19 de agosto 2011 - 00:00

Wainrot: “Este ‘tranvía’ necesitaba tener su ballet”

Mauricio Wainrot repondrá hoy, con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, «Un tranvía llamado deseo».
Mauricio Wainrot repondrá hoy, con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, «Un tranvía llamado deseo».
Hoy a las 14 el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín -que dirige Mauricio Wainrot- repondrá en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, y a once años de su estreno, «Un tranvía llamado deseo», con coreografía de Wainrot y música de Béla Bartók, inspirada en la obra de Tennessee Williams. Dialogamos con Wainrot:

Periodista: ¿Hubo modificaciones respecto de lo que se vio hace 11 años?

Mauricio Wainrot: No en cuanto a la obra en sí, pero es prácticamente un estreno, porque la compañía es otra: salvo Elizabeth Rodríguez, que hace el papel principal, todos los demás se incorporaron después, de manera que hubo que partir de cero. Una de las razones para remontar la obra es que este año se cumplen 100 años del nacimiento de Tennessee Williams. Yo la había hecho este año con el Ballet Nacional del SODRE de Montevideo, que dirige Julio Bocca, y fue un éxito enorme. No soy un coreógrafo que viva mirando sus coreografías, en realidad veo más cine que danza, pero cuando la vi en Uruguay pensé que tenía que hacerla de nuevo en el San Martín. Tengo que agradecer al SODRE que nos prestó la escenografía, en su momento nosotros les prestamos el vestuario y es bueno que tengamos este intercambio con Julio Bocca.

P.: ¿Cómo le había surgido la idea de crear «Un tranvía...»?

M.W.: En 1997 Iván Nagy, con el que yo ya había trabajado, me encargó una coreografía para su debut al frente del Ballet del Teatro Municipal de Santiago de Chile. Yo le propuse hacer esta obra que me venía dando vueltas en la cabeza desde hacía varios años, desde que estudiaba teatro, que fue una actividad previa a la danza. A partir de ver la película de Kazan con Marlon Brando y Vivien Leigh pensé que me gustaría hacer el papel de Kowalski, pero nunca imaginé que iba a hacer un ballet. Y esa compañía me daba la posibilidad de hacerlo, con muy buenos bailarines, con Marcela Goicoechea y Luis Ortigoza, y buena producción, porque la pieza tiene escenografía y vestuario importantes. Dentro de las muchas obras que he creado es una de las más importantes.

P.: ¿En qué medida influyó la película?

M.W.: Me quedó grabada la imagen de esos personajes y los mundos tan diferentes que representan Blanche y Kowalski. Todas las obras coreográficas son versiones libres, al no tener un texto sino al basarse en una secuencia de la acción, nunca es igual al original, y mi ballet empieza donde termina la de Tennessee, en el manicomio, y todo sucede dentro de ese lugar, con flashbacks donde Blanche recupera pedazos de su vida y su historia. El rol de ella está desdoblado en 4 bailarinas, una principal y 3 alter-egos, como imagen de su personalidad escindida. Y siempre está Kowalski al acecho de ella, y hay personajes en mi obra que en la de Tennessee son una referencia de ella a su pasado, como Alan, su marido, y otros. La obra se estrenó en 1948, y yo veo a Kowalski como un símbolo del triunfo de los americanos en la Segunda Guerra, como un animal fuerte y egocéntrico, y a Blanche como un personaje romántico de pre-guerra, que miente un pasado que perdió y está fuera de contexto esté donde esté, que se entrega por afecto, como en esa famosa frase del final del drama, «Siempre confié en la gentileza de los desconocidos». Es también una lucha generacional, y es lo que estuve trabajando al hacer el «coaching» de la obra.

P.: ¿Por qué eligió música de Bartok?

M.W.: Es el compositor que más me gusta, ya usé música suya para otras obras. Tengo mucha afinidad con él, me parece una música muy teatral y dramática, muy especial para contar la vida de ciertas situaciones que me interesa contar. En un momento había pensado en usar música de un compositor americano, pero me pareció que eso sería muy localista, prefería hacerlo con algo que tuviera que ver más con la interioridad de cada personaje.

Entrevista de Margarita Pollini

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