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Wall Street lateraliza, Trump se desinfla y el Deutsche hace ruido
El candidato republicano no hace pie en su campaña, pero los inversores no se animan a descorchar champán. Ahí aparecen otros fantasmas.
Angela Merkel
Se baja Trump, pero Deutsche Bank sube al cartel (el único sitio donde sube). Mano a mano, riesgo por riesgo, Wall Street sale ganando por varios cuerpos. Aunque en el cómputo semanal, el índice S&P 500 arrojó un avance de apenas el 0,17%. Sin embargo, quitar a Trump del camino a Washington es cerrarle el paso al principal shock potencial en el escenario 2016-2017, y ahorrarles a los mercados un destino de trauma. En comparación, el asunto Deutsche Bank es una cefalea, ocasionalmente molesta pero remediable, que tiende a hacerse crónica -el mal de arrastre de mucha banca europea- ante la renuencia de las autoridades a exigir el tratamiento de inyección de capital privado, o, alternativamente, a firmar la receta de capital público. ¿Estamos, como se dice, ante un momento Lehman? Ni por asomo. Quizás la comparación más apropiada -todas son odiosas- es con un futuro momento UBS (2009) como cuando Suiza no tuvo otra salida que rescatar a su banco emblema. Sólo que habrá que esperar un tiempo. La canciller alemana Angela Merkel enfrenta elecciones el año próximo, y por culpa de la crisis de los refugiados ya no las tiene todas consigo. Será reticente a avalar un salvataje impopular que, hoy por hoy, no luce urgente (aunque ello suponga volver a repetir turbulencias como la del jueves pasado). Más allá de los afanes políticos, tampoco tiene sentido capitalizar la entidad cuando la raíz de sus actuales tribulaciones es un fallo administrativo del Departamento de Justicia de los EE.UU. que alcanza, en principio, a 14 mil millones de dólares (frente a los 16 mil millones que vale el banco en el mercado), pero cuyo monto final es susceptible de acuerdo entre las partes (lo usual en la industria todos estos años). Con la soga al cuello de una magra situación patrimonial, la negociación debería facilitarse. Va de suyo que el Departamento de Justicia no desatará una hecatombe global por el mero afán de cobrar una multa. No lo hizo cuando los bancos de los EE.UU. eran los que estaban en la picota. ¿No es jugar con fuego estirar tanto la resolución del conflicto? Desde ya. Lo que se vio esta semana es prueba convincente. ¿Se arreglará todo con una sanción de 5.400 millones de dólares como se rumoreó el viernes? No parece una mala estimación. La experiencia sugiere que el acuerdo, a la postre, se arrimará más a esa cifra que al número original. Y si fuera así, será una mancha más para el tigre -obligará a la venta de activos y a lanzar alguna futura emisión en el mercado que licúe a los actuales accionistas- pero no supondrá su extinción.
Wall Street cayó el 0,12% en septiembre. Otro tanto había perdido en agosto. Migajas. El mercado lateraliza. Chatura, sí, pero a gran altura. Los récords absolutos distan apenas un 1%. Que Trump no haga pie en su campaña amerita el descorche de champán. Y, sin embargo, el ánimo efervescente brilla por su ausencia. Los inversores tienen vía libre, pero no tienen confianza en su propia monta. Prefieren dar vueltas -allí se cuelan los Deutsche Bank y otras misceláneas- y esperar que los fundamentos traigan refuerzos. En dos semanas, la temporada de balances podría cubrir ese papel, pero tampoco sobra credulidad como para facturar el alza por adelantado.
