1 de diciembre 2006 - 00:00
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Alicia Alonso:
«En Cuba
tenemos
4.050
alumnos que
estudian
ballet y la
mayoría son
varones. Allá
no tenemos
ningún
prejuicio en
ese sentido».
P.: ¿Es un lujo estudiar ballet en La Habana?
A.A.: ¡En absoluto! Desde chiquitos los formamos. Y a los que son del interior los alojamos en la Escuela. Los que viven en La Habana pueden ir a dormir a sus casas. Ninguno necesita trabajar para estudiar ballet en Cuba. Antes de la revolución los alumnos tenían que hacer cabaret para poder estudiar.
P.: ¿Es malo el cabaret?
A.A.: No, no porque sea malo, pero ahora tienen las posibilidades de estudiar sin tener que trabajar.
P.: ¿Pero todo el mundo puede ir a estudiar danza en Cuba?
A.A.: Los tests vocacionales dan primacía de estudiantes que, como educación complementaria, eligen el ballet para estudiar.
P.: ¿Cuántos alumnos tienen?
A.A.: Tenemos 4.050 alumnos que estudian ballet y la mayoría son varones. En Cuba no tenemos ningún prejuicio en ese sentido.
P.: ¿Alguna vez tuvo problemas de presupuesto?
A.A.: En Cuba el Ballet Nacional tiene subvención del gobierno, nos paga todo los gastos y los sueldos de la compañía. Siempre estamos bailando en el gran Teatro García Lorca, que también paga el gobierno cubano y subvenciona la Gran Escuela Cubana del Ballet.
P.: ¿Qué diferencia tiene el ballet de Cuba del resto de las otras compañías?
A.A.: Yo impuse el gusto, en realidad, y uno de los rasgos más importantes es sentir que uno está bailando con un compañero... Que no hay individualidades. Nadie baila por su lado, termina y sale corriendo... Aquí bailamos juntos, el hombre y la mujer. Guardamos el estilo del ballet que estemos haciendo, si es un clásico o un romántico; cuidamos los personajes, los gestos, lo teatral, pero lo más importante es que el acompañante que no está bailando no se quede ahí parado sin saber que hacer en los momentos de la pantomima y del gesto. Tiene que formar parte del todo. Además, la forma de bailar el hombre es muy varonil, muy fuerte, y en la mujer muy femenina.
P.: ¿Existe el suficiente público en Cuba para la danza clásica?
A.A.: No se imagina cuánto. Hacemos giras permanentes. Es un arte que a la gente le gusta mucho. Lo último que hicimos en el más reciente Festival de la Danza fue algo que gustó mucho. Un ballet con los «Cuadros de una Exposición» de Mussorgsky. Llamé a diez pintores que pintaron diez cuadros con los temas de Hartmann, pero sustituidos por los cuadros de los cubanos y yo los animé con mi coreografía.
P.: ¿Repone ballets o sigue estrenando?
A.A.: En el último festival estrené tres ballets; Iván Tenorio otro, y también hubo obras de otros coreógrafos. Convivimos con los grandes clásicos. Todas las noches estrenamos un ballet. Este año estuvo Julio Bocca que hizo el «Lago de los cisnes», el último porque ya se retira. El primero lo hizo en Cuba y el último también. Maximiliano Guerra también participó en Cuba ahora.
P.: ¿Sigue renovándose su compañía? ¿Llegan suficientes jóvenes?
A.A.: Muchos. Los verán en «Don Quijote», que tiene dos elencos.
P.: ¿Cuántos años hace que no venía a Buenos Aires?
A.A.: La última vez fue en 1987. Pasaron unas cuantas cosas desde entonces.
P.: ¿Por ejemplo?
A.A.: Y... dimos la vuelta al mundo. Tres veces en los Estados Unidos, cuatro o cinco veces en Europa, en Cuba constantemente, también estuvimos en China tres veces.
P.: ¿No se cansa usted de los aviones, de los viajes interminables?
A.A.: ¡Y qué le parece! Además les tengo miedo, pero no me van a joder... Simplemente no lo pienso.
Entrevista de Eduardo Giorello


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