29 de abril 2008 - 00:00

Acertada apuesta de la Filarmónica a músicos jóvenes

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Directores y solistas varios. (Auditorio de Belgrano.)

Directores linternacionales y músicos argentinos se sumaron para los tres conciertos del «Ciclo Joven» de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, que también apuntaba a un público renovado acorde con las edades de los artistas convocados (desde Xavier Inchausti, de 17 años hasta el londinense Michael Seal, de 38).

Durante tres jueves sucesivos, la Filarmónica pudo demostrar su valía y la calidad musical de sus integrantes, pese a los obstáculos que le opone el Colón, la institución que debería albergarlos, obligándolos a deambular por distintas salas.

Pablo Herrero Pondal (Buenos Aires, 1974) dirigió el primer de concierto junto al violoncellista argentino José Alberto Araujo. El segundo estuvo protagonizado por Michael Seal (1970) e Iván Rutkauskas ( Temperley, 1989), y el segundo, por Sylvain Gasancon (Metz, 1979) y Xavier Inchausti (Bahía Blanca, 1990).

Seal exhibió una personalidad sumamente interesante, de potente energía, en un programa variado. El concierto barroco de Giuseppe Torelli, Concerto primo per archi, Op. 8, permitió gran lucimiento para las cuerdas de los filarmónicos con la estupenda guía en Pablo Saraví. También se oyó el « Capricho Español», de Rimski-Korsakov, en una entrega colorida y de gran vigor tímbrico de la orquesta completa. El final fue con el comprometido Concierto Emperador de Beethoven (Mi bemol Mayor, Op. 73), donde Rutkauskas rindió eficazmente en el piano solista, pleno de dificultades técnicas que el joven intérprete sorteó con delicadeza y pianismo prometedor .

El cierre del ciclo estuvo en manos del francés Sylvain Gasancon, que brindó ajustadas versiones de la «Suite Pastorale», de Chabrier y de la suite de «Masquerade», del armenio Aram Khachaturian, obras que expusieron la calidad de matices y la fuerza que puede lograr la Filarmónica en piezas de carácter. En la parte final, el deslumbrante violinista adolescente Xavier Inchausti reeditó su gran interpretación del Concierto para violín y orquesta N° 1, en Re Mayor, Op. 6, del italiano Niccoló Paganini. Acompañado por los instrumentistas de la Filarmónica y con la dirección precisa de Gasancon, esta obra de inmensas dificultades, tuvo la dinámica y el brillo esperados.

Acertada apuesta a la joven generación de músicos. Si no quedara en un intento aislado sería una buena conquista para la maltratada actualidad sinfónica de Buenos Aires.

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