8 de octubre 2012 - 00:00

Violencia a prueba de ayudas sociales

Caracas - «Me provocaba quemar el barrio», dice María Elena Delgado, recordando la muerte del primero de tres hijos que perdió por la violencia en una barriada de Caracas, reflejo de la alta inseguridad en Venezuela y principal desafío para el próximo presidente. «Pero decía, Dios mío, violencia genera violencia, no puedo hacer esto porque mis hijos se van a meter en problemas», agrega la mujer, que ha vivido sus 57 años en el populoso barrio de Petare, donde su casa de ladrillo es una de las miles a medio construir, que apiñadas cubren los cerros de esta zona.

A Erasmo, de 15 años, lo usaron como «escudo en una riña entre malandros» (delincuentes). Un año después Norka, de 12 años, cayó por un bala perdida que le dio en la cabeza al cruzar la calle, y al tercero, Wilmer, de 40 años, un disparo le atravesó la cara durante un tiroteo antes de bajarse de un colectivo.

Y como si la muerte se ensañara con su familia, María Helena también perdió a un sobrino y a un nieto, en 2009 y 2010 respectivamente, cuando intentaron asaltarlos, cuenta esta madre de 15 hijos, ocho de ellos de crianza, sentada en el único sillón de su pequeña casa.

La historia de María Helena es apenas una muestra de la violencia en las calles de Venezuela, donde se registró una tasa de 50 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2011, equivalente a 14.092 asesinatos, ubicando al país como el más violento en América del Sur, indican datos oficiales.

El drama se repite en otro extremo de la ciudad; otra madre vive el luto de perder a un hijo. La mujer lánguida y de tez morena, espera en silencio el cuerpo de Yosmel, de 16 años, en la puerta de la morgue de Bello Monte de la capital.

En Petare, tres o cuatro veces al día se registran muertes durante disputas entre «bandas por la venta de droga, armas o el poder en el barrio», dice un policía, Gualter Pereira, durante un patrullaje nocturno por este barrio.

«Hacemos lo que podemos», señala resignado Pereira, quejándose de que «los delincuentes tienen mejores armas» que los policías.

Cadáveres de víctimas de la violencia llegan a diario a la funeraria Virgen de la Luz de Petare, dice su gerente, José Zamora.

Actualmente «atracan a una persona y porque no tiene dinero la matan, secuestran a una persona, cobran el rescate y matan a la persona. Es algo que no tiene una explicación lógica», comenta Zamora, añadiendo que «mientras más desigualdad social, más delincuencia».

Indica, sin embargo, que en su funeraria se velan principalmente «delincuentes» muertos a tiros.

Aunque en Venezuela no existe un conflicto armado o una guerra contra el narcotráfico, como en otros países de la región, estas muertes se registran a diario, la mayoría son crímenes con armas de fuego, según las autoridades.

Con 28,9 millones de habitantes, circulan por el país entre 9 y 15 millones de armas legales e ilegales, indican datos oficiales de 2009.

María Helena Delgado asegura que en su barrio «hay bastante gente armada» y que ahora las usan prácticamente para resolver «todos los problemas», sin lógica.

El presidente Hugo Chávez ha admitido que la violencia en el país es un problema «grave».

El Gobierno se defiende recordando que ha impulsado planes para combatir el crimen, como la creación de la policía nacional en 2009, operativos especiales de seguridad y una campaña de desarme, que arrancó el año pasado.

Sin embargo, el director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), Roberto Briceño, cuestiona la efectividad de estos planes y considera que la situación va más allá del tema social. Según el experto, la clave está en una institucionalidad débil y en la alta impunidad.

Se ha generalizado el uso de la violencia para «la resolución de conflictos normales en una comunidad que no encuentra salidas jurídicas-institucionales». «Lo que ocurre en Venezuela es que no ha existido una voluntad política que haga cumplir la ley», indica.

La experiencia de la señora Delgado también es testimonio de esta impunidad. Tras los asesinatos de sus hijos, asegura que «hubo varios encarcelados, pero a todos los soltaron». «Ahí hubo el poder del dinero: tú pagas y yo te suelto», sentencia.

Agencia AFP

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