Un lenguaje con puntos confluyentes da como resultado un neoclasicismo de sello tradicional: un particular gusto por la abstracción sin recurrencias narrativas, una búsqueda poética que se expresa con fuerza comunicativa, una distancia que no llega a la frialdad pero condiciona un trabajo pulido en lo técnico y sobrio en lo expresivo, y un gusto por la musicalidad como si la danza fuera emergente ineludible del material sonoro, crean un modo estético común entre los distintos creadores.
Un buceo más profundo aún permitiría detectar más conexiones entre ellos pero con los nombrados basta para caracterizar un comportamiento de
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