17 de octubre 2016 - 00:00

Wall Street se toma un respiro pero la Fed avanza sin titubear

El sugestivo discurso de la jefa de la Fed dejó abierta la posibilidad de que haya suba en diciembre, dejando de lado el gradualismo.

Janet Yellen.
Janet Yellen.
A Wall Street no le gustó el balance de Alcoa ni las peripecias incendiarias del Samsung Galaxy Note 7 ni la caída del 10% de las exportaciones de China en septiembre. Menos que menos la persistencia de las tasas largas por trepar cual enredadera (en una semana en la que los rendimientos de los bonos de 10 y 30 años perforaron sus medias de radio corto y largo). Quizás Wall Street podría haber tomado solaz en las desventuras de Donald Trump, pero no. Nadie se atreve a anticipar el funeral de un populista aunque lo vea cavar con ahínco su propia fosa, no en tiempos en los que ni el sentido común ni las encuestas de opinión son garantía de nada. Y para peor, si Trump arrastra a los candidatos republicanos a una debacle colectiva, arruinará el equilibrio político, la balanza de pesos y contrapesos en los EE.UU., y menudo problema de expectativas surgiría.

En la maraña de dudas, la Bolsa optó por dar el paso atrás. Rebotó luego con los estados contables de JPMorgan, Wells Fargo y Citigroup a la vista, los tres alentadores, y hasta ensayó, el viernes, un conato de rally que abortó pronto. Que queden anotados dos hechos relevantes, y que prometen traer cola favorable. La temporada de balances que arrancó con mal pie enderezó rápido el rumbo. Y lo hizo con creces: conocidos ya los números de 35 compañías del S&P 500, el 76% superó sus estimaciones de ganancias por acción, y el 62%, los de ingresos por ventas. Son registros por encima de la media del último lustro, y los impulsan generosos márgenes de sobrepaso. Las utilidades por acción informadas son un 6% más altas que lo esperado. La tesis de que la Bolsa podría cortar la racha adversa de cinco trimestres consecutivos con rentabilidad (interanual) en retroceso luce muy factible de alcanzar. Y como las cotizaciones recientes se han replegado, el nudo en el cuello de una valuación exagerada también se aflojó. El pesimismo dominante -que es como una neblina matinal, densa pero fácil de disipar con la ayuda del paso de las agujas del reloj- lejos de asustar, debería incitar a volver al ruedo.

Más trascendente aún para atisbar el futuro fue el discurso de la mujer que conduce la Fed, Janet Yellen, en Boston. En su contenido, nos devolvió, sin avisar, al taller donde se forja la política monetaria (retomando así el clima de revisión crítica previo a Jackson Hole). Yellen planteó si no sería razonable adoptar un enfoque de mayor relajación que deje correr a una economía de "alta presión", y se abstenga de interferir. En otras palabras, que la banca central permita, de manera temporaria, que la economía opere en condiciones robustas de demanda agregada y mercado laboral sin el celo preventivo de antaño. La iniciativa no nace de un repollo sino de la convicción de que la gran crisis financiera alteró el funcionamiento "normal" del sistema. Supone reconocer que hay daño en el potencial de crecimiento causado por histéresis (es decir, por la merma sostenida de la demanda agregada), y que una economía que "recaliente" podría ser de ayuda para su reversión. ¿Estancamiento secular, acaso? Yellen no llega a tanto (y la realidad tampoco), pero la preocupación por la anemia rumbea en la misma dirección que la postura de Irving Fisher de 1938, tras la Gran Depresión, y que resucitó Larry Summers en 2013.

Yellen no habló de suba de tasas. Su discurso no la invalida. Lo más probable, si todo sigue como está, es que la Fed la gatille con gusto en diciembre. Lo que sugiere es dar la pincelada pero suprimir la escalera de sucesivos aumentos de tasa tal como está planeada en el controvertido "mapa de puntos" que el banco central distribuye cada tres meses, pero le ha resultado imposible ejecutar. ¿Tolerará el banco central un alza temporaria de la inflación? Yellen no lo dice (sí lo propuso su sucesor en la Fed de San Francisco, John Williams). Si se quiere, ella nos deja en la antesala de un futuro cambio de metas de inflación. ¿Y qué pasará en los mercados con una "economía de alta presión"? La despresurización de los bonos soberanos ya se insinúa. Pero permitir que la economía corra no significa que lo haga. De hecho es lo que hoy todos ansían y nadie consigue. Sin embargo, a la Bolsa no habrá que insistirle mucho. Más allá de temores y recaudos, siempre fue rápida para los mandados.

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