21 de febrero 2022 - 00:00

Wall St. pelea en dos frentes (retrocede y se desgasta en ambos)

Rusia no invadió Ucrania el martes. Tampoco el jueves. Pero la amenaza perdura aunque Moscú la niega y la propia Ucrania, por momentos, la relativiza. Washington no duda: el presidente Joe Biden cree que el líder ruso, Vladímir Putin, “ya tomó la decisión” de atacar a su vecino en los próximos días. Los incidentes violentos, no la guerra en sí, comenzaron a irrumpir y elevar el tono como si fueran teloneros de una función lista para empezar (porque están los protagonistas y sus instrumentos) pero que aún debe resolver cuestiones de contrato, y puede no llegar a nada. No es la geopolítica una afición de Wall Street. Solo atiende sus vicisitudes cuando no queda otro remedio. Y de momento es un enigma que inquieta y no se logra descifrar. En cambio, los avatares de la Fed son especialidad de la Calle, y una obsesión. Con las tasas en cero, el banco central hizo de la comunicación - la forward guidance- un arma de precisión. Y con ella somete a los mercados a un bombardeo constante. El objetivo se cumplió. Nadie ignora que las tasas de fed funds iniciarán su despegue el 16 de marzo, que antes cesará la compra de bonos (la expansión cuantitativa), que la prioridad es abatir la inflación ubicada groseramente por encima de la meta de 2%, que las subas serán más veloces que en 2015-2018 y que también se recortará el balance (el endurecimiento cuantitativo) a gran escala y paso rápido. En enero, cuando se publicaron las minutas de la reunión de diciembre, la conmoción fue inmediata. No se veía tan claro el celo de las autoridades. La semana pasada, las minutas de enero no movieron ninguna aguja. Todo lo que se discutió ya lo sabíamos, y de hecho ahora sabemos mucho más. La inflación no cayó. Y se aceleró en tres renglones en los que menguó en diciembre: los precios de los bienes al productor, los precios de importación y los de exportación. La economía, por su parte, se quitó el lastre de la ola de ómicron. Y el consumidor volvió por sus fueros. Que lo digan las ventas minoristas. Se hundieron en diciembre, rebotaron con creces en enero. Si se chequea, ya están todas las condiciones presentes. La inflación recalienta, la economía encendió de vuelta sus motores, y los mercados están sobre aviso. No obstante, Powell, como Putin, no quiso una intervención inmediata. Aunque lo hostigue también un tábano zumbón. No el enemigo sino un disidente. “Los mercados pueden perder la fe de que la inflación va a bajar”, aguijonea Jim Bullard, de la Fed de Saint Louis. Hay que actuar ya, sostiene. ¿Suba de tasas inminente? No la hubo ni la habrá. La Fed de Powel no planea ir fuera de agenda. ¿Medio punto de alza en marzo? No veo razón convincente, le contestó John Williams, de la Fed de Nueva York (quien conducirá las operaciones). “La credibilidad de la Fed está en juego”, asevera Bullard. Williams firmó el estudio que señala que no es así. Los consumidores no ignoran el avance de la inflación pero traspasan solo una fracción a sus expectativas. Y en enero, con la inflación en ascenso, las expectativas cayeron por primera vez desde octubre. Y la inflación que prevén en cinco años es exactamente la misma que antes de la pandemia.

Son dos frentes de conflicto. Si se quiere personalizar: Putin vs. Biden, y Powell vs. Bullard. Los que mandan podrían abrir fuego, pero no mueven su artillería. Lo de Putin puede ser otro bluff, quizás compartido con Biden. Powell no bromea. El ruso necesita piso firme para desplazar sus fuerzas. Su ventana de oportunidad se extingue con el invierno boreal. Powell no juega a las escondidas y reservó fecha para marzo 16. Wall Street sufrió la aspereza de la Fed, y suspendió el rally inercial, pero se estabilizó a fines de enero y lanzó una contraofensiva que la guerra de nervios con el Kremlin derritió. Las idas y vueltas de Ucrania, jueves y viernes, fueron un esmeril. Y así merodean de nuevo los mínimos de enero. Una invasión sería tremendo, pero no una sorpresa. Sorpresa fue la caída brusca del precio del barril WTI jueves y viernes (el gas natural sí se mantuvo firme). O Putin en 2014 cuando anexó Crimea (y el shock adverso sobre los mercados duró poco). Ucrania más una suba de tasas sería un trago indigesto pero si demora a la Fed sería peor. Sin embargo, no es la primera vez que los fantasmas son más nefastos que la realidad. Cuando la incertidumbre es tan corrosiva, la vigilia puede dañar más que las definiciones.