2 de julio 2026 - 12:31

E-fuels: el combustible del futuro que puede convertir a la Argentina en una potencia energética global

Un trabajo técnico de las investigadoras de Y-TEC reveló que el país reúne condiciones excepcionales para producir combustibles sintéticos renovables. Recursos naturales, infraestructura y demanda internacional abren una oportunidad que trasciende al hidrógeno verde.

La Patagonia, Cuyo y el NOA aparecen entre las regiones con mejores condiciones para desarrollar e-fuels gracias a sus recursos eólicos y solares, según el Global PtX Atlas.

La Patagonia, Cuyo y el NOA aparecen entre las regiones con mejores condiciones para desarrollar e-fuels gracias a sus recursos eólicos y solares, según el Global PtX Atlas.

Mientras el mundo acelera la transición energética, hay un desafío que sigue sin una solución definitiva: cómo descarbonizar sectores como la aviación y el transporte marítimo, donde la electrificación masiva todavía resulta inviable. En ese escenario comienzan a ganar protagonismo los e-fuels, también conocidos como combustibles sintéticos renovables de origen no biológico, una tecnología que podría convertirse en uno de los grandes negocios energéticos de las próximas décadas.

Un completo trabajo técnico elaborado por Chantiri Bárbara y María Angélica Jaworski, investigadoras de Y-TEC, publicado en Petrotecnia, la revista del IAPG, sostiene que Argentina reúne condiciones excepcionales para transformarse en uno de los principales productores mundiales de estos combustibles gracias a su enorme potencial renovable, disponibilidad de agua e infraestructura energética.

¿Qué son los e-fuels?

Los e-fuels son combustibles sintéticos elaborados a partir de electricidad renovable, agua e hidrógeno verde, combinados con dióxido de carbono capturado del aire o proveniente de fuentes biogénicas. El resultado es un combustible líquido o gaseoso capaz de reemplazar parcial o totalmente a los derivados del petróleo sin necesidad de modificar significativamente la infraestructura existente.

A diferencia de los combustibles fósiles, su objetivo es reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero durante todo su ciclo de vida. Las investigadoras explican que existen dos grandes familias de e-fuels.

Por un lado aparecen los combustibles basados en carbono, conocidos como Power-to-Liquid (PtL) o Power-to-Gas (PtG), entre los que se encuentran el e-querosén para aviación, el e-metanol y el e-metano. Su principal ventaja es que pueden utilizarse en motores, barcos y aeronaves ya existentes con modificaciones relativamente menores.

La segunda categoría incluye al hidrógeno y al amoníaco verde. Aunque son más simples y económicos de producir, presentan mayores dificultades logísticas debido a los requerimientos de almacenamiento, transporte y abastecimiento, además de necesitar nuevos sistemas de propulsión.

La gran apuesta para la aviación y el transporte marítimo

El trabajo remarca que la aviación comercial y el transporte marítimo representan dos de los sectores más difíciles de electrificar.

La razón es simple: las baterías actuales poseen una densidad energética muy inferior a la de los combustibles líquidos tradicionales, lo que hace prácticamente imposible realizar vuelos intercontinentales o largas travesías oceánicas únicamente con energía eléctrica.

Por eso, los e-fuels aparecen como una alternativa capaz de conservar la autonomía y las prestaciones actuales reduciendo simultáneamente las emisiones de carbono.

Sin embargo, las autoras advierten que todavía existe un importante desafío económico. La producción continúa siendo costosa, requiere enormes cantidades de electricidad renovable y tecnologías de electrólisis y captura de carbono que aún deben escalar industrialmente. Estiman que pasarán al menos diez años antes de que estos combustibles alcancen una participación significativa en el mercado mundial.

Europa está creando el mercado

Más allá del desarrollo tecnológico, el principal motor del crecimiento serán las regulaciones.

La Unión Europea ya comenzó a exigir la incorporación obligatoria de combustibles sostenibles tanto para la aviación como para el transporte marítimo mediante las iniciativas ReFuelEU Aviation y FuelEU Maritime.

En aviación, el objetivo es que el combustible suministrado en los aeropuertos europeos incorpore progresivamente SAF (Sustainable Aviation Fuel), alcanzando un 70% hacia 2050, con una participación creciente de combustibles sintéticos.

En paralelo, la Organización Marítima Internacional (OMI) fijó como meta que el transporte marítimo alcance emisiones netas cero hacia mediados de siglo, impulsando la utilización de combustibles de bajas emisiones.

Según el trabajo publicado en Petrotecnia, estas regulaciones están creando una demanda futura que difícilmente pueda ser abastecida únicamente con producción europea, abriendo una oportunidad para nuevos exportadores.

Argentina aparece entre los países con mayor potencial

Uno de los aspectos más destacados del estudio es el análisis del posicionamiento argentino.

Las investigadoras señalan que el Global PtX Atlas identifica que el 80% del potencial mundial para producir combustibles sintéticos se concentra en apenas diez países. Dentro de ese grupo, Argentina ocupa el tercer lugar, solamente detrás de Estados Unidos y Australia.

Esa posición responde a una combinación poco frecuente de ventajas competitivas:

  • abundante recurso eólico y solar;

  • disponibilidad de agua para la producción de hidrógeno verde;

  • grandes extensiones territoriales;

  • costos competitivos de generación eléctrica renovable;

  • infraestructura logística y energética ya desarrollada.

A diferencia de otros países que deberían construir prácticamente toda su cadena industrial desde cero, Argentina dispone de refinerías, oleoductos, gasoductos, puertos, zonas francas e instalaciones capaces de facilitar el procesamiento y posterior exportación de estos nuevos combustibles.

Patagonia lidera las oportunidades

El estudio identifica especialmente a la Patagonia como uno de los polos con mayores ventajas competitivas del planeta gracias a sus excepcionales recursos eólicos.

Entre los proyectos más avanzados figura Eco Refinerías del Sur, impulsado en Chubut, que prevé producir inicialmente 100.000 toneladas anuales de SAF, volumen suficiente para abastecer grandes aeropuertos utilizando energía renovable patagónica.

También sobresale el Proyecto Gaucho, de RP Global, en Santa Cruz, que proyecta instalar 3 GW de electrólisis alimentados por un parque eólico de 4,2 GW para producir hasta 1,7 millones de toneladas anuales de amoníaco verde, destinado principalmente al mercado europeo.

Mucho más que hidrógeno verde

Las autoras sostienen que los e-fuels podrían transformarse en un nuevo vector exportador para Argentina.

Además del recurso renovable, el país dispone de fuentes biogénicas de CO, infraestructura industrial, redes de transporte de hidrocarburos y capacidad portuaria que podrían acelerar el desarrollo de esta nueva industria.

Al mismo tiempo, recuerdan que los e-fuels presentan ventajas ambientales respecto de otras alternativas: generan menores emisiones durante todo su ciclo de vida, requieren menos superficie que muchos biocombustibles y utilizan materias primas renovables prácticamente ilimitadas. Su principal desafío sigue siendo la elevada demanda de electricidad renovable y los costos actuales de producción.

Una ventana que recién comienza

El trabajo concluye que los biocombustibles seguirán desempeñando un papel importante durante la transición energética, pero advierte que presentan limitaciones asociadas a la disponibilidad de materias primas y a la competencia con la producción de alimentos.

En ese contexto, los e-fuels no aparecen como un reemplazo inmediato sino como el complemento indispensable para que sectores como la aviación y el transporte marítimo puedan alcanzar el objetivo global de cero emisiones netas en 2050.

Con Europa demandando crecientes volúmenes de combustibles sostenibles y un escenario regulatorio cada vez más exigente, Argentina podría contar con una oportunidad histórica para transformar su enorme potencial renovable en una nueva industria exportadora de alto valor agregado, capaz de posicionar al país como uno de los proveedores estratégicos de la transición energética mundial.

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