31 de enero 2002 - 00:00

Anillo espectacular, pero lejos de Tolkien

Anillo espectacular, pero lejos de Tolkien
(31/01/02) «El Señor de los Anillos-La Comunidad del Anillo» («Lord of the Rings-Fellow-ship of the Ring», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: Peter Jackson. Int.: Elijah Wood, Ian McKellen, Christopher Lee, Viggo Mortensen, Liv Tyler, Ian Holm, Cate Blanchett, Sean Astin.

L a primera entrega de «El Señor de los Anillos» es una buena película que, sin embargo, no le llega a los talones a la saga de Tolkien ni en intensidad, ni en la imaginación descriptiva del complejo universo de hobbits, magos y elfos, desarrollado como pocos mundos fantásticos de la literatura universal.

Lo más interesante de esta obsesiva cosmogonía de Tolkien es que, luego de llevar al lector por miles de páginas de seres y paisajes mágicos o monstruosos, de batallas angustiantes y pesadillas de una tensión casi insoporable, el punto final del largo viaje es la lucha interna de cada persona por vencer las ambiciones corruptas que lleva dentro de sí.

El film de Peter Jackson es bueno, tiene momentos fuertes y algunas imágenes impresionantes, pero en tres horas de proyección soslaya en forma casi deliberada toda escena relacionada con el personaje clave para llegar a esta lucha de cada hombre -o hobbit, o enano, o lo que sea-por dominar al monstruo que lleva dentro.

Tolkien
se vale de un personaje clave, Gollum, para mostrar el infierno al que puede descender un hombre llevado por sus propias ambiciones y la ayuda de uno de los anillos del poder al que se refiere el título de la trilogía. Y como en la película Gollum aparece mucho menos que en el primer libro de Tokien, da la sensación de que la lucha de una fraternidad interracial -compuesta por hombres, hobbits, elfos y enanos- contra las hordas del Mal casi nunca intenta poner el énfasis en el gran tema del libro.

De cualquier modo la megaproducción de Peter Jackson sigue siendo una buena película, aunque es una pena que el talentoso realizador de guarradas memorables como «Brain Dead» (la única película con escenas de sexo entre zombies) o «Meet the Feebles» (una comedia negra con muppets un tanto groseros) esta vez, atrapado por su propio anillo del poder, se haya ocupado de bajar el nivel de horror, desolación y violencia extrema que nunca se detiene una vez que explota hacia la mitad del primer tomo de la trilogía de Tolkien.

En general los lectores coinciden en que el largo prólogo de la trilogía se redime por completo sólo por la explosión de horror que comienza cuando el bueno de Frodo (el desabrido
Elijah Wood) huye de su tierra natal con el anillo heredado de su tío Bilbo ( Ian Holm, soberbio y totalmente consciente del tema esencial cuando muestra su lado oscuro).
Los 180 minutos de metraje podrían dar miedo en cuanto a su fidelidad al largo prólogo.

Curiosamente es la parte en la que
Jackson muestra mayor equilibrio. En cambio luego hay que ver cómo desaprovecha una hora completa de secuencias que en el texto eran alucinantes, y en la película no llegan a lucir más que como un preparativo para la verdadera super acción que ocupa la última hora de película.

El tren fantasma de cavernas siniestras, monstruos gigantes y ejércitos de demonios son el tipo de material lo bastante fuerte como que no tenga sentido analizarlo con sutileza.

Respetando una pizca más el estilo «dark» y la truculencia aplicada originalmente por
Tolkien, casi se podría decir que está muy bien. Lástima ese desenlace con música símil Titanic (lo peor en toda la carrera de Howard Shore, que tampoco se cuidó de evitar por enésima vez acordes de « Carmina Burana») y enanitos abrazados tiernamente.

Los efectos especiales son convincentes, igual que la dirección de arte y la fotografía, y el elenco incluye a un solvente
Viggo Mortensen como el guerrero Aragorn y al brillante Ian McKellen como el mago Gandalf, pero desaprovecha a Liv Tyler y sobre todo a Christopher Lee (su villano es temible, pero aparece poco).

La que se roba la mejor escena del film en cuanto a su calidad como adaptación literaria es
Cate Blanchett: su dama Galadriel encarna con auténtica magia a la soberana elfa que durante un instante queda cegada por el poder del anillo.

Los 132 minutos del subestimado film anterior de
Ralph Bakshi -con audacias como rotoscopiar batallas de «Alejandro Nevsky» de Eisenstein y mezclarlas con animación convencional-siguen luciendo más épicos e intensos que las 3 horas de Jackson.

Para ver a Gollum, y para esperar una aproximación más enfocada al tema esencial de
«Lord of the Rings», habrá que esperar un año. Sin lugar a dudas el tono del segundo film de la trilogía tiene que ser mucho más fuerte que el de esta primera entrega, que es sólo buena cuando no podía ser menos que excelente.

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