13 de diciembre 2006 - 00:00

Algo de buen cine en una más calma Pantalla Pinamar

Una imagen de «Cuando llegue mi hombre», una de lasdos descontracturadas y atractivas comedias suizas quese vieron en Pantalla Pinamar.
Una imagen de «Cuando llegue mi hombre», una de las dos descontracturadas y atractivas comedias suizas que se vieron en Pantalla Pinamar.
P inamar- Reina la calma en Pinamar. En las últimas 24 horas nadie hizo declaraciones incómodas, ni se molestó con alguna publicación, y el único que hubiera podido dar motivo para la polémica, Miguel Pereira, apareció apenas para presentar su película «El destino», y desapareció antes que alguien pudiera preguntarle por el polémico nombre de «Che Guevara» que le puso al premio de la sección latinoamericana del festival marplatense, un asunto que últimamente ha causado cierto revuelo.

Tampoco dijo mucho del film con que vuelve a los sets, inspirado en «El hombre que llegó a un pueblo», de su comprovinciano Héctor Tizón. Por cierto, frente al recuerdo de «La deuda interna», «El destino» es una obra menor, pero tiene sus buenos atractivos a nivel historia, actores en lindos personajes (Tristán Ulloa como narco disfrazado de cura, Mimí Ardú, Tukuta Gordillo, Tomás Lipan, etc.), música ( Vilca y Gordillo), fotografía y paisajes del desierto puneño.

Otra novedad nacional, «Arizona Sur», de Pensa y Rocca (alumnos de la escuela de Subiela) se ambienta en otro desierto, el puntano, e interesa como comedia entre romántica y fantástica, con Alejandro Awada como mítico «pata de bolsa» que embaraza hasta a las abuelas, y el «Nessun dorma», de la ópera «Turandot», como una canción capaz de hacer milagros.

Milagro, también, ver dos films suizos descontracturados, las comedias «Cuando llegue mi hombre», de Paulus y Hillebrand (una flaca desgarbada y encantadora busca a un ex compañero de trabajo del que está enamorada, lo encuentra casado y con hijos, pero ella igual sigue sonriente su camino) y «Endiabladamente enamorado», de Peter Luisi (un estudiante argentino de biología quiere enamorar a una mujer aprovechando un equívoco que se convierte en bola de nieve). La primera recibió un aplauso caluroso del público, encariñado con el personaje de la flaca desgarbada que hace Isolde Fischer en base a improvisaciones con gente de la calle. «Lástima que no vino», dijo el productor, «les hubiera sorprendido lo linda que es» (a diferencia de otras actrices que solo son lindas en la pantalla). Con ella y los mismos directores se verá en el Bafici una singular comedia triste ambientada en un geriátrico, «Nos veremos de nuevo», ya premiada en San Sebastián.

Por su parte, «Endiabladamente...» es un original enredo que se burla del amor y del cine, donde un equipo va cayendo desde la cámara de 35mm. hasta las camaritas de seguridad, guiado por las improvisaciones de «un famoso director argentino» que en realidad era apenas tiracables de ese director. El asunto es divertido, y puede serlo aún más para los alumnos de la FUC, porque el protagonista egresó justamente de esa escuela. Se trata de Pablo Aguilar, que ya lleva siete películas como actor en Suiza, pero no se la cree, porque lleva más como tiracables, aparte que su principal fuente de ingresos es otra: «Soy mozo de restaurant», se presenta, sin ningún problema.

Problemas de identidad, en cambio, y bien serios, tienen los transexuales, según comentó en un aparte el director de cine y teatro Massimo Andrei, de «Mater Natura». «Varios llegan a suicidarse», contó a este diario. Para el de su película, prefirió usar una actriz «molto brava», María Pia Calzone, a la que mandó tomar hormonas masculinas y hacer fierros un año entero. Con lo grandota que es, ahora debe ser brava en serio.

Ahora viene el turno de dos directoras locales: Lorena Muñoz, con el documental «Los próximos pasados» (ya galardonado en el Bafici), y Teresa Costantini, con una romántica, «El amor y la ciudad». Veremos.

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