16 de enero 2002 - 00:00

"Al escritor joven lo obsesiona el mercado"

Al escritor joven lo obsesiona el mercado
(16/01/02) Madrid - El novelista y periodista Juan Cruz es Director de coordinación editorial y de comunicación del Grupo Santillana (Santillana, Alfaguara, Aguilar, Taurus), uno de los brazos del Grupo Prisa (que reúne el diario «El País», revistas, productoras de cine, holdings de radios y TV). Entre sus novelas se cuentan: «Crónica de la nada hecha pedazos», «El sueño de Oslo», «Edad de la memoria», «Cuchillo de arena», «territorio de la memoria». Su obra más reciente, «El peso de la fama», reúne entrevistas a políticos, escritores y artistas.

Periodista: ¿Piensan seguir Santillana, es decir el Grupo Prisa, en la Argentina a pesar de la crisis?

Juan Cruz:
El presidente de nuestro grupo, Jesús de Polanco, que recorrió hace muy poco Sudamérica -Brasil, Chile y la Argentina-ha dicho siempre que nuestra vocación es América Latina y estamos ahí para quedarnos. Somos latinoamericanos de vocación. Por eso estamos tanto en España como en América Latina como personas del lugar, tratando de incidir en el mundo cultural en que nos sentimos obligados a pertenecer, tratando de atraer a escritores, a comunicadores y, por supuesto, de estar en las cosas que ellos hacen. Por esto, cualquier posibilidad que ocurra en esos países, y en la Argentina claramente, es contemplamos como si estuviera pasando en la puerta de nuestra casa, aquí en La Gran Vía. A Prisa le pasa eso, eso un grupo de contenidos en español, por tanto, donde quiera que esté la posible creatividad de nuestra lengua -en cine, radio, TV, libros, educación-ahí estamos nosotros.

P.: ¿Esto a pesar de una crisis como la que vive la Argentina?


J.C.:
Nosotros creemos muchísimo en la Argentina y, esto es obvio, estamos allí, y hemos estado en las duras y en las maduras. Y estas son palabras reiteradas de la presidencia de nuestro grupo, tanto de Jesús de Polanco como de Juan Luis Cebrián, en medio del gran follón que están viviendo. Es cierto que por una crisis tan profunda va a haber reestructuraciones, reducciones, limitaciones, replanteos y hasta quienes piensen en salirse de ese mercado. No es ese nuestro caso, nosotros no somos visitantes coyunturales de ningún país latinoamericano.

P.: Usted es uno de los más destacados referentes en el libro «Entre el ocio y el negocio: Industria editorial y literatura en la España de los '90». ¿Cómo está el proyecto de «Alfaguara global» para integrar las literaturas iberoamericanas?


J.C.:
No es algo que se pueda realizar en la teoría, eso se logra en la práctica, y hemos avanzado mucho en ese sentido. Sobre todo a través del convencimiento de los editores españoles de nuestra organización, en el sentido de que nuestro porvenir es en la lengua española, y todas las cosas que hacemos tienen ese destino. Lo que hemos percibido es que no es un proyecto de un único grupo editorial sino de una sociedad. Y esta sociedad es cada día mas mezquina y menos volcada a lo global en los ámbitos de la cultura, y más volcada a lo global en los términos de la economía. Pero la cultura y la economía van juntas. Creo que sigue habiendo un hispano centrismo excesivo en los medios de comunicación y, porque no decirlo, en los propios grupos editoriales, y no sólo eso, también en los propios autores. Sigue siendo difícil que los escritores comprendan que si se es escritor eso obliga a no sólo pensar en España sino también si se es argentino en Chile, si se es chileno en México, si se es mexicano en Estados Unidos, si se es hispanonorteamericano en Venezuela, en Cuba, en Argentina, estcétera. Creo que la hispanomanía está bien en la búsqueda de notoriedad de los escritores en España, pero la globalidad no se consigue cuando publican a un autor de lengua española en España, sino pensando en qué se está escribiendo y para quienes. Partiendo de la base que la literatura no debe ser nunca forzada para ser global o regional, la literatura es la literatura. Yo creo cada día más en la literatura y en la libertad del creador sin interferencias de los grupos editoriales. Los editores tienen que ser los acompañantes, los vicarios, pero no los que generan un sistema narrativo o imponen una determinada poética, porque eso es un desastre. El mundo editorial, el mundo cultural está amenazado en los últimos tiempos por la cantidad, por la cifra, por los cantos de sirena económicos y menos por la poesía. Tengo nostalgia y siento melancolía por la literatura como tema de los literatos. Cada día se habla menos de literatura en todos los ámbitos.

P.: ¿Tiene que ver con el predominio del bestseller?

J.C.:
No estoy en contra del bestseller, estoy a favor de la literatura que se convierte en bien vendida. Una cosa es el bestsellerísmo y otra el bestacelerismo, lo mejor pero no acelerado, el libro de calidad que se vuelve, sin que eso haya sido su meta, en long seller. Ahora un buen escritor tiene que explicar porque lleva cuatro años sin publicar y el que publica uno al año no tiene que explicar nada. Marsé tiene que andar explicando porque es moroso para escribir y Daniele Steel o Vásquez Figueroa no tienen que justificar ser tan prolíficos.

Recuperar la poesía

P.: ¿Cómo ve a la literatura latinoamericana?

J.C.: Está en un momento de transición. Tiene que recuperar la actitud literaria, la charla y la discusión sobre literatura. Los escritores deberían ser más proclives a establecer un diálogo sobre su labor, sobre sus creaciones, sobre el arte. Me preocupó mucho que en la reciente reunión de jóvenes escritores hispanoamericanos, que se realizó en la Casa de América de Madrid, hubiera capítulos dedicados fundamentalmente al negocio, a las agencias literarias, a los anticipos, a los bestsellers. Si este el índice de preocupaciones de los jóvenes escritores ¿qué nos espera de cara al futuro?, ¿qué Onetti saldrá de aquí? o ¿qué Rulfo, qué Borges, qué Cabrera Infante, qué Vargas Llosa? Tengo la esperanza de que los escritores jóvenes se den cuenta antes que tarde de que a lo mejor han llegado demasiado pronto a las preocupaciones de mercado y se están alejando de la reflexión de lo que hay en el fondo de la escritura. Porque en el fondo de toda escritura está la vida o hay otra cosa, y si hay otra cosa no hay literatura.

P.: ¿Cuestiona la profesionalización de los jóvenes autores?


J.C.:
Es que han llegado a ella demasiado pronto, y profesión y literatura sólo se pueden unir cuando ya no se puede hacer otra cosa que firmar contratos y antes hay que vivir. A mi me cansa, me aburre, el fenómeno literario actual tan transido de urgencia. Ya tenemos hasta revistas de cotilleo literario, de chismes sobre si casó una escritora de éxito con un médico más joven que ella o si se está por divorciar un autor de novelas de suspenso. Acaso soy muy antiguo y las cosas tienen que ser así, pero leo esas cosas y me doy cuenta que algo chirría en el mundo de la literatura.

P.: Vargas Llosa cuando escribió «Los jefes» o «La ciudad y los perros» tuvo una actitud diferente a la de esos jóvenes escritores...


J.C.:
Años después de «La ciudad y los perros», entrega «La casa verde» y cuando recibe la noticia de que le van a publicar esa novela, él ya está escribiendo «Conversación en la catedral». Ahora un autor termina una novela y parece que el mundo entero la está esperando, y no se pone a escribir otra porque está pendiente de cómo va a ser la promoción de la que le publican, y las giras, y las presentaciones, y el nuevo contrato. Ese es el tema. Un clima de negocio del espectáculo. Me gustaría que nuestro ámbito recuperara la pasión literaria.

P.: ¿De quién depende?

J.C.: De los editores, de los agentes, de los medios de comunicación pero, sobre todo, de los escritores.

P.: ¿Por qué enfatiza el diálogo sobre la literatura entre escritores?


J.C.:
Si se hace una encuesta entre escritores sobre ¿qué está leyendo de sus contemporáneos?, la respuesta será nada. Siempre dicen estar leyendo a Sófocles o a Cervantes.

P.: Riccardo Caballero, CEO de Random-Mondadori, se propone competir con cualquier otro grupo editorial de habla española, sobre todo con Planeta y Alfaguara. En el caso de Alfaguara dijo que si podía sacarles a Vargas Llosa, no dudaría. Pero hacia una excepción: «en Estados Unidos tendríamos que hacer una alianza para ganar el expansivo mundo hispano».


J.C.:
Si, me lo dijo, pero cuando nos lo diga oficialmente le daremos una respuesta. Mientras sea una charla de café no pasa de las buenas intenciones. Evidentemente nosotros podemos hacer muchísimas cosas en Estados Unidos entre todos, pero no necesariamente editando juntos. Podemos hacer otro tipo de ruidos, pero no mezclados. Y ojalá se pueda hacer mucho ruido cultural en Estados Unidos a favor de la edición en español.

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