26 de agosto 2016 - 00:00

Zubin Mehta en el Teatro Colón: la lección del maestro

Semana inmejorable para la música clásica, con la presentación del gran músico indio en dos conciertos antológicos, en especial el segundo, en el que se interpretó la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler.

Glorioso. Mehta al frente de la Orquesta Filarmónica de Israel.
Glorioso. Mehta al frente de la Orquesta Filarmónica de Israel.
La simbiosis que a lo largo de los años han establecido la Orquesta Filarmónica de Israel y el director indio Zubin Mehta se puso de manifiesto nuevamente en esta visita a Buenos Aires y en los conciertos que brindaron en el Teatro Colón. Ambas presentaciones tuvieron aristas diferentes, pero un grado parejo de excelencia e intensidad. El domingo, el repertorio transitó un arco expresivo que partió de la brillante "Obertura Carnaval" de Dvorák, ya asombrosa por el despliegue de energía, la homogeneidad del conjunto y la precisión rítmica de su interpretación, y concluyó con una versión excepcional de "Una vida de héroe", el poema sinfónico autobiográfico de Richard Strauss; si toda la orquesta tuvo oportunidad de lucir su cohesión, hubo también un lugar destacado para el concertino, soberbio en su difícil parte. Entre ambos extremos, la Filarmónica de Israel desplegó toda la voluptuosidad sonora, la curva dinámica y la paleta cromática que reclama la segunda suite de "Dafnis y Chloe" de Ravel. Dos obras fuera de programa, la "Danza eslava" en sol menor de Dvorák y la obertura de "Bodas de Fígaro" (resuelta con el volumen justo) remataron este reencuentro.

Pero para muchos el plato fuerte estaba en el segundo programa (y de hecho la convocatoria de público fue mayor): la Tercera sinfonía de Gustav Mahler, con el concurso de los coros Estable (voces femeninas) y de Niños del Teatro, ambos excelentes, y de la mezzo Lioba Braun. El gran fresco vital y espiritual construido por Mahler alcanzó un nivel de intensidad magnífico. Por más que se haya visto dirigir a Zubin Mehta, es imposible dejar de asombrarse por la sabiduría que emana de él. Aun en los momentos de mayor exaltación sonora conserva su centro y nada en sus gestos parece ser superfluo. Ser el foco de atención y volcarlo todo en los demás: una clave de la dirección orquestal que Mehta domina como pocos.

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