Cómo será la "nueva normalidad" en el mundo laboral y la actividad comercial

La economista Romina Gayá planteó que la pandemia trajo aparejada una nueva forma de trabajar y en el comercio. ¿Cuántos de estos persistirán cuando el COVID-19 haya sido controlado?

La pandemia del Covid-19 impuso una “nueva normalidad” en todos los sectores, y el mundo laboral y comercial no está ajeno a todos esos cambios, muchos de los cuales ya comenzaron a implementarse en medio del aislamiento obligatorio y continuarán vigentes cuando los países hayan recuperado su ritmo habitual.

Economía de la distancia física, teletrabajo y automatización en la atención al público, son las algunas de las alternativas que suenan fuerte por estos días en el mundo laboral para retomar las actividades, cuidando a los empleados y a los clientes.

Romina Gayá, economista especializada en comercio y tecnología, destacó en diálogo con Ámbito que en la “nueva normalidad” traerá –y de hecho, ya trajo- una nueva forma de trabajar y establecer relaciones comerciales, tanto locales como internacionales.

Gayá explicó, en relación a la economía de la distancia física, que las empresas en todo el mundo están implementando distintas medidas para retomar sus actividades o en vista a hacerlo: turno rotativo para limitar la presencia física de los trabajadores, a un mismo tiempo dentro de un mismo establecimiento.

Asimismo en los comercios continuará habiendo un ingreso restringido y, por ejemplo, en restaurantes se estudia quitar mesas para contar con más espacio entre los comensales.

Con respecto a la modalidad teletrabajo, la economista planteó que “hasta antes del Covid-19, las empresas ofrecían el ‘home office’ como un beneficio por la llegada de un hijo, o en días específicos; sin embargo, con el aislamiento muchos compañías se dieron cuenta de algo que consideraban imposible: la mayoría de las tareas se pueden realizar a distancia”.

Entonces, el teletrabajo no será un ‘beneficio para los empleados’ sino para las empresas que podrán bajar costos reduciendo espacios o consumos en el ámbito laboral.

“El teletrabajo requiere de un cambio cultural: antes de la pandemia había muchas personas que consideraban que algunos trabajos no se podrían realizar a distancia, y ahora saben que sí se puede y que en muchos casos la productividad es la misma o superior”, resaltó Gayá.

Otra cuestión que cambiará –al menos en una primera etapa- es la costumbre de hacer reuniones numerosas o viajes corporativos. “Todo eso seguirá por videoconferencia por mucho tiempo, e incluso algunos quedarán de manera definitiva”, dijo.

La automatización en el sector de atención al público es otra de las alternativas que contará con muchos incentivos, sobre todo por la necesidad de reducir el contacto físico entre personas.

En este sentido, tres consultoras de Recursos Humanos –nos referimos a Grupo Adecco, Manpower y Randstad, están impulsado protocolos de seguridad y de seguridad ocupacional en base a cinco principales áreas: control de acceso y cuarentena, teletrabajo, planificación del trabajo y de los turnos, higiene y salud, y cumplimiento y comunicación; la propuesta es para esta etapa de “nueva normalidad”.

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Comercio externo

La pandemia puso en jaque a las cadenas de suministros globales, provocando el desabastecimiento de insumos y materias primas a medida que se iban aislando los países; así que pasado ese primer momento lo esperable es una reconfiguración del comercio internacional.

Gayá comentó que “con la pandemia, se hizo evidente que la opción de contar con un único proveedor es peligrosa, y a futuro se trabajará en reducir la dependencia exclusiva”.

“Cuando se cerraron Wuhan (ciudad china de donde surgió el Covid-19), muchas empresas de todo el mundo se quedaron sin producir porque sus proveedores de materia prima e insumos estaban en esa región; por eso habrá incentivo para diversificar los proveedores o para regresar operaciones a los países de origen sobre todo en países desarrollados”, planteó Gayá.

Incluso “aquellos países con costos laborales altos apuntarán la automatización de procesos productivos”, afirmó.

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Esto modifica también las cadenas de valor a nivel mundial, a partir de las cuales una compañía esparcía su producción por distintos países para producir sus productos a fin de optimizar recursos a través de ser eficiente en términos de costos, logística, trabajo, de capital, beneficios impositivos, acceso a canales de distribución.

“Las empresas no sólo a la eficiencia sino en la resilencia, en esa capacidad de adaptarse, de diversificar proveedores y de encontrar otras fuentes alternativas”, destacó Gayá.

Para la economista, estos cambios en la configuración del comercio global abre una oportunidad para Argentina y para países que no están tan insertos en las cadenas de valor. “En nuestro país o Brasil los costos laborales son muchísimos más altos que en Asia, pero tal vez surjan empresas que estén dispuestas a pagar un precio mayor por un producto con el objetivo de diversificar a sus proveedores”, planteó.

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