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Vuelve un Fernández K: Carlos va al Provincia
Carlos Fernández
A cuatro meses y medio de ser reemplazado por Amado Boudou, Fernández -caso inédito de ministro que bajó del gabinete al llano- recalará en una oficina del BAPRO, con la venia de Scioli pero, también, con el aval de Néstor Kirchner.
Anoche, el gobernador giró los pliegos del ex ministro y del actual senador Aldo Sivero. En las próximas horas, deberá resolver cómo se completará la grilla que deberá incluir otros dos nombres ya que en diciembre vence el mandato de cuatro de los ocho directores del BAPRO.
En simultáneo, deberá definir plazos y táctica: si apura la aprobación de los directores antes de que el PJ pierda la mayoría o si espera el recambio de legisladores, en cuyo caso tendrá que negociar con la oposición para lograr las designaciones.
A priori, según los movimientos de las últimas horas, la decisión del mandatario es apurar el trámite: este jueves, de hecho, podrían aprobarse los dos pliegos enviados.
En diciembre, caduca el período de Rafael Magnanini, alguna vez felipista que luego construyó buen diálogo con Scioli, Felix Cirio -un amigo de Solá-, Oscar Valdovinos que llegó con la venia del Movimiento Evita y Dámaso Larraburu, histórico dirigente del PJ, multirreelecto en el BAPRO.
Los únicos dos seguros son el ex ministro Fernández y Sivero, actual senador, a través del cual «cobra» el Senado pero que es, también, cercano al jefe de Gabinete sciolista, Alberto Pérez (nexo que debe rastrearse en General Alvear). Carlos tiene, por ahora, más suerte que Alberto F.
Los otros dos casilleros están en debate. Uno de ellos, atado a otros pormenores que quizá sólo se despejen sobre el 10 de diciembre, podría ser el titular de ARBA, Rafael Perelmiter, durante años contador personal de Scioli y su ministro de Economía durante un año y medio.
Si se produce ese movimiento, el gobernador deberá llenar la vacante de ARBA. No parece, en principio, que allí pueda volver Santiago Montoya que tiene más pretensiones. Tampoco que salte a ese casillero Alejandro Arlía para despejar Economía como posible destino de Montoya.
Por otro lado, Larraburu puja para repetir y cuenta con el pedido de Cristian Breitenstein, el alcalde de Bahía Blanca. Pero los tironeos se agitan en Casa Rosada: desde allí, un ministro lo sostiene y otro lo bombardea.
Aníbal Fernández, abocado a reconstruir fragmentos del PJ alguna vez duhaldista que había fugado del universo K, lo respalda como parte de su armado bonaerense que incluye a un aliado de Larraburu, Haroldo Lebed, incorporado a Agricultura por Julián Domínguez.
En tanto, al ministro del Interior, Florencio Randazzo, no le simpatiza la llegada de Larraburu: los dos «flacos» arrastran una malquerencia cruzada desde la caída en desgracia, que uno agitó y que otro trató de evitar, de Rodolfo López, ex intendente de Bahía Blanca.
A su vez, el Evita pide por la continuidad de Valdovinos cuyo mandato cae en el primer recambio del BAPRO de la era Scioli que en 2007 puso a Gustavo Marangoni y delegó en Guillermo Francos, presidente de la entidad, el resto de las butacas -llegaron Daniel Tillard y Carlos Magariños- salvo la que obsequió a Martín Redrado, quien «propuso» a Fabio Rodríguez, quien fue gerente de la Fundación Capital.
Pablo Ibáñez


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