11 de mayo 2015 - 00:00

Zunino: “Me apropié del doctor Lacan”

Pablo Zunino inició una nueva temporada de “La Obra Completa del Dr. Lacan”, ahora con su propia interpretación.
Pablo Zunino inició una nueva temporada de “La Obra Completa del Dr. Lacan”, ahora con su propia interpretación.
El sábado subió a escena en el Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1062) "La Obra Completa del Dr. Lacan", una comedia escrita, dirigida y ahora también protagonizada por Pablo Zunino, quien además de ejercer el psicoanálisis cuenta con una reconocida trayectoria como periodista especializado en teatro. La obra narra las tribulaciones del psicoanalista francés que, apenas unos meses después de las revueltas de Mayo de 1968, llegó a la Escuela Normal Superior de París a dictar su afamado Seminario y se encontró, inesperadamente, con la sala vacía. Esto da pie a un diálogo con la Señora Gloria (su secretaria española) que incluye material fílmico, sueños y pesadillas a todo color y una serie de actividades de orden lúdico. El papel de Gloria sigue a cargo de Silvia Armoza, ex Gambas al Ajillo, el grupo Loca... como tu madre, y que en TV participó en tiras y programas como los de Antonio Gasalla y Jorge Guinzburg.

"Si no me equivoco, después de esta experiencia de actuación voy a ser el único bicho de teatro en Buenos Aires que haya transitado por todas las posiciones del mundo teatral" -informa Zunino-. "Fui cronista, crítico, jefe de prensa, productor, autor, director, presentador, operador de luces y sonido y sobre todo espectador". Dialogamos con él:

Periodista: ¿Qué lo impulsó a actuar?

Pablo Zunino:
Varios motivos. El primero fue el alejamiento de Mario Mahler al finalizar la tercera temporada y antes de estrenar esta versión definitiva. El segundo es que durante todas las funciones hice un pequeño speech de apertura del que disfruté muchísimo. Empezó como un chiste para advertir sobre los celulares y para tranquilizar a la gente respecto a los contenidos de la obra -no hay que ser un especialista en psicoanálisis para disfrutar de esta comedia- y con el tiempo el numerito fue creciendo hasta convertirse en un sketch de unos 12 minutos. Al verlo, varios críticos me dijeron: "Ah, sos actor". Para mí eso no era actuar, pero ahora espero demostrar que ellos tenían razón. Por otro lado, el número resultó muy eficaz: en 220 funciones sólo sonaron dos celulares.

P.: ¿Basta el propio deseo para ser actor?

P.Z.:
No cualquiera puede ser actor. Pero creo que alguien que no es actor puede llegar a actuar. Hay que recordar cómo Vittorio de Sica hacía lucir en sus películas a gente de la calle. Yo nunca estudié actuación, pero tengo una intensa formación musical y el manejo de la voz que me dio el trabajo en radio. Si algo aprendí de actuación fue mirando desde la butaca y durante muchos años, a los mejores y a los peores intérpretes.

P.: ¿Qué información se lleva el público raso?

P.Z.:
Que el psicoanálisis trabaja con el lenguaje y que no tiene que ver con pastillas ni químicos. Lo que no es poco decir en una época tan medicalizada como la nuestra. La gente se va con ganas de leer a Lacan, o al menos de googlearlo e investigar un poco en su teoría. No quise meterme en su vida privada, como hizo Elizabeth Roudinesco, que entre otras cosas habló de la bigamia de Lacan y generó un chusmerío, estilo Jorge Rial, entre los psicoanalistas franceses. Yo puse foco en una situación de puertas cerradas que permite desarrollar varias cuestiones que le preocupaban a Lacan, como el futuro de su obra y el temor de que su legado se convierta en una jerga repetitiva o en una marca comercial. Y no idealizamos al personaje. Al contrario, mostramos de un modo un poco irreverente las miserias neuróticas que yo le supuse, sin caer en el verdugueo. En la intimidad, Lacan se muestra como un tipo demandante, caprichoso. Y si el público se ríe con eso, los psicoanalistas se ríen tres veces más.

P.: ¿No lo pone nervioso encarnar al maestro?

P.Z.:
Estoy familiarizado con él. Siento que me apropié del personaje. Lacan era muy histriónico y su yerno Miller lo comparó con Sacha Guitry. Pero si tengo que buscar un equivalente de acá, sería como un Darío Vittori en plan vodevil franchute. El golpe más fuerte lo tuve con la caracterización física. Hace quince años que no tengo pelo y de pronto verme con el pelo canoso, que me da un aspecto de más de 70 años, cuando sólo tengo 58, fue una conmoción. Pasé por sucesivos coiffeurs y a todos les dije que si nos íbamos para el lado de Rolo Puente o De la Sota, era mejor abandonar todo realismo. Imaginé a un Lacan superpuesto con Groucho Marx, pero no fue necesario. Conseguí a la peluquera que le está haciendo el bisogné a Grandinetti para la película del Papa Francisco y la caracterización quedó real: fui hasta el bar y no me reconocieron.

Entrevista de Patricia Espinosa

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