31 de enero 2005 - 00:00

Actualidad del arte

CIFRAS MILLONARIAS

• La muerte de Ruth Benzacar, galerista que impulsó la obra de Berni pues consideraba que los valores del artista no podían ser inferiores a los de Diego Rivera o Frida Kahlo, influye en el ánimo de Lily, que durante décadas fue su cliente y amiga. Gracias al talento de la marchand, que en 1994 le vendió a Amalia Fortabat « Domingo en la chacra» por 430.000 dólares y en 1995 «Desocupados» a un grupo empresario argentino por 800.000, Berni ingresó por la puerta grande al mercado internacional y se sucedieron los récords: Christie's vendió «Los emigrantes» en 550.000 dólares y «La gallina ciega» en 632.500, mientras Sotheby's remató « Ramona espera» por 717.500. La Secretaría de Cultura compró «Orquesta típica» para donarlo al Museo de Bellas Artes y las calles de la ciudad de Buenos Aires amanecieron empapeladas con la imagen del cuadro. En 1997, «El caído» integró una muestra de la galería Robert Miller de NuevaYork y Berni figuró junto a Rivera, Kahlo, Lam, Matta y Torres García. A los pocos meses y también en el Fuller Bilding de la calle 57, el galerista mexicano Ramis Barquet le dedicó una exposición individual.

40 CUADROS SIN RASTRO

• Como anticipó este diario en junio de 2003, Lily Berni inició alrededor de esa fecha un litigio por las 40 obras de su padre que, según dice, estarían en poder de un experto en horóscopos, quien hasta ese año fue administrador de su herencia. Teniendo en cuenta que el precio récord del arte argentino, 800.000 dólares se pagó por «Desocupados», la ausencia de los cuadros implica un vacío en la historia del arte, además de una suma digna de tener en cuenta. Lily Berni le otorga prioridad al valor artístico e histórico de la obra, pero admite que «teniendo en cuenta que algunos de los cuadros son de grandes dimensiones, el valor total no puede ser menor a 4 ó tal vez 5 millones de dólares». «Este hombre llegó a captar mi voluntad, y en el marco de esta seducción llegué hasta instituirlo heredero de todos mis bienes», dice ahora.

VENTA FICTICIA

• Lily recuerdó ante este diario que una de las obras desaparecidas es «El torero calvo», pintada en París en 1928 bajo la influencia del surrealismo luego del paso de Berni por España. Cuenta que el cuadro partió (en 2002) para un remate en Christie's de NuevaYork, y que en esa ventafigura que se vendió en 90.000 dólares. Pero al reclamar el dinero, le aclararon que se trataba de una «venta ficticia». El cuadro no regresó y Lily agrega: «Lo cierto es que ahora no tengo ni la pintura ni los 90.000 dólares». ¿Y cómo se realiza una venta ficticia? «Es un arreglo privado entre el vendedor y el comprador». Entretanto, el litigio continúa, mientras el destino de estas obras de Berni -luego de varios allanamientos-, se torna cada vez más inseguro e impredecible.

EL UNICO PREMIADO EN LA BIENAL DE VENECIA

• En un asado de banqueros suizos, el artista Charly Squirru contó a Kareen Lumi y Cristina Laubet, que el único artista argentino que ganó el Gran Premio de la Bienal de Venecia (1962), fue Berni, invitado a participar por su hermano Rafael, entonces director de Relaciones Culturales de la Cancillería. Conocedor del asunto, Charly aseguró que si bien a Le Parc le otorgaron ese galardón, la máxima distinción de las bellas artes, «se lo dieron como francés», pues dueño de doble ciudadanía adoptó la francesa para participar en la Bienal de Venecia.

CURADORAS

• Lily Berni cuanta a éste diario que con el apoyo de la galerista Ruth Benzacar, debutó como curadora de una muestra de su padre. La curadora oficial de la exposición era la crítica Marta Nani, pero un día Berni le cuenta que ella había renunciado a hacer el trabajo. Esa vez Lily suplantó a la curadora. Pero en la década del 80, cuando murió Berni, para la primera gran retrospectiva del Museo de Bellas Artes, Nani realizó un trabajo impecable.

ANALISTA DEL MERCADO

• En «Semblanza del arte argentino desde 1900 a 1950», Berni escribió: «Los artistas, en su mayoría, vivían con ayuda de becas, cátedras, empleos y premios de los salones nacionales y provinciales; la venta de cuadros era sólo una gratificación suplementaria. El artista que se aventuraba a dedicarse totalmente a su arte, de no contar con bienes personales, debía pasar por la conocida bohemia del 'café con leche'. Recordemos que Spilimbergo, después de su primera vuelta de Europa, por el año 1931, y de haberse distinguido como una de las figuras más sobresalientes del arte argentino, vendía sus témperas, hoy tan buscadas, a 15 pesos, sin encontrar muchos que se interesaran por ellas».

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