y el partido con volumen legislativo, hasta acá, irrelevante.

Puzzle

El puzzle del peronismo fuera del poder, o al menos una aproximación a cómo se ordenarán y ensamblarán esos clanes, es lo que se discute en la negociación del presupuesto bonaerense. Las juntadas en el PJ, tratando de enlazar a las dos expresiones, hicieron germinar un "paper" que se elevó a Vidal para que lo revise y tiene algunos anexos visibles y otros invisibles. El más grueso es el que pide que se detallen las obras y que en el listado se discuta lo que irá para los intendentes del PJ, una precondición que parece razonable pero trabajosa porque podría demandar unas cuantas sentadas acordar sobre ese punto si, claro, Vidal lo acepta.

La otra urgencia está latiendo y la expresó Lacunza cuando dijo que la prioridad, de asistencia a municipios, será para los alcaldes nuevos. Sin embargo, muchos distritos piden fondos para pagar salarios y aguinaldo para terminar un año difícil. Esa es la discusión que no está en los papeles y que importa, sobre todo, a los alcaldes ya que La Cámpora tiene poco territorio para poner la centralidad en la discusión salarial. Pero en el menú general de un peronismo sin rupturas, el pedido que llegará a Vidal vía Salvai deberá incluir, de manejar inevitable, el salvataje salarial a los municipios.

Dejá tu comentario