5 de diciembre 2003 - 00:00

A los 62 murió David Hemmings

Cuesta renocer en la foto, el rostro rubicundo y bonachón con el que se lo vio hace muy poco en «Las últimas órdenes» al tortuoso protagonista juvenil de «Blow Up», el film de Michelangelo Antonioni sobre el cuento de Julio Cortázar «Las babas del diablo».

Uno de los más destacados íconos del cine del «swinging London», David Hemmings murió en Rumania a los 62 años. El actor murió el miércoles de una crisis cardíaca, cuando filmaba en aquel país la película «Samantha's Child», acompañado por su tercera esposa, Lucy Williams.

Hemmings
se hizo célebre gracias a su papel junto a Vanessa Redgrave en «Blow Up» en 1966, donde representó a un fotógrafo, testigo involuntario de un crimen. Por aquellos años también actuó, aunque no en papeles protagónicos, en varios largometrajes de fama como «Barbarella», junto a Jane Fonda, el musical «Camelot» o «La carga de la Brigada Ligera» que dirigió Tony Richardson en 1968.

La década posterior no fue, en cambio, demasiado importante para la carrera cinematográfica de Hemmings, que se desperdigó en numerosas producciones de dudosa calidad hechas por todo el continente, aunque se afianzó como intérprete de teatro. Asimismo, dejó un testimonio de su maravillosa dicción inglesa como relator del disco de Rick Wakeman «Viaje al centro de la tierra».

Después de dedicarse a dirigir algunos films, Hemmings regresó a la actuación en los últimos años, y se lo vio en en películas como «Gladiator» (1999), de Ridley Scott, «Mean Machine» (2001), de Barry Skolnick y «The night we called it a day» (2003) de Paul Goldman, con Dennis Hopper y Melanie Griffith. Su última película estrenada en la Argentina fue la citada «Las últimas órdenes», donde aparecía al lado de una auténtica pléyade de intérpretes otoñales de Gran Bretaña, entre ellos Michael Caine, Tom Courtenay, Bob Hoskins y Helen Mirren.

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