Tan livianamente su superponen las aparentes «causas», para originar ondulaciones en los gráficos y que proveen del necesario sustento a las operaciones de «trading», que lo que surge como una novedad relevante queda dejada de lado en la siguiente. Ejemplo crudo fue lo visto en las dos primeras fechas de la semana, cuando a la jornada del lunes se la decapitó en la mitad del avance, invocando a los griegos, siendo que en la víspera el tan preocupante argumento se fue al cesto de las cuestiones desechables y cuando pasó a otros tópicos, que jugaron de positivos. Con lo cual, se produjo un empalme con la primera parte del lunes, volviendo a conquistar terreno en ascenso y en todos los índices internacionales. Una especie de «budín» hecho de panes diversos, tanto como para ponderar colocaciones de deuda de países europeos, como datos de Estados Unidos. Puesto al horno, fue tomando el tono dorado que ya no abandonó hasta el final del día.
De allí surgió el Dow Jones con más del 2% de repunte, transmitido a un Bovespa más sobrio y con un 1,4% de alza. Para culminar en los «mervales», donde según la presencia -o no- de Tenaris en la nómina, tanto dejó un 1,9% en la lista mayor, como sólo un 1,2% en las locales. Diferencias de 52 alzas, con 13 bajas, rubricaron una faena que devolvió al índice principal a los 2.326 puntos, que había llegado a gozar en el intradiario del lunes. Casi $ 41 millones de efectivo, algo menor pero igualmente apto para dotar de liquidez. Dos ruedas globales que denotaron el lamentable tránsito de la tendencia, por zonas expuestas a la voluntad de quienes maltratan diariamente a los mercados como en la única estrategia vigente: la del «canibalismo», comiéndose entre todos. La Bolsa, en la olla.
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