A los 78 años murió la soprano Beverly Sills

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Nueva York (Reuters, EFE y Especial) - Beverly Sills, la más famosa soprano norteamericana entre las décadas del '50 y el '80, murió ayer a los 78 años, víctima de un cáncer. En el Teatro Colón, Sills cantó una inolvidable «Lucia di Lamermoor» junto con Alfredo Kraus en la temporada de 1972.

Nacida en Brooklyn con el nombre de Belle Miriam Silverman, y conocida por el apodo de «Bubbles» (Burbujas), debutó en Filadelfia en 1947 en «Carmen» de Georges Bizet, aunque poco a poco su carrera se orientó al «bel canto» y papeles de coloratura, siendo el más famoso el de «Lucia» que cantó en Buenos Aires. En 1955 interpretó el papel principal de la ópera «El murciélago» de Johann Strauss, y posteriormente fue aclamada por sus interpretaciones en «The Ballad of Baby Dow», «Manon» de Massenet, «Giulio Cesare» de Handel (donde hacía el papel de Cleopatra), así como por la caracterización de tres reinas en obras de Gaetano Donizetti, entre ellas «Maria Stuarda».

Prácticamente, no hubo gran teatro lírico del mundo donde no se haya presentado a lo largo de su carrera. Abandonó los escenarios en 1980 pero, tal como lo venía haciendo desde antes de su retiro, Beverly Sills continuó y acentuó sus apariciones en la televisión, donde tuvo un programa con Carol Burnett. Asimismo, desde el Metropolitan Opera House de Nueva York, realizó un programa de ópera para divulgarla a nivel masivo. Allí, por ejemplo, intervino en un desopilante dueto de ópera-humor con el comediante Danny Kaye, que era un gran melómano.

Entre sus grabaciones (registró un total de 18 óperas completas) se incluyen «Lucia di Lamermoor», «Giulio Cesare» y «Manon» y en 1978 su disco «Music of Victor Herbert» ganó el Premio Grammy.

En 1979 asumió la dirección de la New York City Opera, cargo que ejerció hasta 1989, y durante su gestión logró mantener la institución a flote durante un difícil período. Más tarde, en 1994, fue nombrada en la dirección del Lincoln Center y en 2002 asumió la dirección del Metropolitan Opera, cargo que ocupó hasta 2005. Allí impuso una costumbre que al principio fue resistida por el público tradicional, aunque en poco tiempo se convirtió en una herramienta hoy imprescindible en todos los teatros de ópera del mundo, los subtítulos. Gracias a ellos, se acercó más público a la ópera. En los últimos años había dedicado gran parte de sus actividades a recoger ayuda para niños discapacitados.

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