¿Qué sabe la tasa larga que nosotros, meros mortales, ignoramos? ¿Por qué se hunde, inclusive por debajo del umbral del 2,50%, como si fuera un puñal en manteca, y no vemos ni sentimos la puñalada? Los bonos del Tesoro son el refugio de la calidad: ¿qué es lo que se desmorona en silencio para que la tasa descienda a las zancadas? La angustia de Wall Street es palpable. Refleja el temor acentuado a lo desconocido. Y sucede a una fugaz irrupción de entusiasmo, el martes, cuando el S&P 500 se atrevió a coquetear con el récord de los 1.900 puntos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Las convicciones flamean conforme el viento sopla las cotizaciones. Y el declive de las tasas sin motivo aparente es un huracán a contramano. Un sudor frío recorre el espinazo de la Bolsa, y se pasa de hablar de conquistar las alturas a mascullar la cercanía del mercado bear en el breve recorrido de 200 puntos del S&P. Gurúes del pasado -como Ralph Acampora, el visionario de los 7 mil puntos del Dow Jones cuando lucían inalcanzables- y mánagers exitosos del presente -como David Tepper- señalan el futuro próximo con mala espina. A nadie le gusta ver una vez más el patín del Russell 2000, la canasta de las acciones de pequeñas compañías, nuevamente golpeando la puerta de una corrección del 10%, metiéndose dentro y fugándose recién el viernes a la tarde, en batalla inconclusa, perdidosa desde marzo.
Entre tener los pies en el paraíso de los récords y gozar de una visión inmejorable del infierno media, hoy en día, apenas una variación del 1% en las cotizaciones del S&P 500 (o el Dow Jones industrial). El infierno, físicamente, está muy lejos. Pero se sabe que rige la ley de la gravedad. O sea, tratamos un caso de vértigo. ¿Y por qué no hacer mutis por el foro, a estos precios excelentes, sin despeinarse? Es el vértigo de quien sufre más y se aferra a la baranda por no perderse la promesa de un gran espectáculo.
¿Qué talonea a los bonos? ¿Por qué suben y no dejan de hacerlo ni siquiera cuando las noticias sobre la superficie son desfavorables? La lectura de la inflación mayorista se desbordó en abril, y también los precios al consumidor. La renta fija no tiene protección frente a una erosión inflacionaria superior a la esperada y, sin embargo, se apreció aún más. Se supo que Rusia liquidó el 20% de sus tenencias de bonos del Tesoro (a su nombre) en marzo. ¿Importó? Hay compradores ávidos, parece, para el 80% restante. Y no piden rebajas.
¿Qué sabe la tasa larga (la curva en general, porque el descenso ha sido visible en todos sus tramos)? James Bullard, el titular de la Fed de St. Louis, dijo el viernes que prevé una suba de tasas cortas antes de marzo de 2015. Tampoco torció el destino. Pero, entonces, ¿qué se sabe? Probablemente, nada. No hay que descartar que el fenómeno sea mayormente ruido. La tasa larga sabe ser perspicaz (cantó la gravedad de la crisis de 2008 mucho antes que la Bolsa), pero no es infalible. Esta semana se pulverizó, pero las acciones de compañías de servicios públicos -estrechamente correlacionadas- no registraron nada comparable.
Bill Gross -mánager de bonos de Pimco y fabricante de teorías ad hoc- ventiló una "buena" explicación. La curva se estaría ajustando a la "nueva neutral", una reestimación de las tasas de interés de equilibrio -0% real y 2% nominal- en línea con una economía poscrisis abonada por siempre a un crecimiento potencial muy bajo. Es, obvio, una teoría hecha a medida. Más que predecir, dice lo que pasa. Sería irrelevante, si no fuera porque trascendió a la par que Ben Bernanke -en ágapes privados facturados a 250 mil dólares por reunión- habría sostenido que él no esperaba volver a ver la tasa de fed funds en el 4% en lo que le resta de vida (y no es un anciano, tiene 60 años). La tesis de la "nueva neutral" luce, pues, como una adaptación de contrabando de las ideas de Bernanke. Lo que mueve a la tasa, si es eso, no sería nada terrible para la coyuntura (aunque sí sería una limitante a largo plazo). El mercado lateral, que se quebró para los bonos, no tendría por qué romperse para las acciones. Y ése es nuestro escenario favorito. Los inversores buscan una brújula y es comprensible, aunque en un mercado que no va a ninguna parte tampoco se necesite especialmente.
Dejá tu comentario