8 de agosto 2026 - 14:38

Litio: Argentina acelera su salto productivo, pero la industria debate cuánto producir y cuánto procesar en el país

Referentes de la industria coincidieron en que Argentina atraviesa un cambio de escala, aunque advirtieron por los desafíos de infraestructura, estabilidad, tecnología y financiamiento. Un fuerte debate surgió alrededor de si la región debe exportar concentrados o avanzar en la producción local de químicos de litio.

La pregunta ya no es únicamente si Argentina tiene litio. Es qué proyectos serán competitivos, qué tecnología utilizarán, cómo conseguirán financiamiento, cómo resolverán la infraestructura y qué lugar ocuparán dentro de una cadena global dominada por China.

La pregunta ya no es únicamente si Argentina tiene litio. Es qué proyectos serán competitivos, qué tecnología utilizarán, cómo conseguirán financiamiento, cómo resolverán la infraestructura y qué lugar ocuparán dentro de una cadena global dominada por China.

La industria del litio sudamericana atraviesa un momento de inflexión. Argentina dejó de ser solamente una promesa geológica y comenzó a consolidarse como un productor con operaciones en expansión, mientras Chile enfrenta mayores restricciones para desarrollar nueva oferta y Brasil aparece como una alternativa con potencial para diversificar el mapa regional.

Ese fue uno de los principales ejes que atravesó el encuentro Fastmarkets Lithium South America: Market & Investment Outlook, realizado el 5 de agosto en el Hotel Sheraton Buenos Aires ante más de 350 participantes vinculados con la minería, las finanzas, la tecnología y la cadena de valor de las baterías.

El diagnóstico general tuvo un punto de coincidencia: Sudamérica seguirá teniendo un papel central en el mercado mundial del litio, pero el liderazgo no estará determinado únicamente por el tamaño de los recursos. La discusión pasó a concentrarse en la capacidad para transformar esos recursos en proyectos competitivos, financiables, sostenibles y capaces de operar durante décadas.

La agenda oficial del encuentro estuvo precisamente enfocada en el lugar de Sudamérica dentro del mercado global, los desafíos para desarrollar proyectos, las tendencias de demanda, los flujos comerciales, los precios y las oportunidades de inversión.

“La industria del litio está pasando de ser una industria medida en ciclos a una industria medida en décadas”, señaló Alfredo Fierro, de la embajada británica en Buenos Aires en la apertura del evento de Fastmarkets.

“La industria del litio está pasando de ser una industria medida en ciclos a una industria medida en décadas”, señaló Alfredo Fierro, de la embajada británica en Buenos Aires en la apertura del evento de Fastmarkets.

En ese contexto, Alfredo Fierro, Director de Trade & Investment de la Embajada Británica en Buenos Aires, planteó una pregunta que sintetizó buena parte del debate: “¿Puede Argentina convertirse en uno de los proveedores de minerales críticos más confiables del mundo? Más aún, ¿puede Argentina convertirse en una de las grandes historias de éxito de la transición energética global?”.

La respuesta, según el diplomático, dependerá de algo más que de la disponibilidad de recursos. “Los recursos naturales crean oportunidades, pero la geología por sí sola no crea prosperidad”, afirmó, y agregó que el desafío consiste en construir sobre esa ventaja mediante instituciones, infraestructura, capacidades humanas y previsibilidad.

Fierro destacó que Argentina ya atravesó una primera etapa de aprendizaje y logró demostrarle al mundo que posee recursos minerales de escala global. Pero advirtió que el siguiente capítulo será más exigente. “Los recursos crean oportunidades, la geología por sí sola da una oportunidad; son las instituciones las que crean”, sostuvo el agregado comercial.

Para el representante británico, la industria está ingresando además en una etapa diferente. “La industria del litio está pasando de ser una industria medida en ciclos a una industria medida en décadas”, señaló, en referencia a la magnitud del crecimiento esperado y a la necesidad de pensar los proyectos más allá de los vaivenes de corto plazo.

En su visión, la agenda de riesgos ya es conocida: precios internacionales, competencia tecnológica, cuestiones regulatorias, infraestructura, agua y licencia social. Sin embargo, Fierro remarcó que ninguno de esos problemas es exclusivo de la Argentina. “Ningún otro riesgo es exclusivo de Argentina”, planteó. El desafío, a su entender, pasa por anticiparse a ellos, gestionarlos y generar confianza durante todo el ciclo de vida de los proyectos.

Su conclusión apuntó hacia una mayor coordinación entre los actores. “Ningún proyecto minero tiene éxito porque una sola empresa sea habilitante. Tiene éxito porque organizaciones deciden resolver problemas juntos”, afirmó. Y resumió esa idea en un concepto que atravesó varias exposiciones: “En última instancia, una alianza”.

Argentina dejó de ser una promesa y comenzó a mostrar producción

Desde la perspectiva de los operadores, la transformación argentina ya es visible. Daniel Jimenez Schuster, Managing Partner de iLiMarkets y ex ejecutivo de SQM, fue particularmente contundente al comparar la evolución de Argentina con la de sus vecinos. “La historia argentina es extraordinaria”, sostuvo, al describir el salto registrado por la industria en los últimos años. Según su exposición, el país pasó de contar con apenas dos operaciones productivas en 2023 a proyectar alrededor de nueve operaciones hacia los próximos años, con una producción que podría multiplicarse fuertemente hacia 2030.

El dato oficial disponible confirma parte de esa aceleración. El Gobierno nacional informó que la entrada en producción de cuatro proyectos entre 2024 y 2025 llevó a siete el número de minas de litio en producción y permitió que las exportaciones de litio alcanzaran u$s905 millones durante 2025, un récord histórico.

Jimenez Schuster sostuvo que la ventaja regional está vinculada, en buena medida, con los costos de las salmueras. “Las salmueras están en la parte más baja de la curva de costos”, explicó, incluyendo los recursos de Chile y Argentina.

El especialista también señaló que Sudamérica conserva una posición privilegiada frente a otros territorios productores y que Brasil puede jugar un papel cada vez más importante gracias a una combinación que excede a la geología: infraestructura, caminos, disponibilidad de mano de obra y condiciones operativas. Pero su lectura introdujo uno de los debates más fuertes de la jornada: qué producto debería exportar la región.

Para Jimenez Schuster, Sudamérica debería concentrarse en producir recursos competitivos y evitar inversiones de alto costo en procesos químicos que pueden ser realizados de manera más eficiente en China. “Nosotros en Sudamérica somos muy concentrados, no producimos químicos. Cuando todo el otro químico termina en China, China es tanto más eficiente que nosotros produciendo químicos”, sostuvo.

Su argumento es que la construcción de plantas químicas en lugares remotos y de elevada complejidad logística puede destruir competitividad. “Estamos destruyendo valor”, afirmó, al defender una estrategia enfocada en concentrados cuando las condiciones económicas así lo justifiquen.

El especialista fue todavía más contundente al referirse a determinadas inversiones en capacidad de refinación fuera de China: “Esas inversiones en plantas de producción de litio fueron la peor inversión del mundo”, sostuvo, y advirtió que la evolución de las químicas utilizadas en baterías puede dejar algunas instalaciones sobredimensionadas o directamente sin utilización.

Bajo la moderación de Leticia Simionato, senior price reporter de Fastmarkets, en el primer panel participaron Alejandro Moro es CEO de Eramine Sudamérica; Ignacio Celorrio, de Lithium Argentina; Daniel Jimenez Schuster es Managing Partner de iLiMarkets, y Stefan Debruyne, de Novandino.

Bajo la moderación de Leticia Simionato, senior price reporter de Fastmarkets, en el primer panel participaron Alejandro Moro es CEO de Eramine Sudamérica; Ignacio Celorrio, de Lithium Argentina; Daniel Jimenez Schuster es Managing Partner de iLiMarkets, y Stefan Debruyne, de Novandino.

Moro defendió el valor de producir carbonato en Argentina

La mirada de Alejandro Moro, CEO de Eramine Sudamérica, introdujo un contrapunto directo. El ejecutivo no coincidió con la idea de que la región deba limitarse a producir concentrados. “Nosotros vamos a seguir haciendo producto. No estamos de acuerdo con Daniel de hacer solo concentrados”, afirmó.

La diferencia no fue solamente conceptual. Moro habló desde la experiencia concreta de un proyecto que atravesó exploración, planta piloto, construcción y puesta en marcha en uno de los ambientes más complejos de la Argentina.

Eramine desarrolló Centenario-Ratones en la Puna salteña mediante un proceso de extracción directa de litio. La compañía lleva años enfrentando los desafíos de construir y operar una planta química a casi 4.000 metros de altura. “Nosotros estuvimos 12 años invirtiendo, primero en exploración, después en operar planta piloto, construcción. Recién ahora estamos por un flujo de caja positivo, después de 15 años”, explicó Moro.

Para el ejecutivo, esa experiencia permite identificar con claridad cuáles son hoy los principales obstáculos para la expansión del litio argentino. El primero es la estabilidad. “El principal desafío es la estabilidad, las reglas claras y la previsibilidad”, afirmó. Y explicó que el litio no constituye una excepción respecto de otras actividades mineras: son proyectos de largo plazo que requieren inversiones durante muchos años antes de comenzar a recuperar capital.

El segundo gran problema es la infraestructura. “Infraestructura es algo que la Argentina está viendo que es el gran desafío a vencer para poder desarrollar todos los proyectos”, sostuvo.

En la Puna, esa dificultad se multiplica por las condiciones geográficas. Caminos, energía, logística, disponibilidad de trabajadores especializados y servicios deben ser construidos o trasladados hacia zonas remotas. “La Puna es un ambiente muy aguerrido, muy difícil de operar”, describió Moro. “Es difícil llevar gente, porque no hay gente para operar plantas y tiene que llevar la gente, hay que tenerla ahí”.

El tercer desafío es tecnológico. En este punto, el ejecutivo defendió la extracción directa utilizada por Eramine como una herramienta para mejorar la eficiencia de los recursos.

Eramine consiguió llevar su planta a aproximadamente 90% de su capacidad nominal después de un complejo proceso de puesta en marcha. Moro explicó que la capacidad prevista ronda las 2.000 toneladas mensuales y que actualmente la producción se ubica cerca de las 1.800 toneladas. “A pesar de todo, hoy en día estamos todavía en un 90% de lo que es la capacidad nominal de la planta”, detalló.

La experiencia también le permitió graficar la complejidad de industrializar el litio en la Puna. “Mucha gente cree que, cuando le entregan una planta química operando a 4.000 metros de altura, pone la llave, arranca y funciona como si te entregaran un auto nuevo. Nada que ver”, explicó.

Para Moro, la producción local de carbonato tiene sentido cuando la tecnología y la estructura de costos permiten hacerlo competitivamente. En ese sentido, la discusión no pasa simplemente por concentrado versus carbonato, sino por dónde cada etapa de la cadena puede generar mayor eficiencia y valor.

Celorrio: el desafío ya no es demostrar que Argentina tiene litio

Ignacio Celorrio, Executive Vice President de Lithium Argentina y socio del estudio Martínez de Hoz & Rueda, aportó otra mirada sobre el cambio de etapa. A su juicio, Argentina ya superó la primera pregunta que durante años condicionó al sector: si el potencial geológico podía convertirse efectivamente en proyectos. “Argentina no debería pensar que ya terminó la carrera, pero sí verse en el podio y ver que, como pasa con algunos deportes, ganó algunos pasos bien”, sostuvo.

Para Celorrio, la diferencia está en que hoy existen proyectos construidos, operaciones productivas y ampliaciones en evaluación. La evolución del mercado también modificó el perfil del riesgo. Cuando el precio del litio alcanzó valores elevados, permitió compensar parte de las dificultades macroeconómicas argentinas. Pero cuando el precio cayó, quedaron expuestas las diferencias entre los proyectos. “Los vaivenes del precio hacen que el mercado del litio a nivel global genere incertidumbre”, señaló.

La conclusión es que, en un mercado más competitivo, solamente los proyectos capaces de sostener costos razonables podrán avanzar. Celorrio puso especial énfasis en el avance de ampliaciones de operaciones existentes. Esas expansiones, a diferencia de los proyectos greenfield, permiten agregar producción sobre activos que ya demostraron capacidad operativa. Para el ejecutivo, esto puede ser uno de los elementos que consoliden a Argentina hacia 2030. “Argentina está en una posición única”, afirmó, al destacar las ventajas de costos y la capacidad que los proyectos ya instalados están mostrando para continuar creciendo.

También valoró el impacto del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), particularmente por su componente de protección de inversiones. “Creo que el RIGI, no tanto el RIGI como el tema de protección de inversiones, funciona para expandir la demanda y la oferta argentina”, sostuvo.

Sin embargo, evitó presentar el escenario como garantizado. La industria, dijo, todavía enfrenta variables que no controla, entre ellas el precio internacional y las condiciones del mercado global. “La sensación de que viene, de que está dado, es errónea”, advirtió. Para Celorrio, Argentina tiene ventajas competitivas, pero debe seguir trabajando para convertirlas en producción y en inversiones sostenibles.

El contrapunto sobre la industrialización: agregar valor sí, pero con eficiencia

El debate entre concentrados y químicos fue uno de los puntos donde las posiciones estuvieron más claramente diferenciadas. Mientras Jimenez Schuster cuestionó la conveniencia económica de construir capacidad de refinación en Sudamérica para competir con China, Stefan Debruyne, VP Sustainability & Global Affairs de Novandino, defendió una visión diferente.

Novandino es la sociedad conjunta conformada por Codelco y SQM para desarrollar la producción de litio en el Salar de Atacama, con una estructura que contempla la participación mayoritaria de Codelco y operaciones proyectadas hasta 2060.

Debruyne coincidió con Moro y marcó explícitamente su diferencia con Jimenez Schuster. “Coincido con Alejandro, y también discrepo con Daniel en lo relacionado con la refinación”, afirmó.

Para el ejecutivo chileno, la discusión debe considerar el momento del proyecto, la seguridad de abastecimiento y la geopolítica. “Tenemos que tomar en cuenta esta gran responsabilidad que tenemos como productores de litio”, sostuvo.

Y agregó un argumento central: la incertidumbre geopolítica puede modificar las reglas de eficiencia económica que hoy favorecen a determinadas cadenas de suministro. “Existe incertidumbre geopolítica, y ese es quizá un segundo argumento para defender la refinación en Sudamérica y aprovechar la oportunidad de añadir valor a los excelentes recursos que tenemos aquí”, planteó.

La visión de Novandino es, por lo tanto, que la discusión sobre agregar valor no puede reducirse a una comparación estática de costos. También debe incorporar seguridad de suministro, diversificación de cadenas, tecnología y capacidad de responder a diferentes químicas de baterías.

“Tenemos que producir un litio mejor, un litio de mayor calidad”, sostuvo Debruyne. Y remarcó otro atributo que considera cada vez más importante: “Tenemos que contar con más flexibilidad respecto al tipo de litio que producimos”.

La propia Novandino avanza en una nueva etapa tecnológica en el Salar de Atacama. La compañía trabaja en el proyecto Salar Futuro, que busca incrementar la producción mediante tecnologías de extracción más eficientes, reducir el uso de agua continental y avanzar hacia una menor extracción de salmuera.

Tecnología, sostenibilidad y el desafío de que los proyectos realmente funcionen

La tecnología apareció como otro punto de convergencia entre los expositores. La discusión dejó de centrarse únicamente en qué recursos existen y comenzó a enfocarse en cómo explotarlos de manera eficiente, confiable y sostenible.

Azul Moreno Giménez, ingeniera química salteña y especialista en extracción directa de litio, actualmente vinculada a Aquatech, planteó que no existe una tecnología universal aplicable a todos los salares. “Como todos los proyectos son diferentes, existe realmente una solución única para cada proyecto”, explicó.

La ingeniera Azul Moreno Giménez presentó en el evento de Fastmarkets la plataforma integrada PEARL de Aquatech para el procesamiento de litio, desde la salmuera hasta productos de grado batería.

La ingeniera Azul Moreno Giménez presentó en el evento de Fastmarkets la plataforma integrada PEARL de Aquatech para el procesamiento de litio, desde la salmuera hasta productos de grado batería.

La especialista remarcó que la evolución de las tecnologías DLE permitió ampliar el número de proyectos potencialmente desarrollables, pero que todavía queda un desafío mayor: llevar esas tecnologías a escala industrial con previsibilidad. “El próximo salto en nuestra industria va a ser poder desarrollar proyectos que sean confiables, proyectos que cumplan con los cronogramas y los costos estimados”, afirmó.

La palabra confiabilidad apareció así como uno de los conceptos centrales del encuentro. No alcanza con que una tecnología funcione en laboratorio o en una planta piloto. Debe hacerlo durante años, a escala comercial y bajo condiciones reales. Moreno Giménez agregó que los proyectos deben contar con “procesos optimizados e integrados”, además de confiabilidad y rentabilidad.

El punto resulta especialmente relevante para Argentina, donde buena parte de los nuevos proyectos se localizan en ambientes de alta montaña, con enormes desafíos de energía, agua, caminos y logística.

La sostenibilidad dejó de ser una discusión separada del negocio

Debruyne llevó la discusión un paso más allá y sostuvo que la sostenibilidad debe ser considerada como parte integral de la competitividad. “Ya no soy partidario de las discusiones ideológicas, porque no nos ayudan a avanzar”, afirmó.

En su visión, la movilidad eléctrica tiene una ventaja estructural frente a los motores de combustión y la industria del litio debe asumir la responsabilidad que implica formar parte de esa transición. “Si queremos formar parte de esta cadena de valor, también tenemos que asumir la responsabilidad que ello implica”, sostuvo.

El ejecutivo de Novandino planteó además que el análisis ambiental no puede limitarse a un único indicador. “No se trata únicamente de analizar la huella de su automóvil o la intensidad hídrica. También hay que considerar cómo se relacionan con los demás, cómo incluyen a las distintas partes, qué valor comparten y cómo añaden valor a esa cadena de valor”, afirmó.

Esa mirada conecta con una de las preocupaciones expresadas por Fierro al comienzo del encuentro: la licencia social, la relación con las comunidades y la capacidad de construir proyectos que tengan legitimidad durante toda su vida útil.

Un mercado que crece, pero que obliga a tomar decisiones

El cierre conceptual del encuentro estuvo marcado por una combinación de optimismo y cautela. Argentina tiene recursos, proyectos en producción, nuevas inversiones, ampliaciones y una cartera exploratoria que puede multiplicar la oferta durante los próximos años. El Gobierno informó que las exportaciones mineras de 2025 alcanzaron un récord de u$s6.037 millones, mientras que el litio representó u$s905 millones. Pero el desafío ahora es diferente al de una década atrás.

La pregunta ya no es únicamente si Argentina tiene litio. Es qué proyectos serán competitivos, qué tecnología utilizarán, cómo conseguirán financiamiento, cómo resolverán la infraestructura y qué lugar ocuparán dentro de una cadena global dominada por China.

Celorrio resumió esa transición al advertir que el país todavía no puede considerar la carrera ganada. Para Moro, el camino pasa por sostener la producción local de productos de mayor valor cuando sea económicamente viable. Jimenez Schuster, en cambio, pidió evitar inversiones que no puedan competir con los costos de refinación asiáticos. Debruyne defendió la industrialización como una herramienta de diversificación y seguridad de suministro. Moreno Giménez puso el foco en que las tecnologías deben demostrar confiabilidad a escala industrial. Y Fierro aportó una conclusión que funcionó como hilo conductor de todo el debate: la geología argentina es una ventaja, pero no es suficiente.

El desafío de la próxima década será transformar esa ventaja en proyectos que produzcan, exporten, generen empleo, desarrollen proveedores y sostengan relaciones de largo plazo con las comunidades. Porque, como planteó el representante británico, “los minerales están en el subsuelo, pero la oportunidad tiene que estar en la superficie”. En esa diferencia se juega buena parte de la próxima etapa del litio argentino.

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