13 de abril 2026 - 19:45

Las pymes energéticas mejoran su nivel de actividad, pero crecen las alertas por competitividad y empleo

Energy Report accedió al último relevamiento del GAPP, que analiza el desempeño de las proveedoras del sector energético durante el primer trimestre de 2026. Los datos muestran una recuperación concreta de la actividad, aunque con un cambio en el clima empresarial hacia una mayor prudencia.

El informe del GAPP al que accedió este medio deja una conclusión contundente: la reactivación existe, pero todavía no es sinónimo de estabilidad. 

El informe del GAPP al que accedió este medio deja una conclusión contundente: la reactivación existe, pero todavía no es sinónimo de estabilidad. 

Foto: Agencia Noticias Argentina

El arranque de 2026 trajo consigo una señal alentadora para las pymes industriales vinculadas al sector energético y, en particular, a Vaca Muerta: la actividad comenzó a recuperarse de manera visible. El relevamiento del Grupo Argentino de Proveedores Petroleros (GAPP), elaborado sobre 160 empresas, muestra que la utilización de la capacidad instalada mejoró de forma significativa respecto al cierre del año pasado .

Según el estudio que recibió Energy Report, el 52% de las empresas opera actualmente con niveles de capacidad ociosa bajos o nulos, lo que implica que más de la mitad del entramado productivo está trabajando prácticamente a pleno. Se trata de un salto relevante frente al 34% registrado a fines de 2025 y confirma que la demanda en sectores como oil & gas y minería comenzó a traccionar la actividad.

Al mismo tiempo, la franja de empresas con niveles intermedios de ociosidad se redujo, mientras que los casos más críticos también retrocedieron. Según el reporte del GAPP, el segmento con ociosidad media (25% a 50%) se redujo del 51% al 38% actual.

Mientras que en los denominados "niveles críticos", la capacidad ociosa alta y muy alta (más del 50%) mostró una caída, pasando del 16% al 10% en este trimestre. El mapa general muestra así un sistema productivo más activo, aunque todavía con heterogeneidades.

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Capacidad ociosa de las pymes industriales del sector energético de enero a marzo del 2026.

Capacidad ociosa de las pymes industriales del sector energético de enero a marzo del 2026.

El empleo, entre la reactivación y el ajuste

Sin embargo, esta mejora en el nivel de actividad no se traduce de forma lineal en el frente laboral. El informe revela que el 47% de las empresas reportó algún tipo de afectación en su dotación de personal, un dato que se mantiene sin cambios respecto al trimestre anterior.

Detrás de ese número aparecen distintas estrategias empresarias para adaptarse al contexto. En muchos casos se registraron despidos, pero también recortes de turnos, reducción de jornadas e incluso suspensiones. Es decir, la reactivación convive con una lógica de prudencia en la gestión del empleo.

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El ajuste laboral se concentró principalmente en despidos (31%), seguido por reducción de turnos o jornadas (15%) y, en menor medida, suspensiones (1%).

El ajuste laboral se concentró principalmente en despidos (31%), seguido por reducción de turnos o jornadas (15%) y, en menor medida, suspensiones (1%).

Aun así, emerge una señal levemente positiva: creció el número de empresas que no cancelaron nuevas incorporaciones previstas. Los datos demuestras que sí hubo una apertura en la contratación: el 66% de las empresas no tuvo que cancelar ingresos previstos, una mejora sustancial frente al 70% que sí debió cancelarlos o demorarlos a finales de 2025. Esto sugiere que, si bien el ajuste sigue presente, comienza a abrirse un margen para la recomposición de plantillas en aquellos segmentos donde la actividad se consolida.

Contratos: mejora en los tiempos, pero no en los márgenes

Otro de los ejes centrales del relevamiento es la dinámica contractual, donde se advierte una mejora parcial. Por un lado, los plazos de negociación y cumplimiento muestran mayor previsibilidad, lo que constituye una señal favorable en un sector históricamente afectado por demoras en los pagos.

En efecto, más de la mitad de las empresas asegura que los tiempos acordados se cumplen, un avance significativo respecto del trimestre previo. También disminuyeron las demoras intermedias en los pagos.

El estudio indicó que el cumplimiento de los tiempos preestablecidos en las negociaciones subió del 39% al 53%. Un 37% afirma que los plazos de pago demoran entre 3 y 6 meses, una caída en comparación al 54% del trimestre anterior.

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Sin embargo, este avance no se replica en los aspectos económicos. Los problemas para lograr actualizaciones de tarifas siguen prácticamente sin cambios, y una porción importante de las empresas reconoce que solo consigue revisiones bajo condiciones desfavorables, como descuentos o concesiones.

Las demoras en las negociaciones superiores a seis meses subieron del 7% al 11%, mientras que un 44% sigue logrando revisiones solo bajo condiciones desventajosas o descuentos, al igual que a fines del 2025.

En este punto, el diagnóstico es claro: mejora la dinámica operativa, pero la rentabilidad continúa bajo presión.

Pymes Vaca Muerta: del optimismo a la cautela

Quizás uno de los cambios más relevantes del informe es el giro en el clima empresarial. Si hacia fines de 2025 predominaba una visión optimista, el inicio de 2026 muestra un escenario más moderado.

El optimismo retrocedió de manera significativa, mientras que creció con fuerza la postura cautelosa entre los empresarios. Este cambio no responde a una caída de la actividad, sino a la falta de certezas sobre la evolución futura del sector.

Los grandes proyectos energéticos, como los vinculados al RIGI, el desarrollo de Vaca Muerta o las iniciativas de GNL, aparecen como el factor clave que podría modificar este escenario. Sin embargo, mientras su ejecución efectiva no se materialice, las expectativas se mantienen contenidas.

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La suma de

La suma de "Altamente optimistas" y "Optimistas/expectantes" descendió del 60% al 48%. Otro 48% de los empresarios se declara ahora "Moderado/cauteloso". La preocupación arrojó 4%.

Más allá de la coyuntura, el relevamiento identifica con claridad el problema estructural que atraviesa al sector: la competitividad. Ocho de cada diez empresas la señalan como su principal preocupación, muy por encima de otros factores.

Esta preocupación se vincula con múltiples variables: costos, productividad, presión impositiva, dificultades para importar insumos y condiciones de financiamiento. A esto se suman los plazos de pago, que siguen siendo una fuente de tensión, y la dinámica de la actividad en sectores clave como oil & gas y minería.

El resultado es un escenario en el que las empresas producen más, pero lo hacen en condiciones exigentes, con márgenes ajustados y alta incertidumbre.

Una recuperación real, pero aún frágil

El informe del GAPP al que accedió este medio deja una conclusión contundente: la reactivación existe, pero todavía no es sinónimo de estabilidad. La mejora en la utilización de la capacidad instalada y en algunos aspectos operativos convive con tensiones estructurales que condicionan el desarrollo del sector.

La presión externa -en términos de costos, competitividad y condiciones de mercado- sigue siendo elevada, y se traduce tanto en decisiones laborales como en estrategias empresarias más conservadoras.

En este contexto, el futuro de las proveedoras del sector energético estará fuertemente ligado a la concreción de los grandes proyectos que hoy están en carpeta. Si esas inversiones se materializan, podrían consolidar el proceso de recuperación. De lo contrario, la cautela podría transformarse en un freno. Por ahora, el escenario es claro: más actividad, pero también más prudencia.

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