Araujo: plástica, Ju jitsu, ladrón y guionista

Espectáculos

Fernando Araujo, el autor intelectual de “El robo del siglo”, tiene mucho en común con “el profesor” que ideó el plan perfecto en “La casa de papel”, aunque la construcción del personaje en el film de Ariel Winograd, los matices, los recovecos a descubrir en su enrevesada psiquis, superan con creces al personaje de la serie española de Netflix. A la inversa, se había dicho que los guionistas de “La casa de papel” se habían inspirado en aquel delito blanco ocurrido en Acassuso. Winograd negó de plano a este diario influencia alguna de aquella serie que comenzó a ver, pero no pasó del primer capítulo porque “era un calco a ‘Inside man’ de Spike Lee (El robo perfecto)”.

El film arranca con un plano secuencia que a los pocos segundos pinta el universo de Araujo, artista plástico encarnado por Diego Peretti, que pasó un año y siete meses preso y al salir continuó con la pintura, las artes marciales y hasta se convirtió en guionista de este film (junto con Alex Zito), basado en la novela de Rodolfo Palacios. Un cuadro de Araujo se recorre de derecha a izquierda y se metamorfosea junto con el punto de vista de la cámara, siendo ese el primero de varios recursos narrativos que la película despliega, todos de una minuciosidad y creatividad enormes. El personaje de Araujo, educado y culto, tiene un plus “rocker”, creado entre Winograd y Peretti, lo que da pie al otro punto altísimo de esta reconstrucción ficcional: una banda sonora ecléctica que combina The Kinks, Los Violadores, Frank Sinatra y silbidos muy a lo Tarantino de la música original de Darío Ezquenazi. El cierre es con “Alta suciedad”, de Andrés Calamaro, confeso admirador de cierta clase de atracadores.

Parafraseando a Brecht en su terapia, Araujo cita: “Es peor fundar un banco que asaltarlo” y se obsesiona en que sus dos pasiones, las artes marciales y las artes plásticas, desemboquen en alguna clase de misión superior o plan. Al final, lo que desembocará en el bote serán las varias bolsas con un botín que hasta hoy resulta incalculable. Araujo es profesor de Ju jitsu, un arte marcial japonés en el que se ataca por abajo, tal como atacó el equipo de boqueteros. En su última sesión de análisis Araujo reconocía que no le daba culpa lo que estaba por llevar adelante ni sentía que fuera algo moralmente reprochable. El tiempo pareció darle la razón.

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