Más allá de la
pasión con la
que pinta, y el
carácter
reflexivo de su
pensamiento,
la
extraordinaria
libertad interna
de Luis Felipe
Noé le permitió
no quedar
atrapado en
ninguna etapa
de su
desarrollo
artístico.
Evidentemente aún no se dicho y escrito todo sobre Luis Felipe Noé, ya que este artista sigue investigando, pintando, creando con el mismo entusiasmo que contagia cuando se conversa con él. Lo mismo puede decirse de sus escritos, como el del catálogo que acompaña su puntual muestra que cierra la temporada en Galería Rubbers, ilustrado con un satírico dibujo de 1975 «Intelecto en acción». Artista en acción, maestro en acción, pensador en acción, escritor en acción, así podríamos intentar apenas una descripción de su polifacética personalidad.
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El título de la muestra «¿Noemas o Noesis?» se las trae y recorrer el laberíntico proceso de las definiciones de ambos términos (que Noé se dedicó a desentrañar en diccionarios de la Real Academia Española, enciclopedias, Wikipedia, la enciclopedia digital Symploké, tratados de estructuralismo y filosofía), es un verdadero «berenjenal», un términousado por el artista. Tal lo que le sucedió también a partir de la palabra noética, disparadora de noema, semema, lexema, morfema y así hasta llegar a la retórica o sea noema: un discurso poco claro que sólo brinda significado acompañado de reflexión detallada. La lectura del texto permite creer que Noé se divierte jugando con las palabras, cosa de la que ya ha dado buena cuenta en sus libros, y se enamoró de que su apellido encabece palabras poco accesibles al común de los mortales.
El tema nos excede, de modo que mejor nos centramos en la obra de un artista, en este caso, pictórica porque la pintura es para Noé un lenguaje existencial. Esta muestra es superlativa, y lleva a preguntarse cómo va a hacer este artista para superarse a sí mismo en la próxima. Pero, no dudamos de que lo hará.
En ese terreno que supera los límites tanto de la abstracción como de la figuración, su poder de comunicación es total, el espectador queda deslumbrado por las fuerzas en expansión, la exaltación del color, a veces exuberante, otras, más atemperado, el relato que se va desplegando a veces con furia, otras con mayor o menor énfasis. Como muchas veces todo gira en espiral, uno debe perderse en los meandros de una compleja situación, casi todo está subvertido, distorsionado y sus obras requieren un «tempo» para ir y volver sobre ellas.
Más allá de la pasión con la que pinta y el carácter reflexivo de su pensamiento, es extraordinaria la libertad interna que le ha permitido no quedar atrapado en ninguna etapa de su desarrollo artístico. Su obra totalizadora nunca deja indiferente al espectador; con ella se aprende a estar alertas para no quedar tampoco atrapados en prejuicios y preconceptos y que, como él mismo dice, «la creación es un viaje, la obra no es el punto de llegada y en ella no termina el viaje».
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