4 de julio 2007 - 00:00
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Alfredo Arias:
«En este
caso no
quise escribir
yo, porque el
problema
con los
artistas es
que creen
que todo lo
que les pasa
es
importante,
cuando no
es así».
A.A.: Sí, y además hicimos una gira de cien representaciones por toda Francia y la llevamos a Beirut.
P.: ¿Cuándo viajó a Beirut?
A.A.: En noviembre del año pasado, justo el día después de que asesinaran a Pierre Gemayel, ministro de industria libanés y líder antisirio. Hasta último momento y ya a punto de embarcar no sabíamos si viajábamos o no. Llegamos a una ciudad vacía y en pleno duelo nacional. Nos asombró que una ciudad tan pequeña tenga su barrio musulmán, su barrio católico, su barrio armenio. Allí me encontré, gran casualidad, con el mozo que atendía el bar en el Teatro de Aubervilliers, cerca de París, que yo dirigí entre los años '80 y '90. Fuimos a su casa y encontré los afiches de todas las obras que dirigí en ese teatro. Fue algo surrealista.
P.: Beirut antes era considerada una ciudad muy culta y decididamente francófila.
A.A.: En cierto modo lo sigue siendo. También nos encontramos con una señora libanesa conocida nuestra, muy bella, que a sus ochenta años sigue conservando una piel muy blanca y translúcida, como de marfil. Marilú, al verla, le dijo: «Está fabulosa ¿cómo hace para mantenerse así? Y la mujer le respondió: «Me aburro». Así es la ironía de los libaneses: «autodérision» dicen en Francia, esa manera tan elegante de tomarse el pelo a sí mismos.
P.: ¿Y cómo le fue con la obra?
A.A.: Yo me preguntaba: ¿tiene sentido el teatro en estos momentos de peligro y de guerra? Y sí, lo tiene, porque la gente está ávida de comunicar y de recibir cosas del exterior que la saque de ese aislamiento. Asistieron muchísimos estudiantes. Después del duelo fue muy complicado llegar hasta la universidad, con el tránsito en zigzag para que vaya más lento y un despliegue militar impresionante.
P.: ¿Dónde estrenará «Divino amore»?
A.A.: En París. Es un musical que yo inventé sobre la base a un repertorio italiano de los años '60 y '70.
P.: Mucho Festival de San Remo...
A.A.: Tiene ese aire. Trata sobre una experiencia de la que fui testigo en los años '70, cuando todavía funcionaba en Roma una compañía que hacía una especie de melodrama religioso en el sótano de una iglesia, a 400 metros del Vaticano. Era algo absurdo, porque obtenían exactamente el resultado opuesto de lo que querían, ya que siempre había errores. Ellos lo hacían en serio, pero cuando aparecía la santa la gente se mataba de risa. Era una catástrofe mística. Fue una compañía muy comentada por Pasolini y Fellini y yo felizmente tuve la suerte de asistir a esas representaciones absurdas y decadentes de algo que estaba muriéndose pero que todavía ofrecía unos estertores magníficos. Ese mundo es el que pienso recrear en escena... «al mio modo».
Entrevista de Patricia Espinosa




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