15 de abril 2004 - 00:00

"A mi manera": a 35 años de un éxito que nació por azar

Frank Sinatra
Frank Sinatra
El 12 de abril de 1969, las listas de singles de la revista «Billboard» se rendían al pop soul dulcemente psicodélico del «Aquarius/Let The Sunshine in», interpretado por The 5th Dimension.

Treinta y cinco años después, aquellos ingenuos hijos de la Era de Acuario peinan canas y quizá se identifican mejor con el pegadizo estribillo de una canción que apenas alcanzó entonces el puesto 27 en las listas de éxito, aunque remozó la imagen pública de su intérprete y proporcionó dinero y fama a todos los que, de un modo u otro, tuvieron que ver con su accidentada gestación.

También en 1969, Frank Sinatra renegaba en privado de sus viejas y airadas manifestaciones en contra del rock'n'roll y de «todos esos melenudos, Elvis Presley, The Beatles» que lo habían expulsado del primer plano del pop justo cuando él se afanaba en controlar al cien por cien su carrera al frente de su propia compañía, Reprise Records.

Cierto, en plena efervescencia del flower power, había conseguido triunfar con «Strangers in The Night», una pieza melancólica escrita por Bert Kaempfert, el hombreque patrocinó las primeras grabaciones de The Beatles, e incluso estuvo a punto de meterse en el bolsillo a los aficionados más jóvenes con «Something Stupid», una broma liviana interpretada a dúo con su hija Nancy.

Pero Frank necesitaba mucho más que eso. Le hacía falta una canción auténtica que hiciera justicia a su biografía, a su leyenda de ícono del pop hecho a sí mismo, una canción proteica, que celebrara la épica del esfuerzo individual frente a las numerosas trampas de la impostura. Y entonces, en una fiesta privada en Las Vegas, su amigo Paul Anka le hizo ver la luz con «A mi manera» («My Way»).

Moulin de Dannemois, 27 de agosto de 1967. El compositor francés Jacques Revaux descansa en la residencia de su amigo, el cantante Claude François, el único que parece creer en las posibilidades comerciales de un tema compuesto por Revaux a principios de año, y que ha sido rechazado sucesivamente por pesos pesados del pop francés y anglosajón como Dalida, Petula Clark y Sacha Distel. El título («For Me») no acaba de convencerlos, así que buscan otro con ayuda del letrista Gilles Thibaut.

Un mes después,
Claude François graba «Comme d'habitude» en la compañía Phillips. Sólo vende 225.000 copias, un éxito relativo en comparación con los recientes bombazos de Jacques Dutronc («Et moi, et moi, et moi») y Johnny Hallyday («Cheveux longs et idées courtes»). Después de todo -piensa François-, puede que su manager tuviera razón, quizá no debiera haber empeñado tanto tiempo y esfuerzo en este proyecto.

En diciembre, el vocalista canadiense
Paul Anka pasa unas vacaciones con la familia de su esposa, cerca de París, y escucha «Comme d'habitude» en la televisión. Fascinado, se hace con una copia del single y negocia con la editora francesa Barclay los derechos internacionales para su propia empresa, Spanka Music. No le gusta el texto original, una historia fatalista sobre la rutina de la vida en pareja, así que decide reescribirla desde el principio, adoptando el punto de vista de un hombre de edad avanzada que mira hacia atrás y se felicita de haber actuado en todo momento de acuerdo con sus propias convicciones.

Un relato de inspiración homérica, una epopeya que enlaza fácilmente con las inquietudes de los hijos de mayo del 68, los nuevos beatnicks agobiados por la Guerra Fría y la omnipresente amenaza nuclear.

Frank Sinatra
graba «A mi manera» el 30 de diciembre de 1968 y despierta en su entorno una ola de optimismo que contagia, al otro lado del Atlántico, a Jacques Revaux y Claude François. Este último no llegaría a conocer en persona a Sinatra, pero Revaux aún recuerda su encuentro con La Voz y sus amigos del Rat Pack en un hotel parisiense como «uno de los momentos inolvidables de mi vida».

Poco a poco,
«A mi manera» se convierte en una pieza de culto, trascendiendo las previsiones más optimistas de sus propios autores. Una referencia obligada para artistas consagrados y para neófitos sin pretensiones, un caramelo en la garganta de viejos héroes del rock'n'roll como Elvis Presley, divas de la canción negra como Nina Simone, relamidos directores de orquesta como Paul Mauriat, ídolos del pop adolescente como Robbie Williams, iconos del punk como Nina Hagen y Sid Vicious, leyendas del folk como Joan Baez (que la grabó con los Gypsy Kings), raperos como Jay-Z o gargantas educadas en las tradiciones clásicas como Luciano Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo.

Y así, hasta más de mil interpretaciones distintas documentadas, una marca imbatible, que ha proporcionado a
Jacques Revaux las máximas distinciones en todo el mundo, «excepto en mi propio país», puntualiza amargamente el prolífico compositor, que hoy preside la Maison de la Musique desde su residencia en Ginebra.

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