14 de octubre 2009 - 00:00

Vuelve la novela de los dos socialismos

La fractura en el socialismo de Buenos Aires, producto de la cercanía o crítica al Gobierno de los Kirchner, tuvo el desarrollo previsible: el PS quedó, ayer, formalmente dividido al tener dos dirigentes que se autodefinen como titulares del partido.

El primer paso lo dio, la semana pasada, Carlos Nivio, dirigente marplatense alineado con el sector santafesino del PS y ligado a Rubén Giustiniani, secretario general del partido a nivel nacional.

Como contraofensiva, el grupo de socialistas K anunció ayer que Jorge Rivas, el ex vicejefe de Gabinete y actual diputado nacional, reasumió como máxima autoridad del socialismo bonaerense.

En medio hubo varios episodios: entre agosto y setiembre de 2008, el congreso nacional del PS -que sesionó en dos turnos, uno de los cuales terminó a las trompadas- dispuso, desde La Pampa, la intervención por seis meses, con la posibilidad de una única prórroga, el partido de Buenos Aires.

En julio pasado, el interventor convocó a elecciones pero las mismas fueron cuestionadas en la Justicia por los socialistas K que lograron, en primera instancia, el aval legal del juez federal con competencia electoral de La Plata, Manuel Humberto Blanco.

Pero los anti-K derivaron a la Cámara Nacional Electoral que, con algunas objeciones, autorizó la convocatoria y el proceso electoral. En medio, entre idas y vueltas, siguió corriendo el cronograma que los pro-Kirchner consideraron que debía replantearse.

Disputa

Como el oficialismo partidario no lo hizo, no participaron de una elección -que consideran irregular- en la que fue, el 20 de setiembre, electo Nivio como secretario general.

Frente a eso, los K lo desconocieron y resolvieron que, vencida la intervención el 29 de setiembre, debían asumir sus cargos los dirigentes que estaban al frente del partido cuando fue ordenada la «ocupación».

La disputa se encamina, rápidamente, a un entrevero judicial porque mientras los anti-K se presentan como válidos, sus rivales internos presentan su propia conducción y le pedirán a Blanco que disponga el llamado, si considera oportuno por medio de una intervención judicial, a nuevas elecciones para elegir a la cúpula partidaria.

En la práctica, el PS queda formalmente partido y vuelve al estadio previo a la reunificación de principios de 2000 cuando, tras años de convivir en partidos diferentes -PSP y PSD-, lograron fusionar ambas estructuras.

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